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Your side always was a bit lonely, but I wouldn’t sit anywhere else.

(Tu lado siempre ha sido solitario, pero no querría estar en otra parte)

Bill, Kill Bill

Tras el enorme cliffhanger que supuso el final de Kill Bill: Vol. 1, en el cual descubrimos que la hija de La Novia seguía viva, cundió el pánico entre muchos de nosotros. “¿Cuándo se estrenará la siguiente? Oh, Quentin Tarantino, yo te maldigo”. Pero al final la espera se alargó apenas cuatro meses (y no dos años, como hará la temporada final de Juego de tronos, ejem). El 23 de julio de 2004, Kill Bill Vol. 2 llegaba a las pantallas españolas y se convertía en el segundo estreno más taquillero de aquel fin de semana, por detrás de la casposa Isi/Disi 2, con Santiago Segura y Florentino Fernández. Al final de su carrera comercial sumó 730 000 entradas vendidas, algo menos del millón que amasó la primera entrega, y el total mundial ascendió a algo más de 150 millones. A día de hoy, Kill Bill es una de las películas más populares del siglo XXI.

El volumen 2 comienza con un inciso fuera de los diez capítulos que componen la historia y, por primera y única vez, la protagonista se dirige al espectador para hacerle un vago resumen de lo que ha pasado y un avance poco sutil de lo que pasará (“He matado a mucha gente, y voy de camino de matar a Bill, que es el único que queda”).

Si Kill Bill: Vol. 1 era una cinta adrenalínica en la que la acción se superponía al guion con un montaje que parecía una bomba de relojería, en esta continuación se equilibra la balanza gracias a momentos mucho más emotivos (Tarantino ha rodado pocas cosas más bonitas que ese primer capítulo en blanco y negro), reflexivos e incluso realistas (omitamos el, por otro lado magnífico, entierro en vida) y una mayor descripción psicológica de los personajes y el porqué de sus motivaciones.

Conocemos por fin al sugar daddy de Beatrix Kiddo (ese nombre que resultó un misterio en el vol. 1), vibramos con el “ojo por ojo” a su Camilla Parker Bowles particular (Elle Driver) en una espectacular pelea en la caravana de Budd y descubrimos sus orígenes como máquina de matar de la mano de su cruel maestro Pai Mei, que le sirvió tanto para aprender la legendaria técnica de los 5 puntos de presión para hacer explotar un corazón como a comer arroz con palillos sin parecer una miseria humana.

El capítulo final, titulado Cara a cara, ocupa alrededor de 45 minutos del metraje total y se centra exclusivamente en un enfrentamiento dialéctico en el que la pareja antagónica desnuda su alma y cuenta con un final que, no por previsible, deja de noquear al espectador. Porque Bill ya no es la caricatura que uno podía esperarse tras sus escuetas intervenciones en el volumen 1, sino un personaje multidimensional lleno de grises y por el cual llegamos a compadecernos a pesar la extrema crueldad de sus actos.

Ese poderosísimo final crece todavía más gracias a la versión de Chingon de Malagueña salerosa, un estupendo broche de oro que, además de alegrarnos los oídos, servía para dar reconocimiento a todos los actores que han interpretado algún papel relevante a lo largo de casi cuatro épicas horas. Tan estupenda es la banda sonora que, tras esos créditos, llegan otros mientras suena Goodnight Moon, de Shivaree, y ¡unos terceros! bajo la voz de Meiko Kaji y su Urami Bushi.

En el apartado interpretativo, Uma Thurman firma la mejor actuación de su carrera en un rol extremadamente exigente (tanto a nivel físico como emocional), que ya ocupa su lugar correspondiente en el imaginario popular. A su lado, el comeback de varios actores en horas bajas (Michael Madsen, Daryl Hannah, David Carradine…) que también supieron exprimir al máximo sus nuevos 15 minutos de fama, a pesar de volver a las producciones de segunda (y tercera, y cuarta…) al mes siguiente.

Recordaremos Kill Bill en su conjunto (o en sus volúmenes, como prefiráis) por ser una de las cimas más claras de la carrera de un director obsesionado con unos larguísimos diálogos que hasta el espectador más despistado sabe que están escritos por el firmante de Pulp Fiction (el monólogo sobre Superman debería estudiarse en las escuelas ya no de cine, sino de la vida). Kill Bill es una obra magna que engloba con maestría una enorme variedad de géneros al servicio de una historia mil veces vista pero nunca tan bien contada.

¿Llegaremos a ver una tercera entrega? Han sido numerosos los rumores sobre una continuación centrada en la venganza de la hija de Vernita Green o sobre el futuro incierto de Elle Driver, pero nunca se han llegado a materializar en un proyecto, y teniendo en cuenta lo bien cerrada que ha quedado la historia, tal vez lo mejor sea dejarla descansar en paz. En cualquier caso, debemos agradecer a Tarantino no solo el haber realizado una película tan grande en todos los sentidos, sino también haberse ahorrado su cada vez más común cameo. Gracias, maestro.

Jose Cruz

 

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