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Jornada dura la de este cuarto día en el festival. Los efectos de dormir poco (y ver mucho) se juntan con algunas malas elecciones en la programación.

Así, la primera película del día (SUITE ARMORICAINE, de PASCALE BRETON), se nos antoja demasiado larga para todo lo que quiere contar y  con media hora menos de metraje se hubiese convertido en una propuesta más interesante. Según la propia directora, se ha cortado mucho en la sala de montaje aunque, si por ella fuera, su montaje sería una película de unas ocho horas como mínimo (algo que ya hubiese sido todo un reto para el propio espectador y su atención).

 

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Menos mal que tras este filme nos estaba esperando el plato fuerte del día: C’EST L’AMOUR, de PAUL VECCHIALI (ya teníamos ganas de ver esta película después del buen sabor de boca que nos había dejado el día anterior su CHANGE PAS DE MAIN). Y las expectativas se superan.

Un VECCHIALI muy juguetón con la cámara ya desde el comienzo, con esa repetición de escenas desde dos puntos de vistas distintos, mostrando ese lado del deseo y la pasión en las relaciones, que necesitan cambiar para volver a mantenerse como al principio. Es, por lo tanto, una película con una estructura, tal y como dice el propio director, muy simétrica.

 

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Y su juego no acaba ahí. Se permite cambiar de género cada poco tiempo, así como lanzar algún dardo envenenado a compañeros suyos de la profesión, con GUIRAUDIE y EL DESCONOCIDO DEL LAGO como diana. Por lo demás, da mucho gusto ver películas como esta en el festival, que te alegren la mañana, y no tanto drama lacrimógeno. Y esto es así porque, en la primera sesión de la tarde, asistí a una de las películas más duras que he visto hasta ahora en el festival: UNDER THE ELECTRIC CLOUDS, de ALEXEI GERMAN JR. que sigue demostrando que es hijo de su padre, con el cual lleva haciendo un flaco favor por el cine ruso desde hace décadas.

Uno no sabe muy bien qué es exactamente lo que quiere contar el director con esta película hecha por capítulos, como si se tratasen de cuentos de ciencia ficción sobre una Rusia futurista donde parece que todo va mal. Ni siquiera una buena atmósfera y algunos planos reseñables salvan el despropósito de la cinta.

 

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La cosa tampoco mejoró mucho con la siguiente cinta (UNA HISTOIRE AMÉRICANE), en donde volvemos a encontrarnos con VINCENT MACAIGNE en su papel de loco enamorado, esta vez más obsesivo y acosador que en TWO FRIENDS.  Una tragicomedia romántica con Nueva York como telón de fondo en la que intenta reconquistar, por activa y por pasiva, a su gran amor, a pesar de que esta ya ha rehecho su vida. No comienza mal, pero a medida que se va acercando el final parece como si el propio director no supiera qué camino seguir, hasta llegar a un final anticlimático que nos deja insatisfechos.

 

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Para rematar el día, había muchas ganas de ver lo nuevo de NORBERTO RAMOS DEL VAL, director de una de las películas más inclasificables que tuve el gusto de ver hace unos años (SUMMERTIME)y que aquí se pasa a la comedia romántica de chico conoce a chica desequilibrada.

 

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El problema es que tanto dialogo, tanto plano repetido y un ritmo muy irregular crean una película que deja agotado al espectador, a lo que se le suma un uso más insufrible aún de la voz en off del protagonista.

Esperemos que el día de mañana sea algo mejor.

 

Miguel Ángel Torres

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