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¿Cuáles son las probabilidades de triunfar cuando la producción que precede a una segunda historia ha recaudado más de 600 millones de dólares y una legión de miles de fans dedicados a lo largo del mundo? Muchas. ¿Cuáles son las posibilidades de que, tras el boom inicial, la segunda entrega de una saga contente y entusiasme aún más a los fans (y a los que no son tan fans) de lo que lo hiciera la primera? Pocas. Con la estadística en contra, FRANCIS LAWRENCE (SOY LEYENDA) llegaba a la taquillera franquicia con la compleja misión de erradicar los múltiples errores de LOS JUEGOS DEL HAMBRE, dotando a EN LLAMAS de personalidad propia y de una nueva forma de dirigir, sin perder ese halo narrativo y estético que, pese a fallos, había conquistado a fans y sectores de la crítica mundial.

Y lo cierto es que lo consigue. Objetivamente hablando, EN LLAMAS supera en todos los aspectos a su precuela, LOS JUEGOS DEL HAMBRE. Con una historia más compleja y que empieza a ahondar en la (in)justicia social, las revoluciones políticas y los dilemas morales, asistimos a la reconstrucción de un argumento que en su desarrollo, ahora sí, sabe proporcionarnos la necesaria acción, madurez y emotividad que requiere la trama. LAWRENCE suple el apartado técnico, tan criticable en LOS JUEGOS DEL HAMBRE por el excesivo uso de la cámara en mano, con una precisión y cuidado por cada plano nunca antes visto en una película del género. Esteticamente hablando, la dirección de fotografía es soberbia. EN LLAMAS es deslumbrante y exuberante, claramente diferenciada en los dos tramos del film (el Tour de la Victoria y la vuelta a la arena), recreando espectacularmente la fauna y flora exótica de la selva donde se desarrollan los 75º Juegos del Hambre.

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Sí, los Juegos han vuelto. El desafío de Katniss (JENNIFER LAWRENCE) hacia el Capitolio y el intento pactado de suicidio de Peeta Mellark (JOSH HUTCHERSON) y ella consiguió salvarlos la vida y proclamarles vencedores de los 74º Juegos del Hambre. Momentaneamente. La tranquilidad de la vuelta a casa se ve interrumpida cuando deben comenzar el Tour de la Victoria que lleva a los ganadores de los Juegos por los diferentes distritos. Inconsciente de lo que su acción había provocado, a lo largo del camino Katniss se da cuenta de que se está gestando una rebelión, de la que ella indirectamente es instigadora, pero en el Capitolio se intenta mantener todo bajo control. El Presidente Snow (DONALD SUTHERLAND) organiza los 75º Juegos del Hambre, El Vasallaje, la celebración de unos Juegos especiales cada 25 años, y en esta ocasión, la competición cuenta con una inesperada novedad que cambiará Panem para siempre: los tributos ganadores de cada distrito ya no están a salvo. Ellos son los que vuelven a la arena.

Con un presupuesto de 130 millones de dólares y una recaudación de más de 864 millones, la nominada a los Globos de Oro nuevamente a Mejor Canción Original reescribe las reglas del juego no sólo de la saga sino del posible futuro éxito del género young adult. El desarrollo de los personajes, no sólo del protagonista, se perfila como una parte esencial de la trama, restando protagonismo a LAWRENCE y convirtiendo el film progresivamente en un proyecto coral. Meritorios de ello, los nuevos personajes, entre los que destacar los interpretados por SAM CLAFLIN (Finnick Odair), JENA MALONE (Johanna Mason) o PHILIP SEYMOUR HOFFMAN (Plutarch) se convierten en un punto central de la historia sobre la que giran las diferentes subtramas, más ágiles, más valientes, más grandes, más inteligentes. Un más continuo que no decae durante las más de dos horas y media de metraje de la cinta, excesiva y reiterada en cuestión de ritmo, notable en cuestión de adaptación literaria, donde la novela homónima de COLLINS, nombrada por la mayoría de lectores como la mejor de la saga, es trasladada (casi) literalmente a la gran pantalla.

 

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Es cierto que LOS JUEGOS DEL HAMBRE no es Fahrenheit 451, 1984 o Un Mundo Feliz, los tres máximos referentes de la literatura ambientada en futuros distópicos juvenil, pero también es cierto que nunca ha jugado a ello ni ha pretendido serlo. En su comparación con filmes como BLADE RUNNER o BRAZIL pierde al originar estas en sus guiones nuevas vertientes del género, pero tampoco ha pretendido nunca compararse con algunos de los llamados por méritos propios grandes clásicos. LOS JUEGOS DEL HAMBRE propone la crítica social, la revolución en ciernes como sustento sobre el que basar una saga de descontento popular y poder totalitario. Propone adaptar una temática considerada como adulta a un género vapuleado recientemente y considerado demasiado infantil. Y en esa simbiosis entre lo adulto y lo infantil, entretener a ambos. Para qué engañarnos, lo cierto es que lo consigue.

 

Lydia Martínez

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