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Eraserhead de David Lynch

In Heaven, everything is fine. In Heaven, everything is fine. You’ve got your good things. And I’ve got mine.

(En el cielo todo está bien. Tú tienes tus cosas buenas. Y yo tengo las mías.)

La mujer en el radiador, Eraserhead

Adentrarse en el vasto universo interior de David Lynch es una tarea compleja, a la par que intrigante. Compleja porque es difícil comprender lo incomprensible; intrigante porque sus imágenes, aunque inquietantes y surrealistas, resultan atrayentes precisamente por su esoterismo. Sin embargo nosotros, en este repaso cronológico por su filmografía, vamos a intentar ahondar en ese interior.

Eraserhead, el primer largometraje de un Lynch veinteañero, supuso una presentación de lo que posteriormente sería su filmografía: un mundo de pesadillas en el que la obsesión y el inconsciente se entremezclan con lo abyecto.

Eraserhead de David LynchEraserhead se estrenó en el Festival de Filmex en Los Ángeles en 1977. Llegó después de que Lynch hubiese intentado dedicarse tanto a la pintura como a la publicidad. Decidido a trasladar el surrealismo de sus primeras obras artísticas a la gran pantalla, el cineasta escogió un blanco y negro fúnebre directamente inspirado en los expresionistas alemanes para canalizar una historia que giraba en torno a lo que Lynch llamaba “un sueño con cosas oscuras y preocupantes”. Aunque no era su primera obra grabada (anteriormente ya había dirigido varios cortometrajes y mediometrajes experimentales, entre ellos los turbios Six Men Getting Sick, The Alphabet y The Grandmother), sí es la más emblemática y la que catapultó su carrera al estrellato.

Esta película iba a ser su proyecto de fin de estudios del American Film Institute (AFI), pero el rodaje, que comenzó en 1973 con una beca de 5000 dólares y con un tope de metraje que no superaba los veinte minutos, acabó alargándose durante 4 años y superando la hora y media de duración. Durante ese tiempo, Lynch pudo experimentar con los efectos visuales y sonoros, todos ellos elaborados artesanalmente.

El resultado fue una obra de culto sin precedentes. Cuando John Waters vio la película la convirtió en su favorita. William Friedkin, director de El exorcista, presidió el jurado del Festival de Avoriaz de 1980 que la homenajeó otorgándole el Premio del Jurado. Lynch pasó de ser un tipo peculiar que hacía cortometrajes extraños a ser una sensación del momento. Cuando Eraserhead comenzó a distribuirse la crítica quedó dividida: había quienes la tachaban de un absurdo incomprensible, mientras que otros la tildaban de obra maestra. Pero todos hablaban de ella.

Contrariamente a lo que se suele pensar, Eraserhead no tiene nada de fortuito. Sus imágenes salen directamente de las preocupaciones del propio Lynch, que, turbado por su situación personal, decide trasladar su angustia vital a la película. Algunas escenas, como la de la cena en la casa de los padres, están cargadas de una atmósfera opresiva, casi kafkiana, similar a la presión interna que experimentaba.

El ejemplo más claro se ve en la figura del recién nacido, reiterante en todo Eraserhead. Desoyendo los consejos de su padre, que le recomendó no tener hijos después de ver sus primeras obras artísticas, David Lynch tuvo una niña en 1968, con tan solo 22 años. La angustia existencial de tener un bebé y cuidarlo lo atormentaba: fetos, partos y nacimientos son tres constantes en la película. Tan solo hay que ver aquella escena en la que una extraña criatura esputa un líquido blanco y lentamente va pudriéndose, como si se tratara de un recién nacido que, por falta de cuidados, enferma y muere. Probablemente una metáfora sobre los miedos arraigados en la cabeza del director sobre la fragilidad de la infancia.

Muchas escenas también son una representación de los traumas de Lynch. Aunque tuvo una infancia feliz, cuando se mudó con su mujer y su primera hija vivía frente a una zona industrial de Filadelfia en la que no podía dormir bien. El protagonista de Eraserhead, Henry Spencer (interpretado por Jack Nance, fetiche del director, conocido también por su papel de Pete Martell en Twin Peaks), vive en una zona industrial devastada, parecida a un lodazal, donde los ruidos de fondo, algunos de ellos inidentificables, recuerdan al martilleo de una fábrica.

Eraserhead no es una película que se pueda contar: hay que verla. Sus imágenes son angustiosas y opresivas; el sonido, copado de ruidos que parecen extraídos de una película de terror, la acerca a la paranoia. Se trata de una pesadilla, una de tantas que Lynch trasladará a la gran pantalla. Este es solo el primer paso hacia la creación de un universo de creatividad desbordante. El hombre elefante será el siguiente.

David G. Maciejewski

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