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Espectadores tardíos de la versatilidad actoral del viejo Hollywood, donde la soleada California acogía a artistas más que a actores capaces de dotar del mismo talento a interpretaciones, bailes o cantos, hoy en día nos sorprendemos con el camaleónico hacer de quienes, aún ayudados con transformaciones físicas o recursos poco frecuentes en la época dorada, resultan irreconocibles a ojos de la cámara en interpretaciones recompensadas en premios y avaladas con el cariño y respeto por parte del público y la profesión. Cambios de peso estratosféricos, acentos recién adquiridos u horas diarias de maquillaje que conforman el nuevo perfil del actor versátil y que nos pueden llegar a hacer dudar si la calidad interpretativa en ocasiones depende más de la caracterización o del ingenuo talento. No es extraño tener estos pensamientos cuando, aventurados a entrar en la sala de cine, observamos por última vez el cartel de FRANK (LENNY ABRAHANSON). ¿Es él, uno de los actores más en forma de los últimos años? ¿Enmascarado y oculto de toda expresión facial? ¿Si MICHAEL FASSBENDER lleva una cabeza de cartón gigante durante la mayor parte del metraje, puede seguir ofreciendo una actuación fascinante y dotar de carisma a un personaje?

Para nuestra suerte y su ya probado talento, sí. Irreconocible en un personaje antónimo al que le valiera su primera nominación al Oscar por la premiada 12 AÑOS DE ESCLAVITUD, FASSBENDER vuelve en una fábula sobre la vida, la música, las necesidades sociales de los seres humanos y cómo de alguna forma cada uno de estos elementos complementan y necesitan del resto. Un viaje personal y profesional, que traspasa la pantalla y trasciende lo meramente artístico, donde locura y cordura, sensibilidad y sinsentido, lentitud, extrañeza y talento se combinan para otorgar 95 minutos de surrealismo e ilusión en una de las feel good movies del año.

 

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Comedia negra en los inspiradores paisajes de la Irlanda más desconocida, FRANK cruza los caminos de un aspirante a estrella del pop, Jon (DOMHNALL GLEESON) y una excéntrica banda de música experimental, los Soronprfbs, liderada por el enigmático Frank (FASSBENDER) y su neurótica compañera Clara (MAGGIE GYLLENHAAL). Conduciendo la película tras las desventuras musicales del peculiar grupo que forman mientras tratan de grabar su primer disco y abrirse camino hacia la fama, el film esconde como trasfondo una sencilla y natural narración sobre las enfermedades mentales y su tratamiento, así como sobre las complejidades sociales de los individuos por encajar dentro de un círculo social, no importa lo difícil que esto sea.

Así, FRANK avala una aplaudida crítica hacia el cambio en las relaciones personales retratada tras el sutil uso de la tecnología y las redes sociales, necesaria tanto para el público como para los tiempos en los que vivimos, complementada con dosis de humor negro y una banda sonora que, pese a su rareza, cautiva. Como, no nos engañemos, lo hace la propia película desde un primer momento. Ya sea su mencionado cartel y campaña de promoción, su intrigante argumento, su codiciado elenco, revalorizado tras un GLEESON próximamente lanzado al estrellato en STAR WARS: EPISODIO VII o la simple idea de ver a MICHAEL FASSBENDER enfundado en una cabeza de papel gigante, la curiosidad es inherente cuando hablamos de qué es FRANK y qué sentido tiene una película que tanto defiende la cordura dentro del sinsentido.

 

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Podría haber ido más allá. Podría haber profundizado en el estudio de unos elaborados y complejos personajes. Podría habernos descubierto qué pasa tras ese proceso de aislamiento y de encuentro consigo mismo que sufre Jon y que todos alguna vez hemos sentido. Podría haber rehuido de su reprochable lentitud o ligeros desajustes de guion. Podría haber hecho todo ello, y en ese podría, podría haber perdido su esencia. No es la clase de apuestas festivaleras que divida a crítica e industria, avale su talento recaudando millones de dólares en taquilla o revalide su valía ganando premios. Porque eso está al alcance de pocas, pero aún de menos la capacidad de hechizar al espectador con argumentos sencillos y ausentes de trampas, apreciando el arte en todas sus magnitudes y descubriendo en su naturalidad la verdadera complejidad de hacer una película destacable. Y esta obra, con sus fallos y errores, señores, lo es.

 

 

LO MEJOR:

  • El elenco. MICHAEL FASSBENDER, MAGGIE GYLLENHALL y DOMHNALL GLEESON trabajando juntos en una película eleva la calidad del film.
  • El tratamiento de las enfermedades mentales de una forma tan sencilla y natural, con la complejidad que eso conlleva.

LO PEOR:

  • Pese a su poco más de hora y media de duración, su lentitud se hace latente en determinados momentos de la cinta.

 

 

Lydia Martínez

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