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Foto de Familia

Si la comedia familiar francesa se ha caracterizado durante las últimas décadas por su ritmo acelerado y sincopado, por la expresión corporal brusca de los intérpretes y las circunstancias más gafadas y rocambolescas, podemos confirmar que Grandes familias representa el más absurdo e inverosímil manierismo de este subgénero regional.

Jean-Paul Rappeneau (Mi hombre es un salvaje, Cyrano de Bergerac) tiene licencia, experiencia y reputación suficiente para hacer lo que le apetezca (y cualquier persona debería hacer lo mismo a los 84 años). Sería ridículo poner en duda su dominio del arte de la comedia de enredo contemporánea, pero en el caso de Grandes familias cuenta una historia, no muy interesante, de forma cómoda y echando mano de recursos propios del género combinados sin sentido ni variación, dosificados aleatoriamente sin responder a ninguna estructura previa ni respetar el trazado de los personajes.

El protagonista es Jerome Varenne (Mathieu Amalric), a quien presenta profundamente enamorado de una mujer china, exuberante y occidentalizada, con quien disfruta del éxito de sus negocios millonarios internacionales. Además de atractiva y ejecutiva, su prometida (interpretada por Gemma Chan) parece una mujer sensible y familiar, que se emociona al conocer a la madre de Jerome, y se incomoda con lo que sería el primer enredo de la película: Jerome y su hermano se pelean torpemente como niños cuando el primero descubre que la gran mansión familiar ha caído en las manos equivocadas debido a los chanchullos de su difunto padre.

"Belles Familles" de Jean-Paul Rapenneau

Parece que esta pelea inicial se desata por un enfrentamiento entre hermanos no resuelto (que no se explica posteriormente) o por el típico conflicto paternofilial del protagonista masculino (en el que tampoco se profundiza con claridad). Pero, en realidad, la única razón de esta pelea es que en este tipo de comedias tiene que haber peleas coreografiadas a lo largo de la casa, que destrocen parte del mobiliario y rompan la vajilla de la sobremesa.

Y así continua el resto de la película: los recursos de la comedia familiar suceden uno tras otro sin un motivo comprensible y coherente con la información que se nos entrega de los personajes.

Jerome Varenne transcurre por la historia como una veleta a merced del viento, sin criterio ni decisión, y con una permanente expresión de pescado. No comprendemos el porqué de sus comportamientos ni el núcleo de sus conflictos.

Sin ánimo de juzgar personalmente a Jean-Paul Rappeneau, cabe destacar sus comentarios respecto a lo autobiográfico de este guion. No sabemos a qué aspecto se refiere exactamente, pero el tratamiento de los personajes femeninos y del amor heterosexual está ridículamente desfasado.

Tenemos al padre muerto de Jerome, cuya información se entrega con cuentagotas, y con la cual resulta imposible hacerse una idea de cómo era y por qué todo el mundo le odiaba, excepto su amante y la hija de esta.

Y también tenemos a esta última, la hijastra del padre, interpretada pésimamente por la modelo Marine Vacth (Joven y bonita), dato que nos clarifica gran parte del sinsentido de la película: mostrarla frágil, infantil, impulsiva, guapa y desnuda para ganar el premio al gran colmo de la representación absurdamente sexista de los roles de género.

Belles-familles-bien-ficele-mais-un-peu-desuet

El personaje de Louise (Marine) es una adolescente sinrazón que imita comportamientos (incoherentes entre sí) de cualquier lolita del cine o la joven Eva Green en Soñadores. Caprichosa, enfadada e incomprendida por todos, se enamora de Jerome simplemente porque al principio le odia por formar parte del bando contrario en el conflicto familiar (oda al amor romántico-tortuoso). Y Jerome, un hombre maduro entrado en sus 50, engaña a su extraordinaria y joven belleza asiática para comprender mejor a su padre (quien engañaba a su madre con la madre de Louise) y así conciliar su rencor enquistado hacia él por el abandono. Bravo por el amor moderno.

Seguimos afirmando que cualquier persona a los 84 años debe hacer lo que le apetezca, aunque, en este caso, es posible que las construcciones de género y el concepto de amor de Rappeneau tengan más años que él.

 

LO MEJOR:

  • Las localizaciones: preciosos pueblos campestres y una muestra de la gran arquitectura francesa.

LO PEOR:

  • Los personajes no se comprenden: reproducen diálogos planos que solo justifican y describen la acción, pero están completamente vacíos.
  • El guion tiene grandes huecos, incoherencias y un desorden general (que tampoco funciona como desorden).
  • La ridiculez suprema del tratamiento de la feminidad, a estas alturas de la vida.

 

Blanca Álvarez

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