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Vivimos en una época en la que cualquier cosa, por inofensiva que pueda parecer, es capaz de resultar polémica. No es de extrañar, por tanto, que hace unos años algunos sectores estallarán en quejas al ver en la gran pantalla a una niña de 11 años insultando y matando sin escrúpulos. Aquella retorcida imagen, como la llamaron algunos, salía directamente de la mente de uno de los más notables y reconocidos guionistas del cómic actual, Mark Millar. Su visión de los superhéroes en Kick-Ass: Listo para machacar fue un soplo de aire fresco, tanto en los cómics como en el cine, donde fue adaptada con éxito por un cineasta tan irreverente como cabía esperar, Matthew Vaughn.

Vaughn parecía poseer un gran talento para entender la mente de Millar, algo de lo que no cualquier cineasta puede presumir (recordemos el desastre de Wanted (Se busca), con Angelina Jolie como prota). Por ello no nos sorprendió cuando hace tres años llego Kingsman: Servicio secreto y empezó a reventar cabezas, literal y metafóricamente. Encandiló a crítica y público gracias a sus buenos modales, su potente estilo visual y su fantástica forma de tratar el espionaje, resultando a la vez una parodia y una digna película de espías (y de eso en El Palomitrón sabemos). Y por otro lado, ese sector adicto a quejarse e inventar polémica podía darse con un canto en los dientes gracias a esa maravillosa secuencia donde Colin Firth llenaba una iglesia de cadáveres. Todos contentos.

Era inevitable que con tal éxito y los notables números que hizo en taquilla acabará convirtiéndose en una franquicia. Porque en la industria actual hay que estrujar cada pequeña película hasta que caiga el ultimo dólar. Por desgracia, los dólares que caerán de nuestro bolsillo en la taquilla del cine tendrán un sabor agridulce en esta ocasión. Hasta los mejores espías tienen su misión fallida.

El principal problema de Kingsman: El círculo de oro es lo innecesaria que resulta su existencia. Desprende sensaciones que no son agradables, especialmente la desconexión que parecen sentir sus creadores con la propia obra. Más que parecerse a la película original, la imita, y deja por el camino cualquier tipo de arco para sus personajes. Donde antes veíamos un joven Eggsy aprendiendo a madurar, ahora vemos un personaje plano y falto de carisma. Y así con todos, por mucho que se empeñen en otorgar pequeñas novedades, como las visiones que sufre Colin Firth, cuyo personaje es rescatado de forma tonta e inverosímil. Otro gran problema de la película es que ofrece una trama similar a la que vimos en 2014, pero mucho más enrevesada. La historia da vueltas sobre sí misma, se vuelve confusa pese a su innegable simpleza, y se saca de la manga varias situaciones que la hacen más irreal conforme avanza. Más allá de la decisión de traer de vuelta a Colin, que resulta en cierto modo comprensible, no entendemos la inexplicable presencia robótica que tanto peso recibe. Además de robots dedicados al servicio y brazos metálicos, Vaughn les otorga una gran atención a dos perros robóticos que, por conveniencia del guion, nunca atacan a la vez.

Todos los errores que comete el guion se intentan solventar con la siempre notable dirección de Matthew, que en esta ocasión se inunda de CGI para lastrar un poco el producto final. No ha perdido estilo, todo lo contrario: esta secuela tiene demasiado. Como si no se permitiera filmar una secuencia sin ese derroche de estilización, la dirección de Vaughn acaba por resultar agotadora en una película que sorprende por no tener prácticamente escenas de acción. Cuando llegan es cuando mejor funciona la película, y con la trama detenida y las balas volando es como recordaremos la segunda Kingsman, que cuenta con un tiroteo final ciertamente espectacular.

En el reparto es donde encontramos la mayor baza de Kingsman: El círculo dorado. La fuerza que pierde (así lo requiere el guion) Colin Firth la compensa un grandioso Mark Strong, que resulta divertidísimo y emocional, además de protagonizar la mejor secuencia de la película. También destaca con una notable interpretación Pedro Pascal (Narcos), que junto a Julianne Moore pasa toda la película en el límite de resultar aterrador o divertido. Queda como anecdótico el papel de Channing Tatum para beneficio de Elton John, cuyo protagonismo y buen hacer sorprende para bien.

Es una lástima que Kingsman: El círculo de oro no consiga llegar al nivel de la primera en ningún momento, pero aun distanciándonos de aquella, la nueva película de Vaughn no funciona. Sin ser más seria, es menos divertida y más inverosímil, excesivamente ruidosa y carece del alma y el espíritu que hizo grande a la primera película. Es, curiosamente, como si hubiera olvidado los modales. Los modales de tener un buen guion y mantener los pies en el suelo, esos que un cineasta nunca debería perder.

LO MEJOR:

  • Mark Strong y Elton John, ambos excelentes.
  • El humor y la sátira sigue presente.
  • La acción…

LO PEOR:

  • …aunque sorprende su escasez.
  • El guion da vueltas sin llegar a nada.
  • Demasiado inverosímil, especialmente la presencia de Firth y los robots.
  • Su duración hace que el ritmo se resienta en exceso.

Ignasi Muñoz

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