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Xavier Dolan Canadian actor and filmmaker, Paris, FRANCE - 30/09/2014/JDD_132501/Credit:Eric DESSONS/JDD/SIPA/1410061331
Xavier Dolan Canadian actor and filmmaker, Paris, FRANCE – 30/09/2014/JDD_132501/Credit:Eric DESSONS/JDD/SIPA/1410061331

En 2009 la comunidad cinéfila asistía a un suceso inédito hasta entonces: un desconocido y jovencísimo director canadiense de apenas 20 años levantaba tres premios en la sección Quincena de Realizadores del Festival de Cannes. Nunca antes un artista había conseguido alzarse con tantos galardones en el famoso festival francés a una edad tan precoz. ¿La razón? YO MATÉ A MI MADRE, un relato autobiográfico escrito por un tal XAVIER DOLAN a los 16 años que él mismo dirigiría e interpretaría 3 años después, tras encontrar una productora que respaldara su proyecto. Con influencias de PEDRO ALMODÓVAR, WONG KAR-WAI y JOHN CASSAVETES, XAVIER DOLAN había llegado para quedarse: l’enfant terrible del nuevo siglo ya estaba aquí.

YO MATÉ A MI MADRE (2009), LOS AMORES IMAGINARIOS (2010), LAURENCE ANYWAYS (2012), TOM EN LA GRANJA (2013) y MOMMY (2014). Cinco películas (y en solo seis años) le bastaron a XAVIER DOLAN para colocarse entre la élite cinematográfica mundial. Ególatra, irreverente, narcisista y provocador, el director tiene una fila de detractores tan larga como la de sus admiradores; y no es para menos: el de DOLAN es un cine muy sugerente (demasiado para los más puritanos). Cuestión de gustos, juzguen ustedes mismos.

 

1. YO MATÉ A MI MADRE (2009)

Especial XAVIER DOLAN. UN CREADOR INCOMBUSTIBLE

“Amamos a nuestras madres casi sin saberlo, y solo nos damos cuenta de lo arraigado que es ese amor en la separación última”.

Ya en su primera película observaríamos algún vestigio de lo que posteriormente se convertiría en su marca personal. Destaca sobremanera su musicalidad, en palabras del propio director: En una película hay momentos de narración y momentos en los que se respira. Las películas respiran en esos momentos musicales“. Si hay algo en lo que se ha consagrado XAVIER DOLAN es en su manejo de la sinestesia audiovisual; pocos son capaces de acercarse a su capacidad para fusionar de una manera tan precisa imagen y sonido. Para algunos, poesía audiovisual; para otros, burdos videoclips que no hacen otra cosa que entorpecer la narración. YO MATÉ A MI MADRE tiene también esa preciosa fotografía, pulcra y cuidada, aunque poco arriesgada en comparación con otras obras suyas, y un tímido pero correcto tratamiento del color, presagio y anticipo de lo que nos ofrecería XAVIER DOLAN en sus siguientes películas.

Pero antes de entrar a valorar lo que es el largometraje en sí, hay que tener en cuenta dos factores muy importantes; por un lado, su presupuesto, que apenas alcanzó los 350 000 euros y, por otro, que el guion fue escrito por un adolescente de 16 años. La ópera prima de DOLAN ofrece todo aquello que podríamos esperar de una relación de un chaval de esa edad con su madre. Todo esto, por supuesto, elevado a la calidad que solo los genios pueden alcanzar: hay que tener mucho talento para hacer una película de este calibre con tan solo 16 años. Puede que YO MATÉ A MI MADRE no sea la mejor película del director, pero es indudable que la genuina capacidad del canadiense ya empezaba a mostrarse tímidamente.

En YO MATÉ A MI MADRE somos espectadores de la tortuosa (casi visceral) relación de Hubert Minel (XAVIER DOLAN) con su madre, Chantale Lemming (ANNE DORVAL). Navegando entre la teatralidad y la confesión personal (la película intercala monólogos de Hubert, o lo que es lo mismo, de XAVIER DOLAN), el film no se esfuerza en ocultar el descarado narcisismo del protagonista, cuyo ego e inestabilidad emocional son los principales conductores de una turbulenta relación que se convertirá en el eje absoluto de la narración. Sobre la mesa temas tan complejos de abordar como la propia relación materno-filial, la homosexualidad y el ingreso en un internado de un joven cuyos padres han perdido cualquier esperanza.

Especial XAVIER DOLAN. UN CREADOR INCOMBUSTIBLESiempre desde una perspectiva marginal (sobre el protagonista gira una reciente homosexualidad, la incomprensión del entorno y el divorcio de sus padres), DOLAN consigue, gracias a un guion prácticamente impecable, hacer de YO MATÉ A MI MADRE una película honesta y dura a partes iguales, una obra que sorprende por su frescura e (in)madurez a la hora de afrontar, desde el prisma de la adolescencia, los sentimientos de un hijo por una madre que no siente como su madre. Es asombrosa la destreza del canadiense para reflejar esa disyuntiva que supone la personalidad del protagonista: Cuando lo digo, lo digo en serio. Es verdad, la quiero. Pero no es amor de hijo. Es extraño… Si alguien le hiciera daño, querría matarle. Le mataría. Sin embargo, se me ocurren 100 personas a las que quiero más que a mi madre. Es bastante irónico… tener una madre a la que no eres capaz de querer, pero eres incapaz de no quererla”. Como ya hemos dicho, una incesante carta de amor-odio excelentemente resuelta por XAVIER DOLAN.

La narrativa, a veces torpe, peca de ser demasiado lineal. Pero ¿realmente se le puede exigir algo más a un adolescente de 16 años? Salvo esporádicas apariciones de secundarios como SUZANNE CLÉMENT (que se convertiría luego en habitual del canadiense) y NIELS SCHNEIDER (que repetiría en la que sería su próxima película), el largometraje se centra única y exclusivamente en la trama materna. Pese a los escasos medios que tenía, la película contó con una más que aceptable puesta en escena que ya dejaba entrever el amor del director por hacer de sus películas auténticas delicias visuales. La fotografía, algo repetitiva (nada que el director no solucionara con su siguiente largometraje: LOS AMORES IMAGINARIOS).

 

2. LOS AMORES IMAGINARIOS (2010)

Especial XAVIER DOLAN. UN CREADOR INCOMBUSTIBLE

“La única verdad es el amor irracional”.

Como cualquier chico joven de su edad (21 años tenía en el 2010), XAVIER DOLAN viajaba en el tren con sus amigos. Abatido por la imposibilidad de grabar un proyecto que se le quedaba demasiado grande por motivos económicos, decidió escribir en ese mismo momento un borrador  a partir de una conversación que mantuvo con sus colegas acerca de triángulos amorosos. XAVIER DOLAN ya tenía su segunda película (LOS AMORES IMAGINARIOS) y no solo superaría el éxito de la primera al ganar el Premio de la Juventud de Una Cierta Mirada en el Festival de Cannes, sino que duplicaría las ventas de su antecesora al conseguir una nominación en los Premios César a Mejor Película Extranjera. L’enfant terrible había vuelto y ya tenía poco de niño.

Atrás quedaba ese director novato que se enfrentaba por primera vez al reto de grabar un largometraje. DOLAN, conocedor ya en parte de los entresijos del complejo lenguaje cinematográfico, dejó, en esta segunda vez, que la imagen hablara por sí sola. Un adonis (NIELS SCHNEIDER) y dos personajes, Marie (MONIA CHOKRI) y Francis (XAVIER DOLAN), que orbitan alrededor de él como la Tierra al Sol. ¿Quién es ese adonis tan creído?, pregunta Marie. Un sobre negro como símbolo de luto, unos cuchillos incesantes, dolorosos como el amor, y una obsesiva y desleal competición por conseguir la atención de ese pseudoadonis que tanto mima DOLAN con la cámara. Comienza LOS AMORES IMAGINARIOS.

 

 

A medio camino entre el narcisismo y la pretensión,  el canadiense vuelve a insistir por segunda y última vez en los monólogos (esta vez interpretado por otros actores) como medio para expresar su opinión, ya que DOLAN aún es incapaz de sostener la totalidad de sus argumentos a través de la imagen. Los monólogos se aíslan como pasajes marginados de la historia que, aunque mantienen y defienden el mismo discurso que la trama, entorpecen ligeramente la fluidez narrativa de la película, que se atraganta cuando aparecen en pantalla dichas confesiones.

Esta segunda película suya respira con una serenidad mayor que su antecesora, con un pulso más trabajado y firme. Si bien es verdad que, como los monólogos, algunos de sus momentos musicales se mantienen demasiado apartados de la narrativa y de la trama, en esta segunda entrega ya apreciamos una mayor habilidad de XAVIER DOLAN para la musicalidad y el ritmo, firma de la casa y principal característica del director. Al canadiense le había valido una sola película para autodefinirse  y descubrir su pulsión cinematográfica. Repite en el reparto ANNE DORVAL, esta vez no como madre del director, sino como madre del héroe griego particular del canadiense (de nuevo nos encontramos con una figura materna que no ejerce como tal).

LOS AMORES IMAGINARIOS es la historia del amor universal, con todas sus facetas. Es la historia del amor que tiene más de “pseudo” que de “amor”. Es obsesión, amor platónico y desamor. Es JAMES DEAN, AUDREY HEPBURN y una prostituta de BLADE RUNNER en una misma fiesta. Es, en definitiva, XAVIER DOLAN.

 

3. LAURENCE ANYWAYS (2012)

Especial XAVIER DOLAN. UN CREADOR INCOMBUSTIBLE

“Estoy buscando a una persona que entienda mi lenguaje y lo hable. Una persona que, sin ser paria, cuestione no solo los derechos y el valor de los marginados, sino también de las personas que dicen ser normales”.

Y DOLAN se hizo mayor. Y tuvo una película: LAURENCE ANYWAYS, su largometraje más ambicioso hasta la fecha. Una epopeya de casi tres horas de duración en la que experimentó con la sexualidad humana como nunca antes había hecho en su filmografía. Un paso atrevido sin duda (demasiado quizás), ya que no es un concepto ni mucho menos fácil de abordar: hay que conocer demasiado sobre la psique humana para salir ileso de una película así. Acostumbrado a apoyarse en exceso en su manejo del encuadre y la fotografía, este era un proyecto complejo para el francés: tocaba abandonar los habituales senderos autobiográficos de sus anteriores películas y abordar el cine desde una perspectiva ajena a su ego. Y así hizo: se puso detrás de las cámaras y dejó que todo el peso cayera sobre sus dos protagonistas. Paradójicamente, LAURENCE ANYWAYS es, después de todo, la película en la que más late la personalidad cinematográfica de XAVIER DOLAN.

¿Qué pasa por la mente de un hombre que se siente mujer? ¿Hasta qué punto un cambio en nuestro yo incide en lo que nos rodea? Cuando te enamoras, ¿de qué lo haces realmente? ¿De la persona? ¿De su imagen? Preguntas complicadas, difíciles de responder si nos valemos tan solo de recursos visuales. DOLAN construye un delicado cuadro acerca de la feminidad acertado en su superficie pero fallido en su contenido, y todos sabemos que una operación de cambio de sexo no solo implica una transformación estética, sino también una revolución que germina en la psique de cada uno; en definitiva, un proceso catártico para el cual el joven director canadiense no estuvo a la altura. La historia de Laurence (MELVIL POUPAUD), profesor de literatura, y de su novia Fred (SUZANNE CLÉMENT) acaba por descubrir demasiadas fisuras en una película que se desinfla hasta la decepción.

Especial XAVIER DOLAN. UN CREADOR INCOMBUSTIBLESi ya de por sí es complicado escribir un guion con un trasfondo tan complejo como el de LAURENCE ANYWAYS, hacerlo de manera que dure tres horas es una tarea solo al alcance de los más grandes y XAVIER DOLAN (todavía) no lo es (por lo menos en el sentido más narrativo). Tras una primera hora y media con altibajos, pero, a fin de cuentas, absolutamente brillante, la película decae en otra hora y media tan innecesaria como insulsa. LAURENCE ANYWAYS pudo haber sido resuelta en una única hora y media (dos a lo sumo); pero DOLAN, preso de su ego, insiste constantemente en demostrar su carácter de mago con la cámara, como el futbolista que realiza muchas filigranas pero luego no consigue meter un gol. Rodada  en 1.33:1 en vez del formato estándar 1.85:1 y grabada sobre todo con primeros planos, el cineasta consigue una perspectiva muy íntima pero se queda ahí. El canadiense acaba con un largometraje excesivo en la forma que no acaba de convencer precisamente por esto: porque LAURENCE ANYWAYS es, en realidad, una película hueca decorada excepcionalmente. Mención aparte para su banda sonora, eléctrica y brillantemente elegida.

Otra cosa no, pero con 22 años, DOLAN parecía haber alcanzado la cumbre de su plasticidad. En sus dos próximas películas no veríamos tanto de su decorosa fotografía ni tampoco (o al menos no tanto) de su ego. Su cine sería mejor a partir de LAURENCE ANYWAYS, que para él supondría una especie de punto de inflexión creativo. El primero de estos cambios vendría con TOM EN LA GRANJA, experimento incompleto, fallido, pero indispensable para construir los cimientos del nuevo cine que quería hacer el canadiense. El segundo vendría con MOMMY, su mejor película, el mejor DOLAN (más tras la pausa).

 

 

4. TOM EN LA GRANJA (2013)

Especial XAVIER DOLAN. UN CREADOR INCOMBUSTIBLE“Hoy murió una parte de mí y no puedo llorar, pues he olvidado todos los sinónimos de tristeza. Lo único que puedo hacer sin ti es reemplazarte”.

El principio de TOM EN LA GRANJA es como una confesión de su director: “Una parte de mí ha muerto y no puedo llorar”, escribe su protagonista. Algo había cambiado en el estilo del canadiense. Ya no era ese director barroco y excesivo en la forma al que estábamos acostumbrados; había algo más oscuro y maduro, algo más trabajado en su cinematografía prematura. Decir que es su peor película sería injusto; TOM EN LA GRANJA es un nuevo DOLAN, un DOLAN que sigue compartiendo su gusto por la estética y el drama pero que ya no encuentra en los excesos su firma personal. A partir de ahora resulta más equilibrado, con una fotografía (casi onírica) más cercana a DAVID LYNCH que a sí mismo en sus anteriores trabajos, y una narrativa más elaborada que, aunque resultara algo fallida, asentaría las bases de su próxima (y mejor) película: MOMMY. 

DOLAN repite en el papel protagonista tras su descanso en LAURENCE ANYWAYS, pero ya no lo hace personificando a su ego como en YO MATÉ A MI MADRE o LOS AMORES IMAGINARIOS. Ahora se pone en el papel de un personaje mucho más complejo y oscuro: Tom, un joven publicitario que, tras la muerte de su novio, asiste al funeral en la granja de su familia natal. La trama, tan turbia como densa (como el mejor cine negro), avanza a partir de los frecuentes conflictos morales acerca de la sexualidad que siempre propone el director. Como antagónico, el hermano del fallecido (PIERRE-YVES CARDINAL), un psicópata que iniciará una relación amor-odio con Tom; y por último, Sarah (EVELYNE BROCHU), una mujer de la que supuestamente estaba enamorado el novio del protagonista. DOLAN disfruta con la cara más visceral del amor, con los triángulos amorosos, con los celos, con el caos.

Especial XAVIER DOLAN. UN CREADOR INCOMBUSTIBLE

Inspirado en la obra homónima de Michel Marc Bouchard, DOLAN es capaz de crear una atmósfera sublime, de esas que te atrapan… y te sueltan. Porque el mayor defecto de TOM EN LA GRANJA, como le pasaba a LAURENCE ANYWAYS, es que es incapaz de sostener el ritmo durante la hora y media que dura el film. A medida que avanza la película se derrumba, al entrar en una espiral caótica de personajes, sentimientos y situaciones que no acaban por encontrar su lugar dentro del ambiente que construye el director: ese paisaje desolador y conservador que ofrecen las granjas rurales más aisladas de las grandes ciudades. Un intento de Hitchcock en el que el canadiense sale mal parado.

Pese a todo, la realidad es que debemos mucho a “la peor película de XAVIER DOLAN“; a partir de sus errores en ella, supo construir la que sería su próxima película, MOMMY, una versión mejorada de su ópera prima, en la que demostró todo la que había madurado después de hacer largometrajes a ritmo de WOODY ALLEN (cuatro en cinco años).

 

5. MOMMY (2014)

Especial XAVIER DOLAN. UN CREADOR INCOMBUSTIBLEEsta es la historia de Diane “Die” Després.

¿Qué pasa cuando la experiencia de un director se acerca por fin a su talento? Que se hacen películas como la de MOMMY, obra cumbre del canadiense. Hacía mucho ya que XAVIER DOLAN había dejado de ser ese enfant terrible del que todos hablaban (sobre todo después de LAURENCE ANYWAYS). Ya era un hombre de 25 años (habían pasado casi 10 años desde que escribió su primer guion), decidido a dejar atrás todas esas etiquetas que le tachaban de repetitivo, egocéntrico e infantil. ¿Qué hizo? Rehacer su primera película (YO MATÉ A MI MADRE) desde una perspectiva adulta, desde un prisma que reflejara su crecimiento tanto a nivel personal como cinematográfico. Y vaya si lo consiguió.

12 minutos. 12 minutos de aplausos acogieron a DOLAN cuando acabó la proyección de MOMMY en el Festival de Cannes. Éxito rotundo y absolutamente indiscutible. El canadiense había hecho su mejor película de lejos; pocas cosas que reprocharle en un largometraje en el que, por fin, parecía haberse encontrado a sí mismo. Equilibrio absoluto entre contenido y forma (algo más flojo en el primer término), pero, aun así, mejor que en el resto de su filmografía: una fotografía cálida, cercana e indie, rodada en un 1:1 que acertadamente oprime tanto al protagonista como al espectador, y una banda sonora (todo hay que decirlo) poco arriesgada, pero que alcanza la simbiosis perfecta con la imagen.
momy2He crecido en una familia monoparental, con mi madre. La he visto lograr muchas cosas y perder otras“, afirma DOLAN,  que no se esfuerza por esconder esa particular obsesión con la que tanto disfrutaría Freud. Cinco años después de su primera película, su visión acerca de la figura materna sufre algunos cambios, apreciables no solo a nivel estético (nada tiene que ver esta madre, con esta otra, ambas interpretadas por ANNA DORVAL), sino también a nivel social y psicológico: la madre de MOMMY es un personaje mucho más libre, respetuoso; no es esa figura opresora (desde la perspectiva de DOLAN) que existe en YO MATÉ A MI MADRE. XAVIER DOLAN había madurado y ya no tenía esa actitud infantil e injustificada que podía tener cualquier adolescente de su edad hacia su madre; ahora veía a la figura materna como una persona necesaria para el crecimiento de un hijo, lo cual le beneficiaría (y mucho) durante el proceso de creación.
MOMMY ganó el Premio del Jurado del Festival de Cannes (merecidísimo galardón para una película que no desvela apenas  fisuras). Fue muy acertada tanto la elección del jovencísimo ANTOINE-OLIVIER PILON (que ya había trabajado con el canadiense en una aparición fugaz en el final de LAURENCE ANYWAYS y en un videoclip de Indochine, también dirigido por Dolan), como la decisión de rodar en Quebec, ciudad natal del director. Encargado de dirección, producción, edición y hasta de diseño del vestuario de todas y cada de sus obras, las películas del canadiense parecen pertenecer (excepto TOM EN LA GRANJA, que se mantiene un poco más al margen del resto) a un mismo mundo: un mundo magnético y seductor, en el que el amor y la figura materna son los ejes centrales de unos personajes que viven aislados de un sistema que les margina por jactarse de ser normales.

 

UN CREADOR INCOMBUSTIBLE

Especial XAVIER DOLAN. UN CREADOR INCOMBUSTIBLE

“No siento que tenga que hacer un filme cada año. Es una necesidad. Es mi forma de expresarme”. XAVIER DOLAN no para. ¿El particular Crimen y castigo del canadiense? Tras ganar el Premio del Jurado de Cannes en su edición de 2014, al año siguiente formaría parte del jurado principal, junto con personalidades de la talla de los hermanos COEN, GUILLERMO DEL TORO o JAKE GYLLENHAAL. Para el futuro tiene ya varios proyectos preparados: JUSTE LA FIN DU MONDE (cuyo primer cartel colgó hace poco DOLAN a través de su Twitter), programada para el 2016 y con un reparto plagado de estrellas como MARION COTILLARD o LÉA SEYDOUX y, atentos sobre todo a la que será su primera película rodada íntegramente en inglés: THE DEATH AND LIFE OF JOHN F. DONOVAN, que deja atrás el cine europeo e incorpora a actores como JESSICA CHASTAIN y KIT HARINGTON. Veremos cómo se mueve el canadiense fuera de sus fronteras habituales.
Hace nada ha estado en boca de todos los medios por la grabación del nuevo videoclip de Adele, el primero en usar cámaras IMAX de la historia. Sus más de 300 millones de reproducciones en apenas dos semanas le avalan como uno de los realizadores en mejor forma del momento. No hay nada que se le resista a este joven de 25 años que parece ser el relevo generacional de WOODY ALLEN en cuanto a productividad se refiere. Portavoz de una generación, XAVIER DOLAN tiene la responsabilidad de demostrar cómo el cine, ese arte siempre asociado con la veteranía, es, en realidad, una forma de expresión ligada a la creatividad y al talento; un cine, como el que él propone, que debe existir para eliminar cualquier tipo de barrera o prejuicio.

 

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