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Que la televisión ya está al nivel del cine es algo que, a estas alturas, sería absurdo negar, y un buen puñado de ficciones lo vienen demostrando desde hace bastante tiempo. Lo difícil, como le ocurre constantemente también al sector cinematográfico, es innovar e intentar dotar al nuevo producto de una originalidad que lo diferencie del resto de producciones de su género. Y en esto, si bien no de forma totalmente novedosa, el nuevo estreno de HBO, Knightfall, aporta algo de luz al panorama seriéfilo abordando un tema muy poco visto en televisión: la búsqueda del Santo Grial por parte de la Orden Templaria.

Para ello toma como protagonista al caballero Landry (Tom Cullen, cara conocida ya para aquellos que se engancharan a Downton Abbey), el nuevo líder de la Orden cuya valentía hará que ningún obstáculo sea suficiente para impedir que luche por sus ideales y, por consiguiente, por los de los Templarios. Como era de esperar, pues ocurre en la mayoría de series de este tipo, la humildad, el honor y el tesón son los esperables rasgos que caracterizan al personaje encarnado por Cullen.

Sin inmiscuirnos en su rigor histórico, que resulta un tanto cuestionable (algo lógico si nos damos cuenta de que no estamos ante una serie documental, sino ante una ficción histórica; pero que no deja de sorprender si pensamos que es History quien está detrás), Knightfall cumple con un principio básico que nos gustaría encontrar en toda serie desde el piloto y no siempre es así: entretiene de principio a fin. Sus sesenta minutos de capítulo pasan en un santiamén y, lo que es todavía mejor, sin darnos la sensación en ningún momento de sacarnos de la narración. Quizá porque está creada por History Channel (Vikingos) y ellos saben bien cómo tratar hechos basados en acontecimientos históricos o quizá simplemente por suerte, la serie está rodada de una forma clara que ahonda lo suficiente en los personajes como para que no nos perdamos incluso si no somos muy duchos en temas históricos.

De entre un buen puñado de secundarios con más presencia de lo esperado y tramas que probablemente tengan mucho que ofrecer (aunque nos tememos que, por desgracia, nada de lo que vayan a hacer nos sorprenda), es destacable la presencia de William de Nogaret (Julian Ovenden), el consejero del rey Felipe IV (Ed Stoppard) y principal antagonista hasta el momento, cuyo rol en la historia recordará a muchos a un personaje de la serie reina de HBO de cuya muerte todavía no nos hemos recuperado. Y cuanto antes intente Knightfall huir de estas comparaciones que nos vienen irremediablemente a la cabeza, mucho mejor para ella.

En lo técnico, aspecto en el que este tipo de series suelen hacer gran hincapié y en el que también los fans suelen fijarse mucho, resulta curioso el uso de colores en ocasiones excesivamente vivos en un tipo de ficción que siempre suele caracterizarse por el uso de colores fríos y oscuros. Así, en cada escena en la que tiene lugar una lucha, sobre todo en las que son al aire libre, la cámara (cuya ralentización en ciertos momentos de las batallas reconocemos no acabar de comprender) destaca de manera especial el vívido color rojo de la sangre, haciendo que irremediablemente nuestra atención vaya hacia cada herida, hacia cada rastro de sangre que dejan las cruentas batallas. ¿Una manera de darles todavía más dramatismo? Puede ser, aunque todavía no estamos seguros de si consigue ese efecto o todo lo contrario. 

Lo que sí podemos afirmar con claridad es que los Templarios y su recuperación del Santo Grial es un tema poco abordado en la pequeña pantalla, y en Knightfall, traiciones y amoríos previsibles aparte, parece atraer todo el hilo argumental principal, y eso llama la atención y promete aventuras a partes iguales. Por esto y por su acertado reparto, nosotros le concederemos a la serie el beneplácito de la duda y continuaremos con ella a lo largo de sus diez capítulos.

Vosotros, a partir del próximo 7 de diciembre en la plataforma HBO, podréis decidir si haréis lo mismo.

Silvia Martínez

 

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