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Kristen Stewart - El PalomitrónKristen Stewart es una caja de sorpresas. Además de haber sobrevivido a rodar con Jesse Eisenberg hasta en tres películas diferentes (Adventureland, American Ultra Café Society), haber escrito un poema para la boda de la futura estrella mundial Riley Keough (The Girlfriend Experience) o hacer virales sus divertidísimas palabras hacia Donald Trump, se ha convertido, contra todo pronóstico, en musa del cine de qualité.

Niña prodigio (de one-hit wonder)

Jodie Foster y Kristen Stewart en La habitación del pánico - El Palomitrón

Abducida por un publicista que vio su actuación en la obra navideña del colegio, su primer rol medianamente relevante llegó con La seguridad de los objetos, pero el problema no fue que su papel fuese muy secundario, sino que nadie vio aquella película protagonizada por Glenn Close. Fue David Fincher quien la puso en el mapa hollywoodiense, y de rebote: el papel estuvo a punto ser cubierto por la aspirante a estrella desde hace 15 años Hayden Panettiere, pero en el último momento tuvo que apearse de la producción. De este modo entraba en escena Stewart, interpretando a la hija de Jodie Foster y tosiendo mucho durante casi dos horas. Si bien su papel no era demasiado complejo (pasarse una película entera con cara de enfermo podría hacerlo hasta Adam Sandler), la crítica estaba satisfecha y su carrera como niña prodigio empezaba a rodar.

No sabemos cuál fue el criterio para decidir cuáles serían sus próximos proyectos, pero estrenar un telefilme encubierto con actores en horas bajísimas (Sharon Stone, Dennis Quaid, Stephen Dorff, Juliette Lewis…), como es La casa, no benefició su carrera para nada. A lo mejor cuando su agente leyó lo de aquel caballo muerto en el guion recordó El padrino y pensó que qué podría fallar. A pesar del descalabro taquillero en su país de origen, La casa logró un inusitado éxito en España, pero para el gran público Stewart seguía siendo “la niña de aquella película de Jodie Foster“.

Sus siguientes proyectos eran más adecuados para una niña de su edad: Misión sin permiso era Misión imposible para niños; Zathura era un remake encubierto de Jumanji que carecía del encanto de la primera pero en la que hacían un guiño a Thirteen que ya la hacía merecer la pena. La televisiva Speak resultó bastante más interesante, y luego llegarían Entre mujeres, el enésimo intento de comeback de Meg Ryan, y la cinta de culto Hacia rutas salvajes, de Sean Penn.

Adolescente pálida en saga adolescente

 Kristen Stewart y Taylor Lautner en la saga Crepúsculo - El Palomitrón

Y en 2008, de repente, llegaba el fenómeno Crepúsculo, que sacudiría su carrera para siempre y la convertiría en una celebrity. La preproducción de una saga adolescente que había vendido millones de ejemplares en todo el mundo debió ser una carnicería para miles de agentes deseosos de llevarse un cuantioso porcentaje del cheque que recibirían sus protagonistas principales. Si bien es cierto que la creadora, Stephenie Meyer, contemplaba a Emily Browning (Sucker Punch) como la opción perfecta para interpretar a Bella Swan, la directora Catherine Hardwicke hizo más caso a Emile Hirsch, que le recomendó la actuación de Stewart en la película que los había reunido un año atrás, y que no era otra que Hacia rutas salvajes. La elección de la joven cobraba así sentido: en aquella cinta la actriz hacía de pasota alternativa, y la Bella de Crepúsculo tenía también mucho de eso. La película lograba así su protagonista y dejaba en la cuneta a miles de jóvenes hambrientas de fama, entre ellas Jennifer Lawrence. Aunque ya se sabe, quien ríe último…

Como era de esperar, la saga Crepúsculo se convirtió en un fenómeno de masas y miles de teenagers forraban sus carpetas con fotos de Robert Pattinson y deseaban un romance necrófilo al ritmo de Tokyo Hotel. Lo cutre del presupuesto resultó inversamente proporcional a los gigantescos resultados económicos y los avispados productores decidieron dividir el capítulo final en dos películas: la trama completa de la primera de ellas resultaría ser la luna de miel en la que los protagonistas rompen la cama; la segunda, un sueño de Resines. Al final funcionó: se acabaron recaudando 3000 millones solo en cines y, lo que es peor, Hollywood descubrió que podría sacarnos más cuartos dividiendo en dos una película sin la chicha suficiente y riéndose de nosotros con total descaro e impunidad.

Stewart gozaba de una fama aplastante pero que parecía incomodarla. La saga Crepúsculo no era el tipo de cine al que aspiraba, y para ello solo hay que echar un ojo a cualquiera de las películas que rodó durante esos cuatro años en los que se debatía entre el amor de un vampiro y el de un lobo: Adventureland, The Runaways o Welcome to the Rileys evidenciaban las inquietudes de una actriz que parecía disfrutar más del cine de bajo presupuesto, lejano a los premios del tipo Mejor Interpretación Sin Camiseta que otorga MTV. La saga vampírica le había otorgado seguridad económica como para erradicar el hambre mundial un par de veces, pero probablemente la actriz ya no echase de menos rodar con CGI de serie Z ni estar nominada todos los años a los Razzie.

En cualquier caso, tanto calvario no debió ser si el mismo año de cierre de la saga con Amanecer – Parte 2 estrenaba Blancanieves y la leyenda del cazador, donde interpretaba el papel principal, una Juana de Arco justiciera que supuestamente sería la mujer más guapa del reino, a pesar de que Charlize Theron andaba por ahí metida. Aunque las críticas fueron mediocres y su interpretación muy discutible, el gran éxito propició una secuela de la que Stewart decidió apearse: su sonadísima infidelidad con el director de la cinta dio la vuelta al mundo y la actriz decidió desaparecer del cine comercial.

Salir de una saga multimillonaria: “¿Y ahora qué hago con mi vida?”


 Kristen Stewart en Blancanieves y la leyenda del cazador - El Palomitrón
Varios actores que han estado encadenados a sagas megamillonarias han decidido intentar reinventarse a sí mismos tras su liberación de contrato a sabiendas de que, a largo plazo, es el único futuro esperanzador. Y es que hay dos opciones cuando eres un intérprete que ha protagonizado una saga millonaria y que de repente es liberado tras el fin de la misma: arriesgarse con cine minoritario para lograr algo de prestigio o seguir participando en los blockbusters que Hollywood ofrece. Los que quieren convertirse en actores de carácter optan por la primera opción.

Aunque el gran público siga viendo a Elijah Wood como el Frodo de El señor de los anillos, el actor ha hecho lo posible por desligarse de esa cruz y ha interpretado un rango de personajes muy diferentes desde entonces: caníbal creepy en Sin City, pagafantas odioso en ¡Olvídate de mí!, psicópata sanguinario en Maniac… Algo similar ha ocurrido con Daniel Radcliffe, que ya sin ningún tipo de necesidad económica desde que interpretó a Harry Potter en 84 películas se ha arriesgado como pocos en cine minoritario a sabiendas de que el gran público piense que se ha convertido en un juguete roto (y nada más lejos de la realidad…). Robert Pattinson también ha preferido mantener un perfil bajo con un tipo de cine que gusta pero no da dinero. En el otro lado de la balanza están los que no se avergüenzan de tanta fama y quieren más: Jennifer Lawrence acabó harta de los rodajes infernales de Los juegos del hambre, pero su posición de máxima estrella del mundo le permite compaginar otros grandes blockbusters con cintas más pequeñas; Emma Watson rechazó lo que parecía un pequeño proyecto como La ciudad de las estrellas: La La Land por un festival kitsch del tamaño de La Bella y la Bestia.

¿Por qué Stewart tiene más prestigio que la mayoría de esta gente? Mientras que Radcliffe y Wood han optado, valientes ellos, por un cine mucho más radical y fantástico, Watson basa su buena fama más en su personaje público en sí que en sus paupérrimas interpretaciones, y Pattinson ha participado en buenas películas pero no ha terminado de lucirse, Kristen Stewart ha presentado ya tres películas en Cannes y su nuevo cine, más independiente y adulto, le ofrece una visibilidad en círculos alternativos que favorecen cada vez más el “mira qué bien está esta chica”.

El petróleo que hay dentro de ti

 Kristen Stewart en el metro - El Palomitrón

Tras dejar atrás su saga vampírica y sus disfraces de Blancanieves (y es que Blancanieves solo hay una, nuestra Macarena García), se encontraba en una complicada tesitura: las fulminantes malas críticas hacia su trabajo en aquellos blockbusters le crearon una mala fama que propició, literalmente, miles de memes y gifs sobre su cantidad de expresiones faciales, y que se resumían en apenas una.

Es por ello por lo que, perra vieja, decidió explotar un tipo de personaje que sí le había dado buenos resultados en Hacia rutas salvajes o Adventureland: ser la joven inintencionadamente cool y pasota que prefiere atarse camisas a la cintura y escuchar música independiente. Se acabaron las escenas románticas que harían vomitar a los unicornios, se acabaron las heroínas de acción. Porque aceptémoslo, todos somos limitados y no a todos se nos da bien hacerlo todo. Stewart ha estudiado sus limitaciones y, por el momento, ha decidido huir de ellas, tal vez intentando conseguir las tablas suficientes para superarlas, o tal vez encerrándolas para siempre en un cajón.

Si David Cronenberg fue el salvador de Robert Pattinson, Olivier Assayas hizo lo propio con Stewart. Viaje a Sils María fue para ella lo mismo que Dallas Buyers Club para Matthew McConaughey: un lavado de cara en todas sus consecuencias, con Hollywood y el mundo entero rectificando y empezando a pensar que a lo mejor el problema no eran ellos, sino el material con el que trabajaban. La interpretación de Stewart resultó tan refrescante en la cinta de Olivier Assayas que eclipsó el (bastante más complejo) trabajo que realizó Juliette Binoche. La victoria de la joven en los Cesar franceses la convertía en la primera actriz norteamericana en conseguir semejante reconocimiento, y la percepción pública sobre la actriz dio un cambio radical. Consciente de que Stewart parecía de nuevo un filón y de que se había olvidado de ella por completo en la última media hora de Viaje a Sils María, Assayas la convirtió en la estrella absoluta de su siguiente cinta. En Personal Shopper la actriz intentaba comunicarse con su hermano muerto a la vez que compra bolsos de 2000 dólares a la celebrity para la que trabaja. Aunque las críticas estuvieron muy divididas, los aplausos a su interpretación fueron unánimes: sí, volvía a ser la outsider de siempre que pasaba de todo, pero lloraba bien y hasta se asustaba de forma decente.

No obstante, a pesar de que Assayas la haya puesto en el punto de mira del ojo crítico, desde 2012 la actriz ha encadenado otros proyectos que no hacen más que confirmar que sí, Kristen Stewart tiene un talento indiscutible y no se lo debe al director francés. Y que, aunque puede ampliar bastante más su rango de personajes, poco a poco está arriesgando con otros fuera de su zona de confort (Camp X-Ray, Certain Women) y saliendo airosa del paso.

Habiendo trabajado ya con directores de la talla de Ang Lee, Woody Allen o Kelly Reichardt, la actriz ha sabido callar la boca a medio mundo y arrodillarlo a sus pies. Semejante poder de reinvención no está en manos de todas, pero Stewart ha sabido demostrar que forrarse con una saga adolescente no significa tener que mendigar luego por papeles adultos interesantes. Con Underwater y Lizzie todavía en cartera, podemos disfrutar en pantalla grande de su interpretación en la estupenda Personal Shopper, que llega a los cines españoles de la mano de La Aventura Audiovisual.

Jose Cruz

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