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hanks and sarita choudhury in A HOLOGRAM FOR THE KING

Es vox populi que, con el cambio de milenio, la trayectoria de Tom Hanks se fue desvaneciendo. Sin embargo, en los últimos años, a raíz de su participación en dos proyectos multipremiados (Capitán Phillips y Al encuentro de Mr. Banks, ambos de 2013), su prestigio crítico parece que ha remontado unos cuantos escalones. El año pasado fue muy elogiado por su trabajo en El puente de los espías, y pronto le veremos bajo las órdenes de Clint Eastwood en Sully (2016). A primera vista, pueden parecer buenas noticias para los fans del actor (club formado por prácticamente todo el mundo); mas si rascamos un poco, es preocupante ver la derivada ideológica de su carrera. Tanto en Capitán Philips (2013) como en El puente de los espías (2015) interpreta a personajes que viajan a otros países para, al final, concluir que qué bien se vive en los Estados Unidos. ¿Casualidad? Creemos que no. Esperando al rey trata de lo mismo.

Basada en la novela Un holograma para el reyde Dave Eggers, y llevada a la gran pantalla por Tom Tykwer (director de Corre, Lola, corre, en 1998, y Sense 8, en 2015), Esperando al rey reflexiona sobre la alienación de un hombre con una fuerte crisis personal en un país completamente opuesto al suyo, Arabia Saudí. No le ayuda el hecho de que la supuesta área de urbanización donde tiene que trabajar aún no este construida y él y su equipo se vean obligados a tirar adelante con el proyecto desde una tienda sin wifi ni aire condicionado (dato interesante: se encuentran en el medio del desierto). A partir de aquí empezará una pesadilla kafkiana que le llevará a una lucha imposible contra la burocracia, objetivo de la sátira cinematográfica desde Ikiru (1952) hasta Las doce pruebas de Astérix (1976).

Aunque el punto anterior sea el más interesante del filme, también conviene destacar la sugestiva asociación que hace de crisis personal, problemas con su esposa y autodecepción en el ámbito profesional, con enfermedad física. Esta actúa como señal de alarma de que algo no va bien y es el detonante para que empiece un cambio de vida y una reafirmación de su personalidad. Todo este viaje es perfectamente plasmado por un brillante Tom Hanks, siempre muy por encima de la calidad de sus películas. A su lado despuntan Sarita Choudhury (vista en Homeland) y, sobre todo, un hilarante Alexander Black.

A-Hologram-for-the-king

Otro punto a favor del filme es su montaje. Como en otro filme que se estrena este viernes, se usa para representar asociaciones mentales que hace el protagonista entre el presente y momentos muy puntuales de su pasado. Al no hacer abuso de esta técnica y al elegir transiciones muy precisas, el efecto que tiene es el adecuado y ayuda a mantener la atención del espectador. Particularmente agudos son los saltos a dos momentos en el pasado del personaje interpretado por Tom Hanks. En uno está subido a una montaña rusa justo en el momento en que sientes aquella cosa en la barriga, y en el otro está a punto de comunicar una mala noticia a sus empleados. El primero se inserta en momentos en los que el personaje no tiene ningún control de la situación, y el segundo en los momentos en que va a tomar una decisión profesional importante.

Finalmente, en el ámbito negativo, nos parece que Esperando al rey no acaba de encontrar el tono que busca: por un lado, intenta ser una sátira del afán lucrativo del hombre al querer construir una urbanización en el medio del desierto a expensas de unos trabajadores explotados y en la más estricta miseria (escondidos en un edificio); por otro, un análisis clínico de un personaje; por otro, una historia de amor redentor y, por otro, una comedia ligera sobre los choques culturales. Todo esto en 97 minutos. Esto no es Corre, Lola, corre, Tom Tykwer: o aumentas la duración (no recomendable) o reduces tramas y fortaleces las principales. Quien mucho abarca poco aprieta.

 

LO MEJOR:

  • El buen hacer de Tom Hanks.
  • La sátira de una sociedad muy desigual.
  • El montaje, muy inteligente.

LO PEOR:

  • El director no sabe muy bien qué tono dar a la cinta.
  • La poca tradición de hacer autocrítica del cine estadounidense.

 

Pau Jané

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