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Como cada primavera desde el año 2011, Barcelona se convierte en la capital del cine alternativo, con propuestas comprometidas y alejado de los grandes focos. Tras unas primeras ediciones de tanteo y crecimiento, este 2016 puede considerarse como el año de la consolidación definitiva del Festival Internacional de Cinema d’Autor de Barcelona (o D’A, para los amigos de la brevedad). Con un cartel de más de 70 películas, entre ellas filmes dirigidos por nombres tan ilustres como Hong Sang-soo, Marco Bellocchio o el tristemente fallecido Andrzej Zulawski, esta sexta edición del festival llega a su fin con grandes cifras de asistencia y transmitiendo la sensación de ser ya uno de los grandes reclamos culturales de la Ciudad Condal.

Desde El Palomitrón realizamos un análisis, repartido en dos artículos, de algunas de las cintas más significativas de esta edición del D’A (sin olvidarnos de Cegados por el Sol, filme inaugural del festival, estrenado en salas el pasado viernes 22 de abril).

EL TESORO (COMOARA), de Corneliu Porumboiu

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Un padre de familia que le lee cada día un cuento de Robin Hood a su hijo. Un vecino arruinado con la convicción de que un antiguo tesoro se esconde en su finca familiar. Un chapuzas con un detector de metales. El realizador rumano Corneliu Porumboiu (12:08 al este de Bucarest, Policía, adjetivo) solo precisa unir a estos tres perdedores para presentarnos esta pequeña aventura, revisión desmitificadora de cintas como El tesoro de Sierra Madre, referencia reconocida por el propio autor.

Porumboiu recurre a su estilo habitual (planos fijos, largos planos secuencia…) de un modo algo más accesible que en otras de sus cintas. El cineasta genera multitud de situaciones cómicas a través de repetitivos gags visuales y del espíritu naíf de la cinta, que, junto al acertado reparto (que se alzó con el premio Un certain talent en Cannes 2015), forma una radiografía del pasado y el presente de la sociedad rumana.

JOHN FROM, de Joao Nicolau

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Desde Portugal nos llega esta peculiar propuesta con reminiscencias del cine de Wes Anderson y Aki Kaurismäki. La cinta está protagonizada por una bella adolescente que, durante sus aburridas vacaciones de verano, se enamora de un vecino de su bloque que ha realizado una exposición sobre la Melanesia. La joven, obsesionada con la cultura de las islas, mezcla realidad y ficción, y lo que comienza como una comedia juvenil acaba convirtiéndose en una suerte de relato de aventuras colorista y kitsch.

Con larga trayectoria en el campo del montaje y varios cortometrajes a sus espaldas, Joao Nicolau escribe y dirige su segunda película (tras la surrealista A espada e a rosa) y comienza a consolidar su estilo artístico y narrativo como creador. Proveniente de una industria cinematográfica, la lusa, que produce pocos títulos al año, John From resulta una agradable sorpresa y todo un soplo de aire fresco

COSMOS, de Andrzej Zulawski

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Andrzej Zulawski era uno de los directores “malditos” de la compleja cinematografía polaca. Censurado en su país, desarrolló la mayor parte de su carrera en Francia, destacando la desgarradora Lo importante es amar y la escalofriante La posesión como sus cintas más significativas. Tras 15 años sin dirigir una cinta, parecía que con Cosmos Zulawski quería retomar su carrera como realizador, pero hace poco más de dos meses falleció a causa de un cáncer.

Resulta sorprendente que, con una filmografía tan oscura a sus espaldas, su obra póstuma se postule como un filme cómico y luminoso. En Cosmos, Zulawski trata de adaptar un relato corto de su compatriota Witold Gombrowicz sobre dos amigos que viven extrañas y, supuestamente, hilarantes situaciones en un hotel. Pese a las nobles intenciones del director, la complejidad y el nihilismo de la obra original se tornan en pedantería histriónica en su paso a la gran pantalla. Con sobreactuaciones dignas del peor vodevil de José Luis Moreno, decisiones artísticas cuestionables y un guion escrito deliberadamente para ser imposible de seguir y no tener un final, Cosmos es un filme errático, con fondo intelectual pero forma pueril y resabidilla. “Soy absurdo”, dice su protagonista en una de sus innumerables peroratas. Sí, lo eres, pero con eso no basta.

SANGUE DEL MIO SANGUE, de Marco Bellocchio

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¿Se puede mezclar en una misma película un convento de clausura del siglo XVII con inspectores de Hacienda? ¿Vampiros dentistas con brujas mártires? Si hablamos de Marco Bellocchio, sí. Con una dilatadísima carrera a sus espaldas (Buenos días, noche, Con las manos en los bolsillos) Bellocchio es uno de los observadores más privilegiados de la sociedad italiana, comunista por convicción y hermano ideológico de figuras ilustres como Ettore Scola o Dario Fo.

La cinta, que se desarrolla en dos líneas temporales aparentemente no relacionadas, traza una profundísima alegoría sobre las complejidades y contradicciones de su país. Bellocchio nos muestra una Italia pecaminosa y puritana, cobarde y autoritaria, confiando en la inteligencia del espectador a la hora de llenar vacíos. El desarrollo del filme es irregular, con un comienzo algo plomizo y tramos menos convincentes, pero posee secuencias antológicas, un mensaje cautivador y, sobre todo, la capacidad de mantenerse latente en la retina del espectador. Sangue del mio sangue es un enigma que, pese a ser difícil de desencriptar, solo un realizador tan experimentado y valiente como Bellocchio podría construir.

Tomás Ruibal

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