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La traducción literal al español de HOUSE OF CARDS es “castillo de naipes”, esa construcción que ha entretenido a los más hábiles con el fin de alzar una estructura piramidal formada por frágiles láminas de cartón, que podría venirse abajo con un simple suspiro, o con la más leve distracción del director de estos naipes orquestados.

Todos sabemos cómo llegó Frank Underwood (KEVIN SPACEY) a la cima del castillo de naipes, y ponemos la mano en el fuego al afirmar que fue lo que definitivamente nos conquistó: llegó a ser presidente de los Estados Unidos sin que nadie le votara. Magnífico y terrorífico por igual. Volvemos a enamorarnos por televisión de un antihéroe carismático, de un psicópata sigiloso y amable. Nos cae muy bien, pero ¿le votaríamos como presidente de nuestra democracia? Este ya es otro tema, aunque aquí queda la sugerencia. Quizá la respuesta a esta pregunta nos haría conocernos mucho mejor a nosotros mismos y a nuestras verdaderas creencias.

En otras series hemos conocido también al antagonista de nuestro querido antihéroe (BREAKING BAD, LOS SOPRANO), a un acompañante cuya ambición sí tenía límites y cuyo corazón se enternecía más fácilmente, entrando en conflicto con el protagonista; sin embargo, en HOUSE OF CARDS todavía dudamos sobre qué corazón está más congelado y qué sangre es más fría: la de Frank Underwood o la de su esposa, la primera dama Claire Underwood (ROBIN WRIGHT).

 

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Hasta la tercera temporada, ambos habían sido el núcleo y la cima del castillo en un proyecto común equilibrado por sus almas, bárbaras compañeras, confiando en que el resultado alimentaría su monstruosa ambición durante años.
Muchos confundimos su relación con un amor de ultramundo, una conexión simbiótica en la que el ego individual desaparecía para formar parte de algo superior a los dos, que beneficiaba a ambos. Pero si todo esto siguiera funcionando, el castillo no correría ningún peligro de desplomarse, y HOUSE OF CARDS hubiera tenido un final correcto.
¿Qué veremos, sin embargo, en esta cuarta temporada? Que Frank y Claire no van a compartir la cima, no quieren hacerlo y, por el momento, parece que es Claire quien ha venido gestando durante los últimos años, bajo sus solemnes trajes rectos de color marfil, el germen del ego aspiracional más carroñero y extasiado que hemos visto en mucho tiempo en la televisión estadounidense.

La premiére de la cuarta temporada puede guiar nuestras sospechas en cuanto a la crueldad organizacional y humana de nuestros protagonistas: Claire no se despeina en su ansia en carne viva por convertirse en una figura superior a su esposo. Una figura pública, referente para las masas, provista de amor constante de las muchedumbres. Aparece en escena la casa natal de Claire y el personaje de su madre, Elizabeth, y puede que a través esto lleguemos a comprender la razón por la cual Claire necesita tanto amor ajeno e intangible.

 

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La mayoría de los personajes clave continúan en esta cuarta temporada, si bien debemos dejar pasar el tiempo para juzgar si esto es un acierto o no. Doug Stamper (MICHAEL KELLY) sigue cautivando con su omnipresencia diabólica, pero otros naipes del castillo como Remy Danton (MAHERSHALALHASHBAZ ALI) y Jackie Sharp (MOLLY PARKER) parecen seguir estancados en el mero símbolo de una relación interracial abierta que ya tuvo su momento.

Claire contará con el apoyo de Leann Harvey (estupendo casting de NEVE CAMPBELL y… ¡qué ganas de volver a verla), que se convierte en el “naipe reina” para el erguimiento o el derrumbe definitivo del castillo, porte quien porte la corona.
¿La veremos compartiendo cama con los Underwood como el escolta Meechum?Permanezcamos bien atentos a posibilidades tan estrambóticas como esta. HOUSE OF CARDS ha vuelto para erigirse más alto y cada vez más tembloroso.

 

 

Blanca Álvarez 

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