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“Los guionistas de televisión pueden ejercer control sobre su producto. Reciben algo parecido a respeto, y no solo ven materializado en pantalla lo que ellos han concebido, sino que también lo hacen en pocos meses, no en cuatro años”. Así contesta JOSS WHEDON a la pregunta de por qué los mejores guionistas están en televisión, y el tipo lo tiene claro. Estas palabras, sacadas del libro Joss Whedon: The Genius Behind Buffy, son declaraciones que datan del año 2003. Ahora mismo es innegable que vivimos en una época en la que las mejores historias las podemos encontrar en las series de televisión, pues permiten desarrollar un argumento más complejo, cargado de subtramas, con unos personajes a los que el espectador puede ir viendo crecer. El concepto de serie de televisión cambió drásticamente tras los atentados del 11S pues, en la enorme fábrica de series que es América, la visión pesimista, cruda y real de la vida caló en el argumento de estas pequeñas piezas, que hoy en día están al nivel de calidad cinematográfico, tanto visual como de contenido. Whedon siempre ha sido un visionario creador de historias, más allá de su última etapa como director hollywoodiense. Cada vez lo tengo más claro y, como se me permite hablar de manera personal, así lo haré: se vanagloria la tarea del director como el creador de un producto y se menosprecia el trabajo que resulta primordial y que recae en el guionista. Ese es el principal y primer pilar de la pirámide. Sin una idea no existiría un concepto que, a su vez, se desarrolla para terminar creando un resultado, una obra. Por ello, para entender el trabajo de Whedon hay que tener claro este planteamiento, por lo que no habrá que referirse a él como director o guionista, sino como autor.

Ahora bien, muchos seguidores han observado que, en sus trabajos televisivos, la dirección de la mayoría de los capítulos corre a cargo de otra persona, así como el guion. No es cuestión de desmerecer “la autoría del autor”, pues realmente no existe tal concepto en este medio. La similitud de los dramas televisivos —norteamericanos— con los medios cinematográficos permite que no se aplique la teoría de los autores, y se refuta la idea de una televisión sin autoría. En este caso, el resultado suele ser un producto del esfuerzo colectivo.

Como a todos, muchas de sus influencias vienen dadas desde la infancia y, lejos de haber sido un niño problemático fruto de una carencia afectiva, Joss Whedon vivió de lo más normal durante su niñez. Siendo el más pequeño de tres, sí es cierto que vivió intimidado por la figura de su padre y la de sus dos hermanos. Sin embargo, su madre fue su mayor inspiración, y creo que no me equivoco cuando digo que muchos de sus personajes femeninos son fruto del sentimiento feminista que ella le llegó a potenciar y desarrollar. Si la conociésemos, ¿podríamos ver rasgos característicos de personalidad plasmados en Buffy, en Echo o en Zoe? Seguro que sí, debido al carácter y a la autosuficiencia de los que Whedon ha hablado en ocasiones, y a que supo dejar su impronta tanto en el autor como en sus personajes.

 

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En esta etapa se dedicó a amar los cómics y a tararear los himnos que componía JOHN WILLIAMS. No obstante, la adolescencia, como en el caso de muchos jóvenes, no fue para nada un terreno llano y homogéneo, sino todo lo contrario. Se podría decir que es aquí donde el héroe comienza a forjarse, pasando de ser un ermitaño devorador de cultura freak a un joven impetuoso, pero para ello debe sufrir, evolucionar y experimentar. Joss Whedon odiaba el instituto. Tal era su aborrecimiento que así lo pudo plasmar en su primera creación con éxito: Buffy Cazavampiros. Siempre he sido partidario de apoyar la idea de que un individuo crece más cuando su día a día está lleno de adversidades que cuando todo parece un camino de rosas, sin espinas. Además, su éxito con las mujeres era nulo. En Joss Whedon: The Genius Behind Buffy, pudo explicar el hecho por el que se sentía invisible a ojos de ellas: “Las chicas no sabían que yo existía y, honestamente, incluso si lo hubieran hecho, yo no habría sabido qué hacer con ellas”. Con todo esto quiero llegar a la conclusión de la dualidad que tuvo que vivir, es decir, cómo la figura femenina durante su adolescencia resulta ser su mayor inspiración, con una visión inusual de hombre heterosexual, que le permitió empatizar con las actrices de todos sus trabajos posteriormente y, sin embargo, no fue capaz de hacerlo en su vida personal. De esta forma, en vez de desarrollar un rencor interno transformado en un machismo reprimido, Whedon supo llegar a la etapa adulta con una madurez irreprochable y una admiración y respeto hacia la figura femenina que sería crucial en sus creaciones. Para que el héroe pudiese seguir desarrollándose y crecer tuvo que viajar a Europa, cuando se mudó a Inglaterra con su madre y se empapó de la cultura inglesa y el saber estar. Como si se tratase de una etapa de exilio en la que el héroe se encuentra a sí mismo, empieza a ser consciente de su potencial y de su peculiar y refinado sentido del humor, lo que le impulsará a estudiar Cine y Literatura en Wesleyan University, en Connecticut, donde exploró con mayor interés su pasión por el horror gótico, el cine clásico y el de serie B.

Tras adentrarse en la escritura de guiones televisivos, como en la mítica serie ROSEANNE (1988-1997), la película LA HUIDA (1994) o como uno de los siete guionistas de la primera película de PIXAR, TOY STORY (1995), donde recibió su primera nominación a los premios Oscar bajo la candidatura de mejor guion original, comenzó su andadura y búsqueda para realizar un trabajo propio que alguna productora quisiese comprar. Tuvo tiempo de arrepentirse por haber sido partícipe del guion de TITAN AE. (2000), como ya le había pasado con WATERWORLD (1995) o con ALIEN: RESURRECCIÓN (1997), saga de la cual quiso formar parte y en la que, posteriormente, deseó no haber participado. Entre idas y venidas, nos encontramos con lo que parecía ser otro fracaso más en la escritura de un producto: la película BUFFY, LA CAZAVAMPIROS (1992), dirigida por la cineasta y productora FRAN RUBEL KUZUI, le llevó a ser perseverante y a querer darle otro formato, en calidad de serie televisiva, donde poder desarrollar el universo encerrado de su imaginario a su antojo. Así es como nace BUFFY CAZAVAMPIROS (1997-2003).

 

EL INICIO DEL WHEDONVERSO COMIENZA CON EL BUFFYVERSO

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Si el Whedonverso es todo aquel universo creado y que rodea al autor Joss Whedon, el Buffyverso quedará definido como aquel que versará sobre el terreno hostil de la cazavampiros más famosa hasta la fecha. Fácil. Una pregunta que todo amante de este universo siempre se ha hecho es por qué hay detractores y alabadores, a partes iguales, de Buffy. Creo tener la respuesta. En toda mi etapa cinéfila y seriéfila me han acompañado, en mi recuerdo, las patadas, volteretas y estacadas de una heroína que muchos de mis allegados no han conseguido entender. A la duda surgida sobre el porqué de tanto odio, siempre lo rebato con otra pregunta: Pero ¿tú has visto Buffy? A lo que me contestan: ¿Capítulos sueltos? Así no vamos bien. Uno de los problemas que afectan al reconocimiento de Buffy, es su —mala— denominación de entretenimiento de serie B (de serie Z he llegado a escuchar). Pero no es la única. Muchas otras series de ficción televisiva se han visto perjudicadas. En la práctica, el problema se debe al medio y al canal al que pertenecen (cuyo objetivo es el económico), por lo que la autoría de la que se hablaba con anterioridad queda en entredicho, lo que llevó a desarrollar un producto en cadenas de poco prestigio crítico como fueron The WB y UPN (o la actual The CW). Dejando a un lado cuestiones industriales y superando esta lacra, el principal problema de Buffy es su categorización y el género en el que se inscribe.

La fantasía siempre ha estado asociada al terreno de lo irreal y de lo infantil, aunque existen muchos factores que no se ven pero se catan a medida que se disfruta, pues permite conectar con lo no dicho y lo no visto de la cultura. La pasión con la que los fans viven la serie ha permitido que el Buffyverso no se extinga y que una serie que surgió de una película de título homónimo —indescriptiblemente penosa—, continuase tras sus siete temporadas en formato cómic. Incluso tras la visualización de los capítulos se han creado asignaturas que conforman los denominados Buffy Studies, estudios sobre el Buffyverso que se dan en universidades. Teniendo en cuenta que la serie surge a finales de los noventa y la increíble producción de fan fiction que existe, podría decirse que estamos hablando de un producto pionero de lo que ahora consumimos, y se transforma en la consecuencia del fanatismo por las series que existen hoy en día, convirtiéndonos en auténticos adictos y consumidores de ellas.

 

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La influencia de Buffy en la ficción televisiva parece que está eclipsada, pero el análisis es interesante. Sus comienzos eran dados al mero entretenimiento y, doliéndome en el alma reconocerlo, con una estética propia de serie B, donde simplemente había que esperar a la siguiente semana para ver qué “nuevo villano semanal” nos íbamos a encontrar, sabiendo que nuestra heroína iba a derrotarlo. Todo esto entremedias de una trama general que ocupaba toda la temporada y que, hasta los últimos capítulos, no se resolvería. Mientras tanto, se iban creando afinidades por parte del espectador con respecto a las relaciones sentimentales de los protagonistas, como los “Bangel”, que apoyaban el romance entre Buffy y Ángel, o los “Spuffy”, aquellos que preferían a la cazadora con el malvado vampiro Spike. Ello supone una sofisticación del fan y un paso adelante, pues ya no solo gusta la serie, sino que existe una involucración en cuanto a quién debe estar con la protagonista. Si el influjo traspasa la pantalla, también lo hace en cuanto a otras series y cadenas, como por ejemplo en FRIENDS (1994-2004), donde la hermana de Phoebe Buffay, Úrsula Buffay, realizaba una película pornográfica bajo el pseudónimo de Buffay, la cazavampiros, o en la serie animada de JIMMY NEUTRÓN (2002-2006), donde un personaje se disfraza de Buffy en Halloween, o en la serie SPACED (1999-2001), donde el protagonista reza a un dios que, finalmente, resultará ser Buffy plasmada en un póster, como si de un crucifijo se tratara. A largo plazo, su influencia se ve plasmada en producciones posteriores pues, tras su éxito, sirvió para consolidar el género de lo sobrehumano unido a la adolescencia, como en SMALLVILLE (2001-2011) o SOBRENATURAL (2005-actualidad), e incluso en la temática del romance vampírico, como CRÓNICAS VAMPÍRICAS (2009-actualidad) o TRUE BLOOD (2008-2014), innovando y formando una nueva tendencia o subgénero.

Pero ¿por qué Buffy Cazavampiros caló tanto en la audiencia? ¿Qué tiene que no tengan sus predecesoras? Si tenemos en cuenta que surge de una película que fracasó tanto en taquilla como en crítica, dirigida a un público adolescente y cuyo único atractivo era el tirón juvenil de sus actores principales, KRISTY SWANSON y LUKE PERRY, fue sorprendente que la cadena The WB Network realizara una propuesta, dado el interés que tenía por el proyecto. Buffy nació en un momento de transición en la televisión norteamericana, y es partícipe del cambio de mentalidad en los espectadores, que comienzan a desarrollar cierto fanatismo y a ser más selectivos. La baza buena con la que contaba era que, a diferencia de otras series juveniles, no podía ser clasificada en un género en concreto, pues la acción, el drama, la comedia y el terror se fusionaban en un mismo episodio, lo que fue una de las principales señas de la serie, que permaneció en The WB durante cinco temporadas.

Los cambios se avecinaban y, lejos de dejar la serie como quedó (con un final que no spoilearé pero que muero de ansias por describir, pues me pareció redondo), fue trasladada a la cadena UPN durante dos temporadas más, con sus brillanteces y sus tropiezos. No obstante, en cierto modo fue un gran acierto, pues la serie maduró, ya no solo Buffy y los “Scoobies” —en el Buffyverso , la “Scooby Gang” es la pandilla de amigos de la cazadora— , sino también en cuanto a las subtramas, a la temática y el ambiente.

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Para aquellos que no conozcan el argumento, trata sobre una adolescente de nombre Buffy, interpretada por una encasilladísima SARAH MICHELLE GELLAR, que debe compaginar los problemas propios de la pubertad con su deber sagrado de salvar al mundo, pero realmente es de cómo una adolescente se convierte en adulta. Lo interesante de todo esto es la metáfora-ficción, pues la fantasía es un símbolo de los problemas habituales que un joven puede encontrar hasta alcanzar la madurez. Por ello, es comprensible que La Boca del Infierno se encuentre debajo del instituto, o que la mejor amiga de la protagonista, Willow, representada por la actriz ALYSON HANNIGAN, fuese dotada de la magia, en una clara alegoría a la inadaptación en el mundo real, o que el compañero de batallas, Xander (NICHOLAS BRENDON), terminara siempre metido en algún lío por ser el amigo leal que nunca falla. Todos ellos pertenecientes al grupo de los nerds o geeks, unos inadaptados que son el alma de la serie y que crean una familia propia, por lo que debían ser diferentes para captar mejor esa esencia. La partida ganadora en todo este juego es que Buffy Cazavampiros está completamente integrada en su contexto histórico y en la realidad, lo que permite el desarrollo de la serie, como el desafortunado parecido entre uno de los capítulos, donde Buffy descubre que alguien del instituto quiere matar a todos su compañeros con un rifle, y la matanza real en el instituto norteamericano Columbine en abril de 1999, lo que provocó que la emisión del capítulo se retrasara. También destacó la relación homosexual entre Willow y Tara, ya que era la primera vez que se forjaba un romance entre personas del mismo sexo en una ficción televisiva.

Por ello, la serie hace partícipe al espectador de las distintas preocupaciones y los avances sociales que se producen a finales del siglo XX y principios del XXI, y es pionera en muchas cuestiones, ya que muestra algo tan real como que la vida tiene sus límites y no todo puede ser solucionado, aun con la intervención sobrenatural latente en cada instante. Además, a diferencia de otras series como EMBRUJADAS (1998-2006) o ENTRE FANTASMAS (2005-2010), la relación entre el deber de la heroína y su carrera profesional y laboral son incompatibles. No solo se muestran las hazañas que llevan al personaje a solucionar los problemas sobrenaturales y fin, sino que su deber familiar y profesional le impiden, en ocasiones, ser lo que ella quiere ser, por lo que Buffy nunca sería la mujer que entraba en los cánones de nuestra sociedad llena de éxito.

 

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Siguiendo la estela de uno de sus escritores favoritos, Charles Dickens, Whedon tenía el patrón de las temporadas desarrollado con meses de antelación, lo que le autorizaba a ser más consciente y a prestar mayor dedicación al proceso creativo de la serie. Ello le permitía poder profundizar más en la creación de los personajes y darles mayores matices, creando una complejidad propia de la mente humana, y de esta forma la construcción de la trama se asemejaba más a la de la novela que a la que se desarrolla en el medio cinematográfico. Los personajes son creíbles porque se crean como personas vivas, que se encontrarán rodeados de una burbuja de misterio paranormal provocado por sus pensamientos y acciones.

Con todo, Buffy Cazavampiros es innovación, es la vida en sí y, además, entretiene. No ha habido otra serie que explique mejor su transición televisiva, ni el proceso de maduración en la adolescencia; por ello, se ha convertido en una de las principales referencias de la televisión de culto, que será disfrutada por las siguientes generaciones. No es que yo quiera ahora vender un producto que ya lleva años cosechado; simplemente detallo el cambio y el avance a la hora de hacer televisión y destaco la evolución de un género de terror en el que estamos acostumbrados a ver a la típica chica rubia, tonta y mona que siempre es perseguida y su único objetivo es el de huir. Pero ¿y si esa muchacha se parase en seco, se girara y le diese una buena somanta de hostias a su acosador?

 

LA EXTENSIÓN DEL BUFFYVERSO LLEGA CON EL SPIN-OFF DE ÁNGEL

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Los llamados spin-off son aquellos productos que nacen como extensión de otro anterior, es decir, cuando se quiere contar otra historia paralela porque uno se queda corto en la serie madre, en nuestro caso Buffy Cazavampiros, se nutre del trabajo ya realizado para dar rienda suelta a otra creación. El éxito del funcionamiento del spin-off, en general, viene dado según las semejanzas y diferencias con su antecesora. Creo conveniente decir que ese éxito deriva, sobre todo, por lo diferente e innovador que se sea en el nuevo trabajo, pues está bien retroalimentarse de un producto que funciona; sin embargo, no hay que ser repetitivo.

La clasificación que se realiza en el libro De la estaca al martillode Pedro J. García e Irene Raya, es muy acertada en cuanto a la segregación que sufre el Buffyverso y su extensión. Estaríamos hablando de microuniversos, los cuales, en su conjunto, formarían el macrouniverso. Dentro del macrouniverso existen dos tipos: el “horizontal”, como es el caso del universo Marvel, donde se establecen diferentes relatos con características propias, y el “vertical”, el que ahora nos importa, pues un microuniverso (Buffy Cazavampiros) prevalece sobre otro (ÁNGEL, 1999-2004). Para entenderlo mejor: para disfrutar de Buffy no es necesario ver Ángel; sin embargo, no ocurre lo mismo a la inversa. Muchas referencias son las que se hacen de la serie madre en su spin-off, y el hecho de que ambas series coincidan en el mismo tiempo y contexto histórico en algunas de sus temporadas hace (y permite) que se entremezclen personajes y hagan apariciones estelares, alterando la trama.

 

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Al inicio de la serie, dos de los tres personajes que forman el elenco principal provienen del mundo de Buffy: el mismo Ángel (DAVID BOREANAZ) y Cordelia (CHARISMA CARPENTER), los cuales hacen referencias continuas a la ciudad de Sunnydale y a los momentos vividos con la cazadora y los “Scoobies”. No obstante (y por suerte), las diferencias son abismales entre una serie y otra, algo que, a priori, no podría parecer, aunque ya desde la intro de Ángel se observa el cambio de madurez que Joss Whedon realizó, pues mientras que la intro de Buffy es enérgica, “rockera”, propia de la rebeldía, de la mano del grupo punk-rock Nerf Herder, la opening de Ángel comienza con una melodía de violín, que hace referencia a la personalidad del protagonista, con un aire melancólico y taciturno (para los interesados, se trata del tema “Sanctuary”, del grupo Darling Violetta). Ángel es la madurez, la soledad y el héroe por definición. Aquellos que (a estas alturas) no conozcan la historia, Ángel es un vampiro de 240 años con alma, que huye de Buffy a Los Ángeles tras darse cuenta de que estará mejor lejos de ella, algo que choca, ya que ¿qué hace un vampiro en un lugar donde hay más sol que sombras? Este contrapunto chirría, sobre todo en la primera temporada, donde otra de las diferencias es la amplitud lumínica de la que están dotadas las escenas con respecto a su antecesora, incluso en interiores, y que parece que al vampiro con alma no le importa demasiado. Este aspecto podría ser rebatido con la actitud que se intenta plasmar del protagonista, pues Whedon quiso humanizarle y mostrar que quiere ser como los humanos, aunque su soledad y redención no se lo permitan.

Ángel es una serie que ya no trata la adolescencia, sino que se mete de lleno en la madurez, en la paternidad, en el duelo y la traición. La lucha entre el bien y el mal ya no es cuestión de darle una visión más contrastada y menos ingenua, sino que los personajes se enfrentan a auténticos dilemas morales. La serie está plagada de referencias mitológicas, como el complejo de Edipo, el pacto de Fausto con el diablo o cuando los padres de Moisés dejan marchar a su hijo para darle la oportunidad de llevar una vida feliz. Además, el cliché de que los humanos son los buenos y los demonios los malos cambia radicalmente, hecho que plantea la cuestión filosófica y religiosa por antonomasia de si el mal es algo inherente al ser humano.

Como podéis observar, Whedon comienza a madurar, y este es el punto clave para que empiece a introducirse en aspectos más metafísicos, que le llevarán a cambiar de registro, a involucrarse más con la ciencia ficción y a expresarse con un toque más poético, en lo que se conoce como “la etapa oscura de Joss Whedon”.

 

 

Josué Castellano

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