Compartir

El escándalo sexual de Harvey Weinstein

Hace tan solo unos días conocíamos la triste noticia: Harvey Weinstein, uno de los productores más poderosos y con mayor prestigio de Hollywood, había pasado de la noche a la mañana de gran descubridor de talentos desconocidos y sabueso de los negocios a sempiterno depredador sexual. La noche caía sobre el bosque de acebos californiano y una de sus estrellas más refulgentes, aquella que diera a conocer a Quentin Tarantino y Steven Soderbergh e impulsase las carreras de Matt Damon y Ben Affleck, desaparecía del firmamento, eclipsada por su propia vergüenza y la de todos los que la rodeaban.

Harvey Weinstein, fundador de la Weinstein Company junto con su hermano Bob, ambos iconos promotores del cine indie moderno y emperadores de los Oscar (Shakespeare in loveThe Artist, El discurso del rey…), cometió durante décadas una serie de despreciables “crímenes” sexuales que la industria no ha tardado en condenar con indignación. Ashley Judd (Asesinos natos, Heat, El coleccionista de amantes) y Rose McGowan (Planet Terror, Machete, Conan el bárbaro) dirigen esta cruzada contra Weinstein bajo la capitanía del periódico The New York Times, que publicó en exclusiva el pasado 5 de octubre un informe donde se recopilaban docenas de declaraciones de víctimas que habían sufrido toda clase de abusos por parte del “capo” de Hollywood.

Al parecer, durante el rodaje de El coleccionista de amantes (1997), Harvey Weinstein, que por aquel entonces dirigía Miramax, llamó a Judd para que acudiera a su habitación del hotel Peninsula. Allí, vestido tan solo con una bata (no nos extrañaría que semiabierta y con un enorme puro entre los dientes, a lo Tony Soprano), ofreció a la actriz la amable invitación de darle un masaje de cuello. Al obtener una negativa (Judd no se dejó arrinconar por las artimañas del magnate), le propuso ver cómo se duchaba completamente desnudo. La actriz abandonó el lugar repugnada.

El escándalo sexual de Harvey Weinstein

Años después aquella celebérrima (por desgraciada) habitación de hotel fue objeto de otro abuso de poder: a Emily Nestor, una exempleada de la Weinstein Company, se le ofreció un ascenso en su carrera a cambio de varios favores sexuales. Más tarde, otra asistente tuvo que masajear al productor mientras se encontraba como Dios lo trajo al mundo. El caso de McGowan es incluso más grave: la que fuera pareja de Marilyn Manson y Robert Rodriguez denunció que Weinstein la violó cuando tenía 23 años y que había callado durante todo este tiempo porque fue compensada económicamente; compensaciones que, dicho sea de paso, parecen haber sido algo habitual durante todos estos años. Ahora ella lidera la ofensiva contra el productor.

 

La respuesta de los hombres y mujeres de Hollywood

A McGowan y a Judd se les han unido multitud de actrices que, indignadas por los reiterados abusos sexuales de Weinstein, han compartido el malestar que sintieron cuando el productor se les insinuó en el pasado: Mira Sorvino, Gwyneth Paltrow, Angelina Jolie, Léa Seydoux, Cara Delevingne y Rossana Arquette, entre otras, sufrieron la lascivia desenfrenada del nuevo homme fatale del séptimo arte. Otras, que desconocían estas prácticas enfermizas, han demostrado su total asombro y rechazo más absoluto, entre ellas Meryl Streep, Jessica Chastain y Penélope Cruz, cuya película Vicky Cristina Barcelona (dirigida por Woody Allen, quien también fue acusado de abusos sexuales y quien dijo sentirse triste por esta noticia, como si eso no fuese un acto de hipocresía sin límites) fue distribuida por The Weinstein Company.

El escándalo sexual de Harvey Weinstein

Algunas declaraciones abundan en detalles, como aquella que hizo pública Léa Seydoux (Malditos bastardos, La vida de Adèle o SPECTRE) a través de una carta enviada al diario británico The Guardian: “Estábamos hablando en el sofá cuando de repente se abalanzó sobre mí e intentó besarme. Tuve que defenderme. Él es grande y gordo, así que tuve que utilizar la fuerza para resistirme. Dejé su habitación muy asqueada. Pero no estaba asustada, porque sabía qué clase de hombre era desde el principio”. The New Yorker incluso llegó a publicar una grabación en la que se escucha a Weinstein intentando abusar de la modelo italofilipina Ambra Battilana Gutierrez.

Los hombres se han alineado tanto a favor como en contra del magnate. Oliver Stone ha pedido moderación y esperar a ver cuáles son los resultados, mientras que Matt Damon y Russell Crowe han sido severamente criticados por McGowan por el supuesto encubrimiento de Weinstein y haber evitado que el escándalo se destapase hace 13 años. Sin embargo, los actores (incluyendo a Ben y Casey Affleck, que también han recibido los dardos de la actriz) han condenado los actos de Weinstein, alegando que no tenían ni idea de lo ocurrido. Otros, como Quentin Tarantino, protegido de los hermanos, han confesado sentirse en “shock” por la noticia. Darren Aronofsky, director de Cisne Negro y madre!, ha condenado públicamente todo tipo de agresión sexual.

Las altas esferas políticas también han mostrado su más absoluto rechazo. Barack Obama, cuya hija Malia trabajó como becaria de los Weinstein, dijo sentir “asco” y reafirmó que el magnate debía rendir cuentas. Hillary Clinton se siente “impactada y horrorizada”. Hasta Donald Trump generó polémica en una rueda de prensa resaltando que conocía a Weinstein desde hacía mucho tiempo y que no le “sorprendía nada” lo que había hecho.

 

Lena Headey también sufrió acosos

La actriz de Juego de tronos, quien interpreta a Cersei Lannister en la ficción, también vivió varias situaciones de tensión con el productor. La primera se dio en 2005 durante la presentación de El secreto de los hermanos Grimm en el Festival de Venecia, un rodaje que ya de por sí fue bastante tortuoso para Headey por el supuesto maltrato psicológico perpetrado por Terry Gilliam durante la grabación. Headey se encontró con Weinstein, que le invitó a dar un paseo por los canales italianos. Ella aceptó sin imaginar que aquella sugerencia escondía un propósito perverso.

Mientras paseaban, Weinstein se detuvo en seco. Miró a Headey y le hizo un comentario sugerente y un gesto que invitaba a algún tipo de relación íntima. La actriz, sorprendida por el atrevimiento de aquel hombre, rio nerviosa y le dijo que lo olvidara, que podía ser su padre y que eso nunca ocurriría. “Así que fuimos a tomar algo con el resto del equipo y nunca más me llamaron de Miramax” (la productora en la que por aquel entonces trabajaba Weinstein).

Lena Headey Weinstein

Lo que pudo quedarse en un malentendido se convirtió, años más tarde, en una de las situaciones más incómodas y violentas que ha vivido la artista en toda su carrera. “Me lo encontré en Los Ángeles”, recuerda. Nunca pensé que volvería a atreverse a nada después de haberme reído en su cara y decirle que no ocurriría nada entre nosotros ni en un millón de años. Sin embargo, Weinstein y Headey quedaron para hablar de varios proyectos cinematográficos y el productor se las apañó para convencer a la actriz de que fuese a su habitación de hotel a recoger el guion.

La situación provoca una angustia sacada de cualquier película de terror y no hay nadie mejor que la intérprete para describirla: “Caminamos hacia el ascensor y de repente pasó algo que hizo que todo mi cuerpo se pusiera en alerta. Según subíamos, le dije a Harvey que no estaba interesada en otra cosa fuera del trabajo y que por favor no pensara que subía con él por otros motivos. Le recordé que no iba a pasar nada. No sé qué me llevó a hablar así en ese momento, pero sentía que tenía que hacerlo. Él se quedó en silencio, furioso. Salimos del ascensor y andamos hasta su habitación. Su mano estaba en mi espalda, empujándome hacia delante, sin decir ni una palabra. Me sentí completamente indefensa. Intentó meter la tarjeta de la habitación pero no funcionó, así que su furia fue en aumento. Al final, me llevó de nuevo al ascensor cogiéndome fuerte de la parte trasera del brazo, me pagó un taxi y me susurró al oído que nunca le dijese nada a nadie de lo que había ocurrido, ni siquiera a su manager o a su agente. Entré en el coche y me puse a llorar”.

 

El escándalo sexual de Harvey Weinstein y sus consecuencias

Tras la vorágine de repulsa y odio que han despertado los “indefendibles” (en palabras de George Clooney) actos de Weinstein, su vida personal y profesional pende de un hilo. El consejo administrativo de The Weinstein Company, en el que se encuentra su hermano Bob, lo ha despedido. Su mujer, Georgina Chapman, con quien tiene dos hijos pequeños, también lo ha abandonado. “Se me rompe el corazón por todas las mujeres que han sufrido por estas acciones imperdonables. He decidido dejar a mi marido“, declaró en un comunicado publicado por la revista People. La Academia Británica de las Artes Cinematográficas y de la Televisión (Bafta) suspendió como miembro al productor tras conocerse el escándalo. Probablemente solo sea el comienzo de una deriva irreversible.

El escándalo sexual de Harvey Weinstein

Hasta la serie que hubiesen protagonizado Julianne Moore y Robert De Niro bajo la dirección de David O. Russell, sin nombre y en manos de Amazon, ha sido cancelada después de que la empresa se replanteara la colaboración con The Weinstein Company. La compañía dirigida por Jeff Bezos ha criticado que desde hacía años corrían rumores sobre los actos deplorables de Harvey Weinstein y que nadie había hecho nada por aplacarlos. Los actores han respondido de la siguiente manera en un comunicado: “Por respeto a las personas afectadas, hemos decidido que lo mejor es no seguir adelante”. Otras series distribuidas por Weinstein han eliminado su logo para erradicar cualquier tipo de asociación entre el escándalo y sus productos, entre ellas Peaky Blinders.

Por su parte, Charles Harder, abogado experto en la defensa del derecho al honor, que estaba preparando una demanda por difamación contra The New York Times, también ha abandonado el barco. El exconsejero legal de Bill Clinton, Lanny Davis, se ha negado a defender a Weinstein. Hasta la diseñadora de moda Donna Karan, quien inicialmente rogó que la gente tuviese piedad con el productor, ahora se arrepiente de sus palabras.

Weinstein, que hasta hace poco había permanecido en silencio, ha confesado tener una obsesión con el sexo que tacha de problema mental y que jura tratarse a través de rehabilitación. Como si abusar sexualmente de actrices indefensas no tuviese nada que ver con la megalomanía de un hombre que lo ha conseguido todo en la vida y que ya no puede satisfacer sus ambiciones si no es aprovechándose de su poder e influencia. No. Al pobre Harvey Weinstein habrá que declararle un desequilibrio mental transitorio provocado por el estrés de una vida tan ajetreada.

David G. Maciejewski

No hay comentarios

Dejar una respuesta