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En los últimos años las películas de género que han mezclado los bosques y los rituales han funcionado (La cabaña en el bosque, La bruja, La bruja de Blair…), pero eso no quiere decir que todas resulten con el mismo buen efecto. Es lo que sucede con el último trabajo del director estadounidense David Bruckner (V/H/S), The Ritual, una cinta correcta que no nos ha entusiasmado tanto como nos habría gustado. Esta película, que pudimos ver en la Sección Oficial del pasado Festival de Sitges y por la que Rafe Spall ganó el merecido premio a Mejor interpretación masculina, es con la que Bruckner se lanza por primera vez en solitario como director de un largometraje. A partir del 10 de noviembre podemos verla en Netflix en todo el mundo (excepto en el Reino Unido).Un grupo de amigos se va de viaje por los bosques escandinavos para rendir homenaje a uno de ellos, fallecido el año antes. Por lo tanto, parte de una buena base argumental para fans del terror porque… ¿a qué seguidor del género no le genera morbo y mal rollo el hecho de quedarse en un bosque de ese estilo? Claro, que quién demonios se va a revivir locos momentos universitarios a bosques suecos… Deberían haber ido a Las Vegas, como dice el lema del filme, y si no ya veréis.

Esta historia, que se ha basado en la novela del escritor inglés de terror Adam Nevill y que vio la luz en 2011, no nos ha terminado de convencer en su hilo narrativo, que tiene poca originalidad y un desvarío final con el que salimos de la sala del cine sin tener claro el fundamento de lo que nos quería contar Bruckner. Sí que es verdad que nos gustó mucho su fotografía, el gran trabajo de Andrew Shulkind, sus efectos especiales, que nos crean algo de sugestión en la atmósfera, y cómo no, su reparto: el actor que interpreta a Dom es Sam Troughton, Phill es Arsher All y Luke es Rafe Spall (digno galardón), quien vive todas las secuencias con fuerza y realmente hace que nos creamos lo que está sucediendo con su actuación. El amigo que queda es Hutch, encarnado por Robert James-Collier (Downton Abbey).

Todos ellos deciden emprender este viaje por los bellos y fríos montes de Suecia para recordar sus hazañas de la juventud universitaria y a su amigo Rob. Sus actores son los que potencian la línea argumental sobre la que vamos perdiendo interés según van pasando los minutos de la cinta. Nos dan momentos de risa nerviosa (“Esta es la casa en la que nos van a matar”) y tensión (escenas de culpabilidad en pleno bosque), pero no es suficiente para que nos llegue completamente este largometraje (de los pocos de terror que se proyectaron este año en Sitges).

El problema es que, a medida que les persigue la presencia extraña a sus protagonistas, y estos van perdiéndose cada vez más en lo que parecía un atajo del bosque, el público va alejándose de una historia que juega demasiado (y con mucha información) entre la fantasía y la realidad; tanto, que nos termina perdiendo. Este filme, producido por eOne Films y The Imaginarium, (la productora de Andy Serkis, el famoso Gollum de El señor de los anillos), trata temas como la unión de la amistad con el paso de los años, que poco a poco se va desmoronando, como el viaje de sus protagonistas. Una casa abandonada, huesos y artilugios que parecen malditos; todos estos elementos se unen para dar paso a una cantidad de efectos sobrenaturales que nos sacan por completo de su hilo argumental central.

LO MEJOR:

  • Cómo está filmada.
  • Su reparto, en concreto el digno premio en Sitges a Rafe Spall por Mejor interpretación masculina.
  • Su sutileza y la sugestión que nos crea.

LO PEOR:

  • No nos mantuvo en tensión toda la cinta.
  • No salimos demasiado convencidos de la sala.

María Páez

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