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img_20160921_111414Comienza a acumularse el trabajo, así que arrancamos el día relajados y escribiendo para empezar a dar forma a las primeras críticas del festival. Y así, tras armar el texto de la crítica de El hombre de la mil caras, nos dirigimos a la rueda de prensa más esperada del festival, la de Sigourney Weaver, que por partida doble protagonizaba todas las miradas: como Premio Donostia primero, y también como miembro del equipo de Un monstruo viene a verme. Primero ella a solas, y después acompañada del equipo de la película. En ambos casos, su protagonismo fue absoluto, porque la actriz supo hilvanar un discurso muy certero en cada una de sus contestaciones, hasta el punto de convencer y levantar hasta dos aplausos muy sonados con sus respuestas, una de ellas de libro, defendiendo que ya pasó el tiempo de quejarse del poco protagonismo de la mujer en el cine y la televisión, porque las cosas ya han empezado a cambiar, y el rol protagonista de la mujer ya es una realidad en las tramas de la ficción mundial.

Lo que no entendemos tanto es qué hacía Paolo Vasile en la rueda de prensa junto al equipo de la película, pues con J. A. Bayona al lado, Sigourney Weaver, o Patrick Ness (autor de la novela que adapta la cinta) lo tenía muy crudo si quería que alguien le preguntase.

img_20160921_113651Tras la rueda de prensa, tiempo para el tradicional posado, y aquí el bueno de J. A. Bayona tuvo que acabar (entre bromas) subiéndose a un taburete de plástico para estar a la altura (no os creáis que más) de Sigourney Weaver.

La otra gran cita del día era Snowden, la incursión de Oliver Stone en la figura del polémico agente de inteligencia norteamericano que se largó por la puerta de atrás con montañas de datos que dejaban con el culo al aire las prácticas de las agencias norteamericanas y su total falta de ética o civismo alguno a la hora de respetar la intimidad de los ciudadanos e instituciones de todo el planeta.

Festival de San Sebastian Snowden El PalomitronY aunque Snowden acaba siendo un filme entretenido, el director no es capaz de afilar el dardo y el resultado se acerca más al telefilme que al esperado formato documental de denuncia que todos esperábamos. Mucho menos incisiva que Citizenfour, la cinta de Stone solo acaricia los puntos más polémicos en su superficie y elige dar prioridad a las relaciones personales de Snowden y su pareja o a los capítulos que recrean su huida de la agencia. Esperábamos más, mucho más, porque el tema era muy potente para que los diseccionara el mejor Stone; aunque quizá sea hora de aceptar que ese Stone ya no volverá.

Una jornada puente que nos encamina hacia la recta final del festival. Un festival que solo necesita un par de sorpresas más para convertirse en uno de los más gratificantes de los últimos años.

Alfonso Caro

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