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BUENA

Cuando tenía 14 años, mi profesor de interpretación me dijo que podría irme bien si era feliz conformándome con papeles de chica gorda. Así que lo que siento en estos momentos es que ninguna mujer joven que haya sido ninguneada por un profesor, por un amigo o incluso por sus padres debería hacer caso a nada de eso, porque eso es lo que yo hice. Continué y superé mis temores e inseguridades. Me gustaría dedicar este premio a todas las chicas que dudan de sí mismas, porque no deberían estar dudando, sino atreviéndose a hacerlo”.

Con este inspirador (y viral) discurso, Kate Winslet recogía su BAFTA por interpretar a Joanna Hoffman en Steve Jobs. Semejante alegato sonaría a falso en boca de cualquier otra estrella mediática, de esas que comentan en todas las entrevistas que, durante su infancia, eran el patito feo del colegio. Sin embargo, de Winslet sí podemos creerlo, ya que, hoy en día, todavía algún iluminado sigue con el titánico rosario de “si la gorda se echase a un lado, Leo también cabría en la tabla”. Tener una belleza universal tiene sus pros y sus contras en Hollywood: por un lado, si eres guapísimo/a y tienes un mínimo de talento, tus posibilidades de conseguir grandes papeles serán mucho mayores que para otros actores; por otra parte, esto puede jugar en tu contra (nadie se fijó en las dotes interpretativas de Charlize Theron hasta que se afeó en Monster). Es por ello por lo que el triunfo de Winslet, una actriz que no contaba con los cánones de belleza establecidos para las grandes estrellas, es el triunfo del verdadero talento.

Kate Winslet es una de las actrices más queridas y prestigiosas del panorama actual, y esto se debe no solo a un talento innato para la interpretación, sino también a saber escoger papeles cuidadosamente (los personajes florero o de apoyo a un personaje masculino son mínimos en su filmografía) y a su don de gentes, presente en todas y cada una de sus entrevistas promocionales, donde resulta cercana y simpática, pero nunca payasa.

A continuación, vamos a hacer un repaso a su filmografía, desde sus comienzos hasta su etapa actual:

 

LA CRIATURA CELESTIAL

SENTIDO

Como la mayoría de actores de su generación, la carrera de Kate Winslet comenzó a despegar gracias a la pequeña pantalla, en minúsculos papeles de series de televisión insignificantes. Pero fue el ahora multipremiado Peter Jackson el encargado de ponerla en el mapa cinematográfico cuando la eligió (entre otras 175 aspirantes) para encarnar uno de los papeles principales en la cinta de culto Criaturas celestiales. La película, basada en hechos reales, trata sobre la amistad entre dos adolescentes que se inventan un mundo de fantasía en el cual evadirse de una realidad en la que no encajan. No solo se llevó prácticamente todos los premios de los New Zealand Film and TV Awards (los Goya neozelandeses), sino que el guion, escrito por Jackson, consiguió una nominación al Oscar. Casi un millón de norteamericanos pagaron la entrada de cine y algunos, pocos, se quedaron con su cara.

Los dos siguientes años de la carrera de la actriz habrían sido el sueño hecho realidad de Keira Knightley: cuatro películas de época consecutivas. La primera de ellas, Aventuras en la corte del rey Arturo, fue un bochorno que intentaba acercar al espectador juvenil a los mitos de Merlín y el rey Arturo, y que, con seguridad, fue la peor cinta de su filmografía. Pero ese mismo año lograba un papel principal en la adaptación de Sentido y sensibilidad, dirigida por Ang Lee. Además de taquillazo, la cinta le reportó su primera nominación al Oscar, que le fue arrebatado por la pobre Mira Sorvino, que hoy en día sobrevive a base de papeles en tv movies de mala muerte.

Sus siguientes (y muy británicos) proyectos fueron Jude y la enésima versión de Hamlet, dirigidas por los prestigiosos Michael Winterbottom y Kenneth Branagh, respectivamente. Ninguno de ellos hizo demasiado dinero, pero ayudaron a posicionarla como una respetada actriz británica (véase como una encasillada actriz británica). Y entonces llegó la cinta que catapultó su carrera.

EL TITÁNICO ÉXITO

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Entre una larguísima lista de actrices que fueron consideradas para el papel de Rose DeWitt Bukater (Jennifer Connelly, Drew Barrymore, Charlize Theron, ¡Madonna!, Jodie Foster, Uma Thurman, Nicole Kidman, Jennifer Aniston, Cameron Díaz…), Kate Winslet fue la afortunada que se llevó el rol principal en la cinta. El infernal rodaje y el aura de colosal fracaso que rodeó a la cinta desapareció tras el estreno: 15 semanas consecutivas en el podio de la taquilla norteamericana, más de diez millones de espectadores en nuestro país, y más de dos mil millones de dólares en todo el mundo han convertido a Titanic en una de las películas más exitosas de la historia.

Un caramelo de personaje para cualquier actriz: su Rose era una joven encarcelada en una vida que no deseaba (Criaturas celestiales 2.0), que lo tiraba todo por la borda (de hecho, era ella la que se iba a tirar) tras conocer a un pobre diablo de gran corazón que intentaba ligársela e impedir su suicidio (todo al mismo tiempo). Momentos tan épicos como “Olvídalo, madre, o el sofoco hará que te sangre la nariz”, “Prefiero ser su fulana que tu esposa” o “Dawson, Rose Dawson” consiguieron que los académicos de Hollywood se rindieran a sus pies y le proporcionasen su segunda nominación al Oscar. Titanic se llevó la friolera de 11 de los 14 premios a los que optaba. Winslet perdía ante Helen Hunt (otra que lleva años malviviendo en olvidables películas), pero tenía el consuelo de que su best friend forever, Leonardo DiCaprio, ni siquiera había sido nominado.

SHIA LABEOUF: I’M NOT FAMOUS ANYMORE

HOLY

Abrumada por el monumental éxito, y echando de menos aquella época en la que podía ir a comprar el pan sin necesidad de hacerse diez fotos con fans por el camino o ser perseguida por los paparazzi, decidió participar en proyectos de menor envergadura. Primero, rechazó los roles protagonistas de Shakespeare in love y Ana y el rey. En su lugar, se fue a su Gran Bretaña natal a rodar El viaje de Julia, una pequeñísima película basada en la vida de la nieta del célebre Sigmund Freud. Al año siguiente, protagonizó Holy smoke, donde interpretaba a una joven que se convertía a una secta. Los pocos que hemos visto esa cinta impregnada de humor negro y dirigida por Jane Campion (El piano) hemos caído rendidos (otra vez) ante Winslet por su valiente (¿cuántos actores se atreven con los desnudos íntegros sin dobles?) y enérgica interpretación (solo ella puede no resultar ridícula conduciendo con los cascos del walkman puestos mientras canta a viva voz a Alanis Morissette).

Al año siguiente, con Quills, una película que trata sobre los últimos años de vida del marqués de Sade, volvería al que era, hasta ese momento, el tema recurrente en su filmografía: el cine de época. Tras el moderado éxito, regresó de nuevo a Gran Bretaña, donde ella y Judi Dench interpretaron a Iris Murdoch en el biopic Iris. Ambas consiguieron una nominación al Oscar, convirtiendo a Winslet en la única actriz hasta el momento que ha logrado nominación con alguna compañera de reparto por interpretar al mismo personaje (anteriormente, con Gloria Stuart por Titanic). Después de Enigma (Michael Apted, 2001), se tomó un par de años sabáticos, y de paso aprovechó para ser madre antes de volver a su siguiente rodaje.

VOLVER POR TODO LO ALTO

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La vida de David Gale pasó también desapercibida, pero aquel clímax final con Winslet corriendo como una loca con un VHS por la carretera se nos quedó grabado en la retina a todos lo que vimos una cinta que mereció mucho más. Su siguiente proyecto, Descubriendo Nunca Jamás, iba a ser protagonizado por Jim Carrey, hasta que llegó el popular y ahora pasado de vueltas Johnny Depp. Muchos temblamos al pensar en Carrey compartiendo plano con una actriz de la talla de Kate Winslet. Pues todos esos prejuicios nuestros nos escupieron en la cara aquel mismo año: ambos eran la estupenda pareja protagonista de una de las mejores y más originales películas de la década pasada. En ¡Olvídate de mí!, Winslet era Clementine Kruczinsky, una impulsiva joven que se apuntaba a un novedoso programa para borrar todos los recuerdos de su exnovio. Winslet consiguió una nueva nominación al Oscar por la que ella misma considera su mejor interpretación.

En 2006, Winslet consiguió trabajar con el director de En la Nhabitación, una de sus películas favoritas. Inicialmente, y debido a la extensión de la novela en la que se basaba Juegos secretos, estaba previsto que la adaptación se convirtiese en una miniserie para televisión; pero antes de comenzar el rodaje, los guionistas Todd Field y Tom Perrotta decidieron sintetizarlo para convertirlo en largometraje. Contando con uno de los mejores repartos que recordamos (Patrick Wilson, Phyllis Somerville, Jennifer Connelly), únicamente Kate Winslet y Jackie Earle Haley (en su vuelta al cine tras 13 años alejado de las cámaras) estuvieron presentes en la carrera por los premios más importantes.

Sus siguientes proyectos fueron Todos los hombres del rey, un fallido drama político que, a pesar de contar con un reparto que quitaba el hipo, fue un fracaso crítico y económico, y la comedia romántica Vacaciones, de Nancy Meyers, en la que se intercambiaba de casa con Cameron Diaz y se enamoraba de Jack Black. Se trataba de una película tan olvidable que lo único que recordamos es que la directora se fundió más de 100 millones de dólares en una cinta que luce como si costase 10.

EL GRAN AÑO

REVOLUTIONARY

Seguro que en 2008, su año más prolífico, tuvo que comprar otra estantería para almacenar premios, porque le cayeron por todas partes. Tanto The Reader como Revolutionary Road le permitieron volver a demostrar por qué es una actriz imprescindible en la cinematografía actual. Su Hanna Schmitz (The Reader) fue el personaje más moralmente cuestionable de su filmografía (una antigua trabajadora de los campos de concentración de la Alemania nazi), y le proporcionó un merecido Oscar al que nadie pudo toser. Bueno, sí. Ella misma. Su April Wheeler (Revolutionary Road) la reencontraba con Leonardo DiCaprio diez años después de la película que catapultó sus carreras, pero con un tono y temática diametralmente opuestos a los de Titanic. La cinta de Sam Mendes podría deprimir hasta a la persona más optimista del mundo. ¿Qué pasa cuando te conformas con la vida que te ha tocado, con la que te has acostumbrado a vivir? A pesar de recibir numerosos galardones por su papel, Winslet se quedó fuera del Oscar por ser demasiado buena: la Academia no permite que un actor esté nominado dos veces en la misma categoría, y su nazi analfabeta tuvo más votos que la insatisfecha esposa y madre. En cualquier caso, ambas películas son piezas clave de una filmografía que se caracteriza, sobre todo, por sus sólidos (y a menudo luchadores) personajes.

UNA MAMÁ EN APUROS 

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Tras una resaca de premios que le duró tres años, regresó en 2011 con Mildred Pierce, una miniserie de cuidadísima factura dirigida por nada más y nada menos que Todd Haynes (Carol), que, a su vez, adaptaba el largometraje homónimo protagonizado por la legendaria Joan Crawford. Esta nueva revisión del personaje obviaba la intriga y los giros locos, y abogaba más bien por el drama intimista en la historia de una mujer abandonada por su marido que tiene que hacerse cargo de sus hijas y, para ello, debe aprender a valerse por sí misma. Y semejante portento de personaje e interpretación fueron aclamados unánimemente por todos.

Como Roman Polanski no puede poner un pie en los Estados Unidos, la actriz tuvo que venirse a Europa para rodar Un dios salvaje, delirante adaptación de la obra de teatro Carnage, de Yasmina Reza. Ese mismo año se puso a las órdenes de Steven Soderbergh en Contagio, cinta coral basada en la propagación de una epidemia global que fue injustamente vilipendiada por parte de la crítica. Además, pudimos ver qué hay dentro del cerebro de la estirada Gwyneth Paltrow.

Una vida en tres días estaba en todas las quinielas de premios hasta que la gente la vio y la olvidó en el acto. La película de Jason Reitman (el pobre no levanta cabeza) fue vendida como un híbrido de Los puentes de Madison + un tutorial de cómo hacer pasteles de melocotón, con un convicto Josh Brolin. Según el propio director, el debacle se produjo porque, en realidad, la cinta no trataba sobre una historia de amor, sino sobre el proceso de aprendizaje de un niño. Pero no coló. Aun así, Kate Winslet, siempre querida en las temporadas de premios, rascó nominación al Globo de Oro, a pesar de unas prótesis faciales para envejecerla de juzgado de guardia (como también “lució” en The Reader).

ME HAN DROGADO Y HE APARECIDO AQUÍ

divergente

No sabemos cómo llegó a Movie 43, al igual que medio Hollywood, porque la cinta conformada por varios sketches independientes fue un auténtico desastre a todos los niveles. Pero si puedes mantener la compostura durante 10 minutos compartiendo escena con un Hugh Jackman que tiene, literalmente, el escroto en la barbilla, es que eres la reina de Hollywood. Y lo eres, Kate.

Durante su tercer embarazo, la actriz debió temer las facturas de niñeras y pañales, porque aceptó participar durante cuatro semanas en el rodaje de la marca blanca de Los juegos del hambre, la saga Divergente, donde interpreta a la mala malísima, en el proyecto que menos casa con su filmografía. Como semejante rodaje no requería demasiados esfuerzos interpretativos por parte de la británica, pudo compaginarlo con A Little Chaos, olvidable cinta de época (ya habían pasado muchos años desde su último corsé) sobre amores y jardines dirigida por el malogrado Alan Rickman, y que tuvo una pésima distribución mundial.

PRESENTE Y FUTURO

modista

Steve Jobs era una película de gente hablando (pero qué diálogos, marca del maestro Aaron Sorkin) que poco tenía que ver con aquel biopic protagonizado por Ashton Kutcher, pero que también se la pegó en taquilla. Ni el postureo Apple ni contar con dos de los mejores actores de la actualidad logró llenar las arcas de su distribuidora. Con ayuda de un impostado acento polaco, Winslet se llevó numerosísimos premios.

Actualmente, cuenta en cartelera con su primera producción australiana, La modista, donde su personaje regresa a su pueblo natal para redimirse y vengar a quienes le hicieron daño en el pasado. Un Revenge cinematográfico con pedigrí. Luego llegará Triple 9, cinta coral sobre un atraco donde comparte cartel con Chiwetel Ejiofor o Casey Affleck. Ya para finales de año, en época de premios, nos llegará Collateral Beauty, drama en el que acompañará a Will Smith, Keira Knightley o Helen Mirren, entre otros.

 

La clave para haberse convertido en el referente interpretativo que actualmente es se fundamenta en haber escogido las cintas en las que participa basándose más en los personajes que en los cheques que se llevaría a final de mes. Aunque en general sus películas nunca encabezan la lista de las más taquilleras (tampoco se involucra en ese tipo de proyectos, probablemente por salir escaldada del rodaje de Titanic), todo el mundo conoce a Kate Winslet, y lo que es mejor, la valora. Por eso, desde aquí solo podemos pedir que continúe deleitándonos con personajes fuertes e interpretaciones inolvidables.

 

José Cruz

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