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got 7.5

Si hay algo capaz de mover a las personas con más ímpetu que el amor o la fe es, sin duda, la desesperación. El hecho de abocarse a la soledad, a la derrota o incluso a la muerte sirve como un catalizador perfecto para forjar todo tipo de alianzas y pactos descabellados con el único objetivo de sobrevivir. Queremos ganar la partida sin importar el precio que tengamos que pagar. Ansiamos la victoria aunque el fracaso sea casi evidente. Necesitamos seguir adelante aunque nos demos de bruces con nuestra perdición. Y parece que muchos de los habitantes de Poniente están sintiendo esa sensación en sus propias carnes.

El episodio de Juego de tronos de esta semana se puede considerar una rara avis dentro de una sexta temporada que había mantenido un ritmo y una calidad encomiables hasta la fecha. Con prácticamente todas las tramas de la serie a punto de estallar en conflictos bélicos de diversa índole, la ya libre adaptación de las novelas de George R. R. Martin se toma un respiro para mostrar las distintas estrategias y callejones sin salida que los personajes van a tener que tomar si quieren seguir adelante. Se acerca un acto final múltiple y apoteósico, y es casi necesario que la serie calme sus aguas antes de la auténtica tormenta de espadas que vamos a presenciar en futuros episodios. Como ya viene siendo habitual, en El Palomitrón vamos a analizar todo lo que ha sucedido en los Siete Reinos esta semana, así que no sigas leyendo esta crítica si todavía no has visto el capítulo.

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La primera rareza de este episodio de transición ha aparecido en forma de escena previa a los títulos de crédito. En ella hemos podido presenciar el enésimo regreso de otro personaje al que todos dábamos por perdido. El agraciado de esta semana ha sido Sandor Clegane. El Perro no estaba muerto, ni tampoco de parranda. Malherido y moribundo, encontró ayuda en una comuna religiosa encabezada por el septón Ray, interpretado por Ian McShane. Esperábamos que un fichaje de tal calibre fuese a aportar algo importante en el desarrollo de alguna trama, pero su intervención parece que solo se va a quedar en algo anecdótico. Tras un par de discursos sobre el perdón o la naturaleza del ser humano, Ray y toda la comuna mueren a manos de un grupo de la Hermandad sin Estandartes que pasaba por allí. El Perro, por suerte, estaba relativamente lejos de la zona en el momento de la masacre, salvándose de la muerte por segunda vez y decidido a iniciar una nueva venganza en Poniente.

Esta nueva trama sacada de la nada nos plantea un par de cuestiones que pueden ser tan interesantes como innecesarias. ¿Qué relevancia puede tener Sandor Clegane a estas alturas de la historia? Su transición de hombre resignado a hombre de fe ha sido demasiado brusca y mal construida, pero es el único motivo que puede explicar su inesperada reaparición. El reencuentro con Brienne o con Arya es casi imposible, por lo que la opción más viable es que sea la pieza que introduzca de nuevo a la Hermandad Sin Estandartes en la serie. Cabe recordar que esta hermandad tiene al Señor de Luz como dios legítimo y, por tanto, estaría directamente relacionada con las sacerdotisas rojas. ¿Nos encontramos ante el auge de una nueva religión que pretende acabar con la de Los Siete? ¿Será la Hermandad Sin Estandartes un factor determinante en alguna de las batallas que van a tener lugar en Poniente? ¿Estará junto a ellos un personaje que los lectores de la saga llevan muchas temporadas deseando que aparezca en la serie? Recordemos que George R. R. Martin ha asegurado que no será así, pero sabemos lo mucho que les gusta a los encargados de esta saga jugar al despiste.

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Quien está jugando al despiste y parece que tiene más de un as bajo la manga es Margaery Tyrell. Teníamos muchas ganas de volver a verla en el juego. Era evidente que su repentino lavado de cerebro no era más que una estrategia para salir ilesa ante el Gorrión Supremo. Una de las mejores estrategas de los Siete Reinos vuelve a asegurar su posición en el tablero, aunque se vea obligada a tener un hijo con Tommen y a pedirle a su abuela que huya de Desembarco del Rey si no quiere ser otra víctima más de la secta religiosa. Olenna no parece muy confiada en dejar a su nieta allí, aunque su percepción cambia al ver su símbolo familiar dibujado en la nota que ésta le entrega a escondidas delante de la Septa Unella. Los Tyrell todavía pueden resurgir de sus cenizas. Con la fe y el poder de su lado, está muy claro que Margaery tiene un plan entre manos con el que solucionar todo este conflicto.

En cambio, la que está más perdida y sola que nunca es Cersei. La única mujer Lannister viva necesita acabar con el fanatismo religioso que ella misma erigió, pero nadie está dispuesto a ayudarla. Jaime está lejos de la capital, Tommen se ha aliado con Los Gorriones y Olenna Tyrell no va a echarle un cable a la mujer que encerró a sus nietos ahora que ya sabe que no corren tanto peligro. Por tanto, tenemos a la reina madre intentando resistirse a aceptar que ha perdido la partida. ¿O no? Tener un arma letal como La Montaña a sus servicios debe servir para algo, y no estaría mal que la utilizase para recuperar el poder y el interés que su personaje ha perdido a lo largo de la temporada.

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Y de Desembarco del Rey nos trasladamos a un nuevo escenario muy importante para el porvenir de Poniente. Se trata de Aguasdulces, el castillo de Walder Frey tomado por Brynden Tully al que Jaime Lannister ha acudido junto a su ejército para recuperarlo y fortalecer la alianza entre ambas casas. Nos alegra que Jaime saque su lado más bélico y estratega, pero nos gusta todavía más que el Pez Negro sea una persona sin miedos y con las ideas bien claras. Aguasdulces es suya y no va a dejar que se la arrebaten, ni siquiera ante las amenazas de asesinato a su sobrino Edmure Tully. La intervención de los Lannister entre los Frey y los Tully no ha llegado a un acuerdo pacífico, así que habrá una guerra inminente por la reconquista de este territorio y, quizás, de una gran porción de Poniente.

La resolución de la batalla de Aguasdulces va a ser determinante. Si echamos la vista atrás, Brienne se dirige hacia allí para pedirle a Brynden que ayude a su sobrina Sansa en la reconquista del Invernalia. Meñique sugirió a la joven Stark que lo hiciese para asegurarse un buen ejército con el que combatir a Ramsay Bolton, pero todo esto puede cambiar si los Frey y los Lannister consiguen derrotar al Pez Negro. ¿Cómo se va a solucionar todo este desaguisado? ¿Habrá por fin algún giro inesperado en una temporada tan marcada por la obviedad de muchas tramas? Lo sabremos muy pronto, pero agradecemos el esfuerzo de los guionistas por darle relevancia a una historia relativamente nueva y secundaria en pantalla que puede tener a los espectadores un poco confundidos.

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Y mientras esperamos a ver si Brynden Tully sobrevive para decidir si intervenir o no en la reconquista de Invernalia, Sansa, Jon y Davos le han robado la capa de teletransporte a Meñique para irse de tour por todo el Norte en busca de aliados. Los han encontrado, aunque no parece que vayan a ser suficientes para hacerle frente a Ramsay Bolton. La lealtad de Jon ha servido para ganarse el apoyo de los pocos salvajes que sobrevivieron a la batalla de Casa Austera; la labia de Davos ha convencido a la joven y fantástica Lyanna Mormont para ofrecerles sus 62 hombres, y la solemnidad de Sansa ha conseguido que la Casa Glover les recuerde que los auténticos Stark han muerto. Parece que el Norte no recuerda tanto como se esperaba y que las cosas se tuercen de nuevo para la familia más sufrida de la serie. Pero estos malos presagios no son suficientes para derrotar los ánimos de Sansa, que envía una carta sellada a alguien solicitando ayuda. ¿Hay alguien más en Poniente que pueda echarles una mano? ¿Utilizará a Petyr Baelish así como él la ha utilizado a ella miles de veces?

Otro posible candidato a destinatario de esa misteriosa carta puede ser Theon Greyjoy. Sansa “sabe” dónde se encuentra y quizás le pida un poco más de ayuda, pero es una teoría un tanto descabellada tanto por el principal recurso bélico que pueden aportar los Hijos del Hierro como por el lugar donde se encuentran los hermanos Greyjoy. Yara y Theon van camino de Meereen para establecer un pacto con Daenerys, pero por el camino han aprovechado para fortalecer su unión fraternal, reforzar la identidad de Theon de una vez por todas y darse unos pequeños caprichitos carnales que pueden sorprender al sector más conservador del público. Sentimos si alguien se ofende ante el tono feminista y LGTB que está tomando la serie, pero a nosotros nos parece uno de los puntos más efectivos, acertados y transgresores de su amplio subtexto. 

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Si ha habido algo en este episodio que haya podido remover a cualquier espectador de su asiento ha sido, sin duda, la extraña y caótica escena de Arya. La pequeña Stark ya tenía planeada su huida de Braavos, pero no debe ser fácil escapar de un enemigo que puede adoptar cualquier rostro. Por ese motivo, no tiene sentido que ande desprotegida por las calles de la ciudad cuando en el anterior episodio recuperó a Aguja, y mucho menos que haya recibido un par de puñaladas de la mano de la Niña Abandonada sin esperarlo.

Moribunda y desangrándose ante la atónita mirada de los mercaderes, cuesta creer que este sea el final de un personaje que lleva evolucionando poco a poco durante casi dos temporadas. La estancia de Arya en la Casa de Blanco y Negro y sus constantes dilemas con los Hombres Sin Rostro deben servirle de algo. Está claro que no va a ser Nadie, pero debe convertirse en alguien con un papel muy importante. Debe haber una explicación a lo que ha sucedido en este capítulo y a su trama en general, y parece que lo vamos a descubrir el próximo episodio que, curiosamente, se titulará “Nadie”.

De momento, los fans más imaginativos ya han divulgado por Internet algunas teorías que explican qué está ocurriendo con Arya: por una parte, hay quien cree que ella y la Niña Abandonada son dos polos opuestos de una misma persona, por lo que el supuesto asesinato de Arya sería una metáfora de su conversión definitiva en una asesina sin rostro; por otra, están los que creen que Jaqen es quien ha sido realmente apuñalado en este episodio para salvar a una Arya que es incapaz de desprenderse de su pasado. Las suposiciones son tan posibles como disparatadas, pero en Juego de tronos ya todo es posible.

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A pesar de tener un material relativamente potente, “El hombre destrozado” no ha sido un episodio destacable en el conjunto de esta sexta temporada. La cantidad de tramas que hay que contar en la serie y el ritmo con el que se desarrollan a veces sacrifican el impacto o la comprensión de los acontecimientos mostrados, y eso supone un error considerable, teniendo en cuenta el punto en el que se encuentra la serie. No todas las historias tienen la misma trascendencia, ni tampoco todo el público está igual de familiarizado con el universo de George R. R. Martin como para estar al tanto de los arcos argumentales de personajes que llevan mucho tiempo sin aparecer en pantalla. Unos escenarios se cuecen a fuego lento y otros arden como una falla, creando una descompensación temporal que erosiona la coherencia del relato.

En cambio, hay que admitir que la serie necesitaba un capítulo de transición que fortalezca los cimientos de todo lo que está por venir en el tramo final de esta temporada. Con la batalla de Aguasdulces, la guerra civil en Desembarco del Rey, la reconquista de Invernalia, el duelo familiar de los Greyjoy y algún que otro problema que debería suceder en Meereen si quieren salvar el interés del espectador por la Bahía de los Esclavos, el tercer acto de esta sexta temporada va a darle a Juego de tronos su mayor cota de belicismo hasta la fecha. Y tampoco nos olvidamos de los caminantes blancos, que deben estar ya a un paso de cruzar el Muro. 

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