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No tienen alma, no sienten cariño… No estamos hablando de objetos inanimados, sino de esos seres que van en busca de sangre fresca sin ningún tipo de apego. Estos son los zombis, calificados como muertos vivientes. Unas criaturas que son muy recurridas en los últimos años por el cine de terror, en películas como Bienvenidos a Zombieland (2009), una comedia zombi donde se contagian debido a la enfermedad de las “vacas locas”; las cinco cintas (a espera de la sexta en 2017) de Resident Evil, donde Milla Jovovich lucha contra ellos; la versión a la española de los zombis en las cuatro películas de Rec; Guerra Mundial Z (2013), donde pudimos ver a Brad Pitt buscando una cura a esta invasión para salvar a la raza humana, o la versión de la obra de Austen, con Orgullo + Prejuicio + Zombis… entre otras de una larga lista. Historias donde estos no-vivos han sido los protagonistas. Este año llega el director británico Steve Barker, ya todo un experto en el género de terror con zombis con sus anteriores trabajos: Avance del más allá (2008) y Avance del más allá 2: Sol Negro (2012), con una nueva guerra con estos personajes en Generación Z.

La historia parte de un apocalipsis zombi en la Tierra. Tras esta situación que sucedió hace 10 años y con el panorama controlado, algunos de los supervivientes que superaron ese trauma acuden a un resort de vacaciones, el llamado Rezort, situado en una isla donde poder divertirse matando zombis, como si de un parque de atracciones se tratase. ¿Pero qué pasaría si por alguna casualidad hackeasen la seguridad de ese lugar, y los zombis que estuviesen atados quedasen libres? Pues de esto trata Generación Z.Generación ZEl guionista Paul Gerstenberger con una historia de zombis como tal en su planteamiento (aunque este aspecto no se sitúa como uno de nuestros puntos a favor) plantea un debate en el guion: el lado más despreciable de los humanos. Aquí entra la importancia y la ética de cada individuo, en el que prevalece la supervivencia de uno mismo, cueste lo que cueste, y le pese a quien le pese. Se tratan temas que hacen reflexionar, junto al de estar pagando por visitar esta “atracción turística” para pagar por matar y matar por divertirse, además de crear un negocio de esto, a pesar de poner en peligro la vida de las personas. Pero el punto final a este planteamiento es aquel que se desvelará al final de la trama: interesantes asuntos que harán al espectador, además de llevarse algún susto que otro, debatir sobre ellos con aquellos que vean el largometraje.

Filme previsible, que probablemente pasará sin pena ni gloria por la taquilla española (se podría poner perfectamente en la parrilla televisiva como telefilme de Antena3), pero que plantea un factor muy interesante: la comparación entre refugiados y zombis. Una tesis que hace resaltar la crueldad de la humanidad, si se extrapola a la realidad en la que vivimos. Esta asimilación puede tener más de coincidencia que de fantasía si lo analizamos bien. Un debate ingenioso que nunca antes una película de zombis había puesto encima de la mesa.Generación ZCon un reparto lleno de tópicos, cuyas actuaciones no resaltan brillantez, pero que llegan al aprobado, se encuentra como protagonista Jessica De Gouw (Cortar la serpiente), que interpreta a Melanie, una joven que aún no ha superado la guerra, ya que tuvo que pasar el trauma de ver cómo sus padres se convertían en zombis; junto a ella está Dougray Scott (Venganza 3), que hace de Archer. Este tiene el perfil de héroe que en todo tipo de historia apocalíptica existe (hace recordar a Rick en The Walking Dead). Pero, como todos sabemos, donde siempre hay un héroe también hay un antihéroe. En este caso es Lewis, encarnado por Martin McCann (’71), un hombre entre cuyas prioridades parece estar su mujer, Melanie, y que a lo largo que avanza la cinta va mostrando todo lo contrario. Completa el reparto, entre otros, Elen Rhys (Guerra Mundial Z) como Sadie, una mujer abandonada en el altar que decide pasar su “no luna de miel” en este paradisiaco lugar.Generación ZUn punto divertido (tomándoselo con sentido del humor aquellos a los que les afectase en la vida real) es uno de los lugares de rodaje: este Rezort donde se ambienta la película está, entre otros sitios, grabado en Mallorca. Creemos que Barket pudo pensar en Magaluf y sus acontecimientos con la famosa “droga caníbal” (que provocaba creerse zombis a aquellos que se la tomaban) a la hora de rodar su película y que las similitudes no son un factor casual. Al largometraje no le podía faltar su correspondiente niña zombi, sus escenas algo sangrientas (no lo suficientes para haber sido uno de los largometrajes que se presentó el pasado Festival de Sitges) y mucha acción (secuencias en las que se juega a buscar zombis para matarlos por diversión y venganza).Generación ZLas escenas con planos cenitales de su final nos las da el trabajo fotográfico de Roman Osin. A nivel técnico es digno de mencionar la fantástica persecución que protagoniza uno de los posibles supervivientes de esta aventura (que no queremos desvelar) en plena huida de zombis a todo correr. Y es que aquí no son zombis tranquilitos que van andando lentamente (como nos tienen acostumbrados en las miles de historias donde se cogen a estos no-vivos), sino que corren y desatan su locura (en símil con los que aparecen en Guerra Mundial Z) en busca del humano.

Generación Z, como espectador, se puede afrontar desde dos posturas: la simple, como una película de zombis sin más, o la compleja, en la que existe una reflexión de la cual se pueden extraer aspectos interesantes acordes con la actualidad que nos rodea, yendo más allá del factor imaginario de los zombis. Porque sí, señores, a nuestro alrededor hay mucho zombi del que muerde y chupa la sangre, no se dejen convertir en uno de ellos, vigilen a su alrededor y siempre piensen en todas las opciones.

LO MEJOR: 

  • Los factores que se pueden extrapolar a la realidad.
  • El plano final.

LO PEOR:

  • El aspecto previsible en su guion.
  • No ver más allá de una simple película de zombis.

 

María Páez

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