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La historia de la ficción televisiva está plagada de series memorables. Más hoy en día, cuando nuestra pequeña pantalla reacciona con argumentos maduros y adultos frente a la infantilización progresiva del cine, nutriéndonos de historias suculentas. En todo mercado inflado hay productos que buscan la inmediatez, ganar adeptos, enganchar desde el primer instante a golpe de efecto. Sin embargo, hubo una lenta y parsimoniosa maravilla que desafió lo caduco paran Baltimore, capital de la heroína. Si en la primera entrega de La Batalla de las Series analizábamos BREAKING BAD, es hora de leer los alegatos en defensa de THE WIRE.

 

Estás son las diez razones por las aspira a ser la mejor serie de la historia.

Permanezcan a la escucha.

 

1.- LA REALIDAD COMO FICCIÓN

The wire El palomitrón

THE WIRE desprende realidad. Nunca se pierde el gusto por el detalle, la documentación de los casos y la inspiración en noticias contrastadas, la forma de actuar de la policía, el funcionamiento de los suburbios y las esquinas, los modos de vida marginales y las profesiones más duras que desempeñan los habitantes de la ciudad. No es de extrañar que sus dos creadores, DAVID SIMON y ED BURNS, fueran periodista y policía de homicidios respectivamente. Para trabajar los personajes, se entrevistaron con gente de la calle, con miembros de los cuerpos de seguridad, incluso con altos cargos del ayuntamiento, llegando a crear personajes a partir de identidades reales. Uno de ellos es Omar, inspirado en Donnie Andrews (fallecido en 2012), delincuente violento que asaltaba y robaba a los traficantes de drogas, y que HBO fichó como consultor para ayudar a pulir ciertas tramas, modus operandi de las bandas y mejorar los acentos de los actores.

La serie destila tanta realidad, que el pasado veintisiete de marzo, Obama se reunió con DAVID SIMON para hablar sobre el problema de las drogas en su país.

 

 

2.- CLASICISMO

wire5Si adoras los movimientos de cámara imposibles, las piruetas temporales, los flashbacks y flashforwards, y la histeria narrativa, THE WIRE no es tu serie.

Los planos son económicos y utilitarios, estables mientras que nos encontramos en zona y cámara al hombro cuando salimos a los callejones. No quiere decir que la serie no sea visualmente atractiva, todo lo contrario: cuenta con la belleza de las grandes fotografías periodísticas de la historia, rozando la apariencia de un documental.

La narrativa es lineal, siguiendo el orden cronológico de los hechos y con la causalidad que se puede permitir una historia que transcurre en la tercera ciudad más peligrosa de USA, donde los robos y asesinatos suelen ser puro azar.

Incluso la música (presente e importante) está justificada de forma diegética, viniendo de las radios de los coches o de los equipos de música en la calle. Oímos lo que los personajes oyen, para introducirnos completamente en la ambientación, que es el bien más preciado de cualquier film noir.

 

3.- UNA SERIE EXIGENTE. Y COMPLEJA

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Mucha gente confiesa haberla abandonado por aburrimiento. ERROR. No es aburrida, pero hay que superar un periodo de adaptación a sus tempos. Carece de elementos que impacten a primera vista: no hay montaje nervioso, no hay efectos visuales, no hay malabarismos estéticos… Lo que se pretende es hacer de la pantalla una ventana, y que te olvides de que hay un director, un guionista y un realizador. Eso, en la época de la pirotecnia y el efectismo vacío, se paga con impopularidad en ciertos sectores.

Si nos preguntáis: ¿es pesada?, responderemos: sí. Porque está llena de contenido, el aire no pesa. Si la rechazaste, hazte el favor de volver a verla. Supera la primera temporada. Puede que sufras, como en un rito iniciático, pero poco a poco alcanzaréis la iluminación.

 

4.-DIVERSIDAD TEMÁTICA

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Cada temporada aborda una cara de Baltimore; desde la guerra de drogas a la política, pasando por la educación, la vida portuaria, el periodismo… En cada una habrá un caso cerrado, nuevos personajes y una trama que se finalizará. A partir de la segunda, pero sobre todo en la tercera, los últimos capítulos procuran atar cada cabo suelto, no solo por su notable clasicismo narrativo, sino por la incertidumbre de no saber si la serie iba a ser cancelada en cualquier momento.

Ninguno de sus ciclos es más débil, la serie carece de bajones (de hecho solo crece) pese a imponerse la obligación de cambios y ampliaciones constantes. Podía haber fracasado estrepitosamente, y muchos se sorprendieron con las nuevas ambientaciones, pero viendo la serie de manera retrospectiva, sabemos que sin esta peculiaridad no sería la genialidad que es.

Un detalle tan pequeño (pero tan definitorio) como la cabecera, también cambia en cada temporada. Las imágenes son fotogramas extraídos de varios capítulos, y el tema principal de TOM WAITS, Way Down in the Hole, versionado por una nueva banda para cada ocasión.

 

 

5.- LA GRAN NOVELA AMERICANA

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Esos puntos y a parte de cada temporada acentúan su carácter de novela decimonónica. Es cierto que bebe de los maestros de la literatura negra, pero su esencia es DICKENS. Las premisas dramáticas sirven de excusa para que conozcamos un extenso catálogo de personajes: sus vidas, sus miserias, sus noblezas, su entorno… Ese gran mosaico desde diferentes ángulos, construye una historia coral que margina por completo el ramalazo maniqueo de otros policíacos. El mal habita en todas las esferas y el bien casi se ha esfumado. Con suerte encontraremos a unos pocos fieles a sus principios, aunque puede que no sean los más pacíficos.

 

6.- LA CIUDAD COMO GRAN PROTAGONISTA

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A medida que transcurren los episodios, te irás introduciendo en Baltimore, abriéndote camino por cada rincón (altas y bajas esferas) hasta que seas parte del vecindario. Tanto es así, que al final de la serie sientes que dejas parte de ti en sus calles.

Ese resultado no se consigue en estudios ni decorados. Hay que sacar el equipo a la calle, rodar en las esquinas conflictivas y rezar para que no pase nada. Abundan los planos robados de gente común ignorando ser grabada. Incluso los vecinos que inspiraron personajes llegaron a encontrarse a sus alter egos de ficción en plena grabación, reconociéndose al instante.

La ciudad respira. Habrá ocasiones en que ciertos personajes no aparezcan durante un largo periodo. Pero tú sabes que están ahí, en los callejones. Y se te encoje el corazón cuando suena la alerta por homicidio. “Que no sea él”. Hasta que ves su cabeza, sangrando en la acera. Las lágrimas se te saltan. ¿Qué serie logra que llores (o que sencillamente recuerdes) a un personaje que lleva una temporada sin aparecer? Ninguna. Porque en THE WIRE no hay personajes, hay vecinos.

 

7.- “QUÉ SE JODA EL ESPECTADOR MEDIO”

ssSon las amables palabras que dedicó DAVID SIMON a los productores y editores que le recomendaron abandonar temáticas “desagradables”. Él no inventa, cuenta lo que pasa. Y lo que pasa es la realidad incómoda: el sistema ha educado a sus hijos para que aspiren a tener un coche, una casa, unos lujos materiales… El sueño americano produce monstruos cuando un grupo de jóvenes marginados sin nada que perder aspira a él por la única vía que conocen: la delincuencia. THE WIRE coloca un espejo delante de una América que prefiere seguir imaginando su propio rostro.

 

8.- FUCK, FUCK, FUCK

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Dos de los detectives más importantes acuden al lugar de un asesinato. Intentan resolverlo colocándose en el lugar del asesino y la víctima, reconstruyendo el crimen. Mientras lo hacen, sólo les escucharemos decir “fuck”. Esta escena es una declaración de intenciones, que pone como máxima la norma ya sabida en el cine: “muéstralo, no lo cuentes”. CSI no lo haría así, los personajes hablarían, mascarían bien la información y la repetirían para asegurarse de que se ha “entendido bien”. La gran virtud de THE WIRE es que no nos lo da todo masticado, confía en que si tenemos dientes los sabremos usar. Convierte al espectador pasivo de TV, en espectador activo.

 

9.- SNOOP

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“La villana más temible que nunca ha habido en la TV”
STEPHEN KING

Es difícil elegir un personaje en una obra coral tan perfecta. Cada uno (aunque aparezca unos minutos) consta de una construcción sólida, de personalidad única, de libertad (lo más difícil para un guionista: que los personajes tengan voluntad, que no se vean los hilos y parezcan marionetas)… Cierto, todo el mundo adora a Omar. Un Robin Hood, mezlca de Macbeth y Hamlet, que roba con violencia a los narcos y sigue el estricto código de no matar a nadie que no esté en el juego (las drogas). Entonces… ¿Por qué Snoop? Porque Snoop ES THE WIRE.

La matona más temida, una pequeña chavala con ropa de chico, trasciende la ficción. FELICIA PEARSON, actriz que le da vida, fue descubierta en un bar de Baltimore. Cuando le propusieron actuar para la serie, a penas le costó trabajo. Venia de la calle, y las situaciones le eran muy familiares. Nació con un problema ocular por la adicción de su madre al crack. A los cinco años, sus padres la encerraban desnuda en el armario para vender su ropa y comprar heroína. A los doce movía su propio alijo y a los quince ya cumplía una larga condena por el asesinato de otra menor a la que disparó en una trifulca. La participación en la serie la hizo salir de ese mundo, ella misma cuenta como lo primero que hizo al cobrar fue regalar toda la heroína que tenía, para gozo de sus amigos. Tras unos años de vida sosegada, de nuevo juzgada por tráfico. Lo paradójico es que la prueba que la comprometía era una escucha a su teléfono móvil, en la que se la oía hablar en clave para una entrega de caballo. Igual que en la serie, en la que los policías se ven obligados a pinchar las llamadas y descifrar lenguajes crípticos para saber dónde y cuándo serán las entregas de alijos. De hecho, “the wire” significa “la escucha.”

Snoop, que es FELICIA PEARSON -Fe Fe en las esquinas-, llena la pantalla con autenticidad y carisma, con su acento incomprensible y su voz rota. Ojalá que logre salir del agujero.

 

10.- SERIE DE CULTO

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THE WIRE no firmó grandes audiencias, no ganó ningún Emmy y hasta fue ignorada por el público especializado durante mucho tiempo. Una vez terminada, y con la proliferación de internet (y la piratería, todo hay que decirlo), logró llegar a un publico posterior más receptivo con su mensaje y su esencia. El tópico “adelantada a su tiempo” en este caso es una realidad.

No podría haber sido una película, y no hubiera llamado la atención como novela. Pero supo exprimir su formato al máximo, y en ese acto siempre hay un profundo conocimiento del medio. Todos los recursos y elementos (narrativos y estéticos) están compenetrados para lograr un producto perfecto que emociona, conmueve, informa, engancha y despierta a una sociedad aletargada. Porque lo ultra local es lo más universal, Baltimore es el reflejo de un mundo que se desmorona.

 

Deberíamos dar gracias por haber vivido en la época de THE WIRE.

 

 

César Valladares

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