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Se acabó la legislatura. Mariano Rajoy ha convocado oficialmente para el próximo 20 de diciembre las elecciones generales que, según dicen, cambiarán la democracia española para siempre. Centrándonos en nuestro campo, una de las cosas que nos gustaría ver en los próximos cuatro años es una televisión pública independiente que, gestionada sin la presión del Gobierno, no deje series como 14 DE ABRIL: LA REPÚBLICA guardadas en un cajón por un mero capricho ideológico. Si además nos atrevemos por fin a rodar ficción política actual, tanto en TVE como en las privadas, eso que ganará nuestro audiovisual en salud democrática.

Si bien programas de sátira y parodia nunca nos han faltado, nos cuesta imaginar una versión ibérica de GAME CHANGE, ese biopic de la inefable Sarah Palin interpretada brillantemente por JULIANNE MOORE (SIEMPRE ALICE) para la HBO. Centrada en la campaña de 2008, la que encumbró a Barack Obama como primer presidente afroamericano de la historia de Estados Unidos, la tv movie presenta a la líder del Tea Party como una ignorante torpe y voluntariosa. Protagonizada además por ED HARRIS (EL SHOW DE TRUMAN) y WOODY HARRELSON (TRUE DETECTIVE), la película arrasó en los Emmys y los Globos de Oro.

En la misma línea del biopic se han estrenado este año dos importantes producciones a ambos lados del Atlántico: la italiana 1992 y la norteamericana SHOW ME A HERO. La primera, que mezcla personajes reales y ficticios, habla del año en el que se descubrió Tangentópolis, la gran red de corrupción que implicaba a los principales políticos y empresarios del país. El nivel de la serie, comparada por la prensa con las más grandes ficciones de la historia, vuelve a situar a Italia en el mapa televisivo global un año después de la adaptación de GOMORRA. La segunda es el regreso, esta vez en formato de miniserie, de DAVID SIMON tras THE WIRE y TREME. Durante seis capítulos desarrolla la historia acontecida en los años 80 en Yonkers (Nueva York): Nick Wasicsko (OSCAR ISAAC), alcalde de la ciudad, se ve obligado a acatar una sentencia judicial consistente en la construcción de viviendas protegidas en un barrio de clase media. Esta decisión divide a la ciudad, principalmente entre los racistas y los que sufren la exclusión, con excepciones en ambos bandos.

Aquí de momento sólo nos atrevemos a hablar de la lucha antiterrorista y desde una perspectiva más policial. ¿No sería interesante retratar los acontecimientos políticos entre el 11 y el 14 de marzo de 2004 en España? ¿O las conversaciones de Aznar con Blair y Bush previas a la guerra de Irak? O incluso una serie que cuente cómo se gestiona el ayuntamiento de Marinaleda. De momento, del único proyecto que tenemos noticia es documental y está firmado por FERNANDO LEÓN DE ARANOA, que está siguiendo a Podemos en distintos actos de campaña del partido desde principios de año.

Las comparaciones son odiosas, pero si hay una ficción culpable de que nos indigne la mediocridad de gran parte de nuestros políticos es EL ALA OESTE DE LA CASA BLANCA. La obra maestra de AARON SORKIN nos presentaba a un presidente de Estados Unidos y a su gabinete formado por hombres y mujeres brillantes, talentosos, de profundo carácter democrático y con una capacidad para el ingenio en los diálogos que no tienen parangón con la vida real (no hay más que visionar cualquier discurso de Mª Dolores de Cospedal). Esta serie vino a demostrar principalmente dos cosas: que en la televisión en abierto se pueden hacer series magistrales (se emitió en la época dorada de NBC junto a FRIENDS o URGENCIAS) y que, pese a que el poder del Ejecutivo no es ilimitado, si se quieren hacer cosas, se puede. Sorkin volvió a tratar temas políticos en THE NEWSROOM, que reflejaba el día a día de un canal televisivo de noticias y que pecó aún más que la primera de utópica e idealista. Los periodistas estaban tan comprometidos con su trabajo que conseguían sortear todo tipo de obstáculos para no caer en la censura o el sensacionalismo. Casi igual que nuestros informativos, plagados de vídeos de Youtube. Si hay algo que reprocharle a ambas series es ese tufillo patriótico que tuvo su momento cúlmen con el capítulo dedicado en THE NEWSROOM a la muerte de Osama Bin Laden. Aun así, (casi) todo se le perdona al creador de escenas tan geniales como ésta:

La desafección de los ciudadanos respecto a los políticos se ha traducido, por un lado, en producciones que los envilece y, por otro, en comedias que los ridiculizan. Del primer caso han destacado en los últimos años BOSS, el regreso de KELSEY GRAMMER tras FRASIER y, la más destacada, HOUSE OF CARDS. La versión americana, producida por DAVID FINCHER, nos ha regalado dos de los personajes más controvertidos de los últimos años: el matrimonio formado por Frank y Claire Underwood (KEVIN SPACEY y ROBIN WRIGHT). Intentando no entrar en spoilers, lo mismo nos costaba creer la extremada bondad del presidente Bartlet en la serie de Sorkin como algunos actos de violencia de Underwood, teniendo en cuenta que siempre hay gente dispuesta a mancharse las manos por gente con tanto poder. ¿Acaso alguien se imagina a Albert Rivera haciendo ESO en una estación de metro? Al margen de este detalle, la serie de Netflix (aunque en España se emite en Canal Plus Series) es tan adictiva que poco importa la verosimilitud de determinados hechos.

El lado más ridículo de la política se ha representado a todos los niveles, desde el más cercano (un departamento municipal de parques y ocio), pasando por el Ayuntamiento de Nueva York e incluso la vicepresidencia de los Estados Unidos. PARKS & RECREATION, con la divertidísima AMY POEHLER (WET HOT AMERICAN SUMMER) al frente, muestra el día a día de este caótico departamento en el que la protagonista, una voluntariosa y muy entregada política municipalista, trabaja con escasos recursos y unos compañeros que creen bastante poco en la gestión pública. Rodada en forma de falso documental, la sitcom se mantuvo durante siete temporadas en antena. Su precursora fue SPIN CITY, en la que un MICHAEL J. FOX (REGRESO AL FUTURO) en las primeras etapas del Parkinson interpretaba a la mano derecha de un torpe alcalde de Nueva York. Precisamente la enfermedad le obligó a dejar la serie y a ser sustituido por CHARLIE SHEEN (DOS HOMBRES Y MEDIO).

No ha habido comedia política más laureada que VEEP, que emite actualmente HBO, en la que JULIA LOUIS-DREYFUS da vida a una senadora que es ascendida por sorpresa a vicepresidenta. Cuando llega al cargo se da cuenta de que está muy poco preparada para él. Ejemplos parecidos en España nos sobran y, de hecho, mucha gente la conoce como la Ana Botella americana.

Por suerte, también se han desarrollado, y se siguen haciendo, producciones más equilibradas entre lo puramente dramático y lo verosímil. Hace pocos días comentábamos el estupendo regreso de THE GOOD WIFE con su ya séptima temporada. Considerada la mejor serie en abierto de la actualidad, la frustrante carrera política de Alicia Florrick tras una brillante trayectoria en la abogacía nos hizo ver que no basta con tener aptitudes para triunfar en ese campo. La nueva entrega se centra en la campaña de su marido Peter a la vicepresidencia de Estados Unidos y promete grandes episodios.

Probablemente ninguna de las anteriores pueda compararse tan bien como BORGEN con la situación política actual en España. La producción danesa presentaba, durante tres temporadas, a una presidenta que tenía que gobernar el país en coalición, con las consecuentes dificultades para sacar adelante leyes y presupuestos. Atendiendo a todas las encuestas, parece que éste será el escenario que encontremos en nuestro país a partir de enero. La presidenta Birgitte Nyborg, líder del Partido Moderado, era noble y honesta, pero eso no impedía que actuase con malas artes de vez en cuando o que tomase frecuentemente decisiones erróneas. Las continuas negociaciones del gabinete, una televisión pública sometida a constantes presiones, el papel dañino de la prensa sensacionalista y la desgastada vida personal de la presidenta son las cuatro patas sobre las que se sustenta la que probablemente sea la mejor serie sobre política parlamentaria. Que nos perdone el Sr. Sorkin.

 

Fon López

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