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Martial arts academy

 

El ocaso de la época dorada del cine norteamericano conllevó la total reinvención de los códigos cinematográficos en una evolución lenta a lo largo de los años 60 y 70. En estas décadas, el cine cambió, mutando para sobrevivir y adaptarse a los cambios en los que Europa era líder. Esos son también los años en los que el género documental explotó y experimentó una gran revolución como probablemente no lo había hecho desde los tiempos de DZIGA VERTOV y ROBERT FLAHERTY. En esta época de cambio, documentalistas como PATRICIO GUZMÁN filmaron algunas de las obras más relevantes en formato documental, apoyados en un género que proporcionaba un punto de partida perfecto para tratar temas políticos o sociales. CHRIS MARKER, ALAIN RESNAIS o JONAS MEKAS definieron, cada uno en su época y a su modo, los límites (o la ausencia de estos) en el documental.

Por entonces surgió otro movimiento algo diferente de la mano de directores como JAMES BENNING o GODFREY REGGIO; un subgénero de difícil catalogación llamado de una forma tan ambigua como documental no narrativo. El nombre, que es bastante esclarecedor, se vuelve pequeño ante la gran diversidad de obras que podrían entrar en la propia definición. Una de estas obras, dirigida por el propio GODFREY REGGIO, se convirtió en estandarte de este subgénero y quizá sea el ejemplo más inmediato a la hora de mencionar el documental no narrativo. Se trata de KOYAANISQATSI, una película formada únicamente por música e imágenes sobre el  impacto del ser humano en la naturaleza y en la propia humanidad.  KOYAANISQATSI no solo fue una muestra de la ausencia de límites a la hora de experimentar en el cine; también definió no un subgénero, pero sí un camino a seguir para todo aquel que quisiera narrar con los que son dos de los componentes más puros del cine: la imagen y la música.

 

Koyaanisqatsi_(Moon)

 

Gran parte de la culpa de la relevancia de KOYAANISQATSI recae en el director de fotografía, RON FRICKE, probablemente uno de los más visionarios cinematógrafos que ha dado el cine en los últimos 40 años. Junto a él, REGGIO configuró una forma basada en jugar con la imagen mediante time lapses, cámaras lentas y rápidas y un uso magistral de la iluminación y el encuadre. Tanto KOYAANISQATSI como las obras que RON FRICKE realizaría a posteriori basándose en esa filosofía son de una belleza formal apabullante, y contienen algunas de las imágenes y secuencias más impresionantes del cine contemporáneo. Se renovó, pues, el documental mediante la ausencia de la narración y la potenciación de la imagen: no hacía falta contar nada para contarlo todo si se disponía de las herramientas adecuadas, imagen y música.

El ya mencionado RON FRICKE depuraría la propuesta de GODFREY REGGIO a lo largo del tiempo en tres películas clave. En CHRONOS tomó gran parte de los códigos de KOYAANISQATSI, y realizó una obra formalmente similar aunque notablemente mejor. Tuvo que ser en dos siguientes películas, BARAKA y SAMSARA, realizadas a lo largo de 15 años, donde plasmó todo aquello que no pudo plasmar en CHRONOS o KOYAANISQATSI, ya fuera por las limitaciones técnicas de la época o por falta de tiempo para preparar su trabajo. Y es que fue en BARAKA (y sobre todo en SAMSARA) donde alcanzó el máximo grado de excelencia en aquello que quería buscar. Usando una cámara de 70 mm y viajando a lo largo y ancho del mundo, captó la esencia del ser humano de la forma más poética posible. Si en SAMSARA RON FRICKE alcanzó a tocar el alma con la imagen y la música, el otro protagonista de este artículo lo hizo además con la palabra. YANN ARTHUS-BERTRAND es un famoso documentalista y fotógrafo francés, conocido sobre todo por haber dirigido, entre otros,  uno de los documentales sobre naturaleza más importantes, HOME. Pero la razón por la cual debería ser aún más reconocido es por su último trabajo, bastante opuesto a este último en contenido pero sorprendentemente cercano a lo que en su día hizo RON FRICKE: HUMAN.

 

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HUMAN se describe fácilmente pese a su profundidad y notable dificultad de realización: es un collage de testimonios de todo el mundo sobre temas tan dispares como la guerra, la pobreza, la felicidad o el amor. Testimonios recabados en alrededor de 60 países en los que aparecen personas de una enorme cantidad de etnias y orígenes, orientaciones sexuales, creencias, orientaciones políticas o formas de pensar y ver el mundo que están basadas, lógicamente, en su propio origen y su contexto cultural y social. HUMAN engloba, en sus cuatro horas y media de duración, una cantidad tan impresionante de detalles que su mera concepción parece casi un milagro. Probablemente sea el documental más sincero que se ha filmado nunca sobre la humanidad como un conjunto global de individuos. El desarrollo de este documental no sigue expresamente los códigos del documental no narrativo, pero creemos que puede encajar bastante bien en ese subgénero. Si bien se intenta contar “algo”, esto son simplemente pequeñas opiniones sobre diversos temas y no tiene nada que ver escuchar al veterano norteamericano hablando de la guerra con escuchar a un ama de casa guatemalteca hablando del amor. La relación entre estos dos y, en general, entre todos, no es más que la relación temática que posee la propia película, aunque esta sea (muy) hablada y los ejemplos que hemos visto anteriormente sean absolutamente no narrativos. Pero es por esto por lo que HUMAN es mucho más experimental de lo que parece, sobre todo comparándolo frente a un documental social más (cosa que no es) o un documental algo más filosófico (cosa que sí es, en gran parte).

 

 

Y aquí comienza el párrafo que da sentido a mezclar dos documentales tan diferentes como SAMSARA y HUMAN en un solo artículo. Porque en el fondo, por muy diferentes que sean (a pesar de poderse introducir ambos en el mismo subgénero), forman quizá un ejemplo mayúsculo de existencialismo en el arte. La comprensión de la propia belleza que poseen estos dos autores, RON FRICKE y YANN ARTHUS-BERTRAND, simplemente abruma. Mientras que SAMSARA ahonda en el plano filosófico y de fe del ser humano, HUMAN es un retrato de la emoción y la realidad mediante la palabra. Juntos, forman una rica descripción del mundo y de nuestra relación con él.

A pesar de los anuncios de muchos agoreros en torno al terrible futuro que le depara el cine, la evolución de la técnica cinematográfica hasta límites nunca soñados ha permitido la evolución del cine por caminos sorprendentes. Y esta evolución de la técnica va acompañada sí o sí de la propia evolución de la humanidad, permitiendo crear obras contemporáneas en forma y en tiempo que no habrían sido posibles en otro momento. HUMAN es un buen ejemplo de esto; es una película inconcebible en los años 50. La globalización nos ha hecho ser conscientes de la existencia de una enorme cantidad de realidades a las que antes éramos ajenos. HUMAN y SAMSARA son documentales víctimas de su tiempo que, a la vez, forman un díptico totalmente clarividente y revolucionario sobre la condición humana y, aunque sea secundario, sobre el hecho de que el cine no tiene barreras.

Nota: Para ver SAMSARA es necesario pagar, pero HUMAN se puede ver de forma gratuita y legal en la web del documental en la máxima calidad posible y con subtítulos en castellano.

 

 

Guillermo Martínez

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