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No solo de series vive el hombre, y en la exitosa NETFLIX nos lo demuestran apostando tanto por filmes originales como por documentales como el que ahora nos ocupa, HOT GIRLS WANTED.

La industria de la pornografía suma en conjunto más millones de seguidores que las principales redes sociales y webs de entretenimiento de toda la red y, precisamente, ese es un detalle que desde HOT GIRLS WANTED se encargan de manifestar. Una dura y oscura verdad que, pese a ser reconocida por pocos, se muestra como tal simplemente echando un vistazo a datos y cifras.
El documental, a pesar de presentarse en un principio como un crudo reflejo de la realidad que las jóvenes estadounidenses (y a la postre, de todo el mundo) sufren a la hora de decidir si introducirse en el mundo del cine adulto, termina por ser poco más que un reality show en el que los más tenebrosos y escabrosos recovecos de la pornografía son apenas mencionados. Del mismo modo, las protagonistas del reportaje, lejos de ser verdaderas víctimas, no parecen otra cosa que malcriadas chicas que, ante la facilidad y número de posibilidades de una industria multimillonaria, deciden vender su cuerpo con pavorosa facilidad y falta de decoro. Algo que, al parecer, es mucho más sencillo que buscar un trabajo sacrificado en palabras de una de las propias protagonistas en un momento del documental: “¿Trabajar en una oficina a 8 dólares la hora? Por una escena me pagan 800.”

 

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Si bien esta última afirmación es cierta, otro de los principales personajes en los que el documental se centra, el ‘agente’ de las chicas, no es sino una de las caras visibles del abuso y el machismo en los que este negocio cae una y otra vez. Y es que, si bien las mujeres están mejor pagadas y son más buscadas en la pornografía, esta no ceja en su empeño de mostrarlas como meros objetos al servicio del placer masculino, algo fácilmente comprobable al observar cómo la mayoría de las productoras de cine adulto se nutren de filmes puramente destinados a un público de hombres, olvidando por completo de los gustos, deseos y fantasías de un público en alza como es el femenino.

De todos modos, y como mencionamos con anterioridad, al tratarse de un documental que levantó tantas expectativas ya durante su promoción, la sensación de que podría haberse profundizado más nos deja inexpresivos y con mal sabor de boca ante un producto que no sale de lo típico. Un ‘quiero y no puedo’ en toda regla. Un documental que, para ser honestos, despierta la polémica no tanto por su desaprovechada profundidad sino por el tema en el que se centra.

 

 

 

Juan Carlos Corredor

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