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Actualmente, un alto porcentaje de personas sufre algún tipo de trastorno, bien sea vinculado a la alimentación, al estrés o a la depresión, entre otros. Habitualmente, este tipo de desórdenes llevan una lenta recuperación y los que los padecen (dependiendo de la enfermedad) han llegado a ser invisibilizados y convertidos en tabú. Como veíamos en la serie Por 13 razones, abrir la veda y hablar de depresión y suicidio puede parecer beneficioso para unos e insultante para otros, porque no siempre llueve a gusto de todos. Lo que es indudable es que la serie consiguió abordar la problemática desde una perspectiva madura para intentar concienciar de los efectos y factores que condicionan la depresión.

El pasado 14 de julio de nuevo Netflix estrenaba su nueva película original dirigida por Marti Noxon (productora de Buffy, cazavampiros) y protagonizada por Lily Collins (La excepción a la regla) Keanu Reeves (Toc, toc) y Liana Liberato (Puedes confiar en mí) llamada Hasta los huesos (To the Bone). Esta dramedia retrata la historia de Ellen (Collins) y su lucha contra la anorexia mientras ingresa en un centro poco común dirigido por el Dr. William Beckham (Reeves).

La película nos presenta a una Lily Collins soberbia, aun estando el papel de Ellen algo encasillado. Con respecto a su vestimenta y tipo de maquillaje, nos transmite la sensación de una personalidad ruda, fría y conflictiva. Sin embargo, el vestuario, que podría parecer en un principio un simple cliché de “niña rebelde”, no es más que un reflejo de la realidad (referido en cuanto a llevar la ropa bastantes tallas más grande). La historia de Ellen se presenta in media res, dentro del problema. Sabemos cuál es el causante, pero no lo vemos en pantalla, no sabemos cómo ha llegado hasta el punto en el que está. Retrata de forma muy natural y cruda cómo vive y evoluciona esta chica de 20 años.

La edad también es un factor importante. En la pequeña y gran pantalla estamos acostumbrados a ver historias de adolescentes en torno a los 16 años. Es el caso de personajes televisivos como el de Cassie (Hannah Murray) en Skins (2007) y Vilde (Ulrikke Falch) en Skam (2015), o de personajes cinematográficos como el de Cielo (Eugenia Suárez) en Abzurdah (2015) o Janet (Angela Bettis) en Inocencia interrumpida.

Cómo se retratan los trastornos

Inocencia interrumpida (1999)

Inocencia interrumpida no solo aborda la anorexia durante sus 127 minutos, sino todo tipo de trastornos aplicados a adolescentes internados en un centro psiquiátrico. El retrato que se destaca en el largo es principalmente el del trastorno de personalidad borderline y la sociopatía, pero a través del personaje de Janet vemos otro ejemplo más de la enfermedad llevada al cine.

En Abzurdah, sin embargo, el núcleo de la película sí es un trastorno alimenticio. El problema es que no existe justificación y coherencia para hilar la historia de Cielo con este trastorno. Está forzado y muy estereotipado, haciendo creer que el patrón que sigue cualquier adolescente con este desorden sigue siempre las mismas directrices. Y no es así. No es una buena película para comprender este tipo de enfermedad, ya que está fuertemente romantizada e idealizada.

Skins (2007)

En Skins (serie de por sí muy estereotipada con arquetipos adolescentes preestablecidos) vemos un intento de descubrir lo que un trastorno alimenticio realmente es y cómo afecta no solo a la vida de una adolescente, sino a su entorno más cercano. En este caso, de forma destructiva y siempre contribuyente a la recaída de Cassie. Vemos la puesta en escena de la clínica donde la tratan y actitudes propias no de jóvenes con este trastorno concreto, sino de cualquier desorden mental. Un acercamiento más realista en el que se observa el día a día del personaje y cómo afecta a su vida.

En el caso de Skam, la más reciente de todas, se dan pinceladas del trastorno en el personaje de Vilde, pero no se llega a profundizar en él. A pesar de esto, al final de la última temporada se dan atisbos de su situación familiar, lo que permite poder crear un escueto mapa mental.

Tratamiento en Hasta los huesos

El mayor acierto de Hasta los huesos es el realismo con el que trata la enfermedad, convirtiéndose en ocasiones en algo incómodo para un espectador sensible. Las bromas entre las internas, las escenas en las que hay comida y las conversaciones entre los personajes no son una versión light para todo el público, sino más bien un llamamiento a lo real y a intentar sacar los desórdenes del tabú en el que se encuentran.

Es importante mencionar que Marti Noxon y Lily Collins han sufrido anorexia. No solo es el realismo que aporta esto a la cinta, sino la sensibilidad con la que se trata el tema desde el entendimiento y la vivencia personal. Otro valor añadido con el que cuenta el filme es la representación de los trastornos alimenticios en diversos tipos de personas. A pesar de ser Ellen la protagonista, vemos a los demás internos de la casa en un amplio espectro comprendido entre la adolescencia y la treintena. Y no solo retrata la diversidad de problemas y caras que puede tener el trastorno, sino que introduce un hombre en la enfermedad. Es bien sabido que el porcentaje no es tan alto como en el caso de la mujer, pero solo en Estados Unidos 1 millón de hombres combaten la enfermedad. Y esta visibilización es muy positiva, ya que, aunque afecta 10 veces más a la mujer, todos necesitan voz.

¿Por qué siempre se cae en lo mismo?

La película se desarrolla bien, con un guion consolidado y una humanidad innegables. Pero peca al final. Si bien hemos dicho que la introducción de un hombre es importante para visibilizarla, no es correcto cómo se desenvuelve el final del filme.

A continuación hay un análisis de una de las escenas fundamentales de la película, se considera spoiler. Sigue leyendo por tu propia cuenta y riesgo.

Punto de inflexión

Es muy complicado de por sí encontrar filmes con esta temática, pero más aún que no romanticen la enfermedad. Y Marti Noxon sale de este círculo vicioso, pero introduce una relación amorosa cuestionable. No es por el hecho de que ambos personajes interactúen, puedan compartir sus problemas y llegar a atraerse físicamente; el problema viene en una de las escenas finales, el punto de inflexión fundamental en la protagonista. El filme da a entender que, para abrir los ojos, Ellen necesita alguien que la ayude, alguien que la haga entrar en razón (cuando sabemos que el propio Dr. William sabe que Ellen tiene que llegar a su límite para darse cuenta de la gravedad de su situación). Y no es así. A pesar de recibir cualquier tipo de ayuda externa, Ellen es la que se tiene que salvar por sí misma. Es una flaqueza que a nuestros ojos devalúa una magnífica película que hasta ahora no había hecho más que crecer.

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Retratar cualquier tipo de trastorno que afecta a la mente en la gran pantalla es muy jugoso, pero pocos directores lo han hecho alejados del estereotipo, con valor de concienciar y visibilizar el problema. Hasta los huesos cumple todos los parámetros consolidándose como un acierto en el tratamiento de una enfermedad invisibilizada que afecta a millones de personas y quita vidas. Eso sí, no es apta para todos los públicos y hay que hacer una lectura objetiva del problema para verdaderamente entender el porqué.

Cristina Domínguez

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