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Julien Rappeneau y Alice Isaaz - El PalomitronJulien Rappeneau (J. R.) y Alice Isaaz (A. I.) llegaron al Instituto Francés rodeados de fotógrafos y posando en cada esquina. Son las dos figuras principales de Rosalie Blum, uno de los estrenos franceses recientes mejor valorados por la crítica y sobre la que hace unos días os escribíamos: él, el director, la mente creativa; ella, la actriz, una de las protagonistas. En una enorme habitación de reuniones y con la única compañía de un traductor que susurraba al oído las respuestas de los entrevistados, el encuentro, cargado de pasión por el cine, reveló algunos de los secretos que movieron a Rappeneau a llevar esta historia a la gran pantalla y que incitaron a Isaaz a formar parte del reparto.

La película parece girar en torno a la idea de que todos estamos unidos de alguna manera. ¿Cree en el azar o en algún tipo de unión mística que nos conecte a todos como seres humanos?

J. R.: Creo que en la vida hay casualidades, pero la película no habla de eso, sino de la manera en la que las personas se unen, ya sea por los problemas que tengan o las emociones que sientan. Eso es lo que acaba haciendo que se conozcan.

Rosalie Blum se trata de una obra de historias cruzadas. ¿Por qué la divide en tres apartados tan diferenciados?

J. R.: Es una percepción narrativa que está en el propio cómic de Camille Jourdy que adapto. Me pareció muy interesante jugar con los puntos de vista. Es como contarle a alguien una historia en la que va descubriendo cosas poco a poco, donde se plantean nuevas perspectivas. Es una manera de jugar con la imaginación del espectador. Además, a lo largo de la película los personajes se van revelando a sí mismos quiénes son, al tiempo que se revelan al público. Es como un gran puzle que se va desgranando lentamente.

¿Vincent (Kyan Khojandi), el protagonista, habría conocido a alguien como Aude (Alice Isaaz) de no ser por el azar?

J. R.: En la vida hay acontecimientos que tienen consecuencias y provocan encuentros y relaciones, pero efectivamente hay algo que ha pasado en la vida de estos personajes que tiene una influencia determinante. Y creo que eso sí que existe en la vida real: podemos ser marcados por algo y que años más tarde nos cambie la vida.

Se ha criticado que la relación amorosa de los protagonistas está metida con calzador.

J. R.: Si hablamos de la relación entre Vincent y Aude, yo, como espectador, puedo comprender que tengan ganas de iniciar una relación amorosa: se han ido conociendo y han descubierto facetas de la personalidad de cada uno. Es cierto que hay algo de “vámonos y veamos qué pasa”, pero así pasa también en la vida misma.

La figura de la madre está muy presente… ¿A qué se debe?

J. R.: Es un personaje fuerte, una madre que aplasta por completo la vida de su hijo pero que tiene miedo de que él se aleje, porque es lo único que le queda. Traslada todo lo que siente a través de Vincent, mientras que este no ha conseguido cortar el cordón umbilical ni a sus 30 años. Él quiere llegar a decir que no, a poder deshacerse de ella e intentar vivir su vida por sí mismo, pero no puede. La madre es un personaje que transmite cierta ternura porque ama a su hijo, al mismo tiempo que tiene un lado alocado, con esas escenas en las que juega con muñecas.

En vez de tratar con sobriedad un tema serio como el de las relaciones humanas prefiere utilizar la comedia. ¿Por qué?

J. R.: Me gusta poder tratar cosas serias con humor. Es una manera de ver la vida. Creo que los personajes de Rosalie Blum pueden tener suficiente distanciamiento consigo mismos como para saber que, a pesar de que experimentan dificultades en su vida, ellos mismos pueden reírse de su situación.

¿Cómo ha sido la recepción de Rosalie Blum en Francia y fuera de sus fronteras?

J. R.: Ha tenido un gran éxito, especialmente en Francia. Ha llegado a un público muy amplio y tengo la sensación de que ha habido muchas personas a las que les ha gustado la película. Me llama la atención el recibimiento que tuvo en Australia, uno de los países en los que mejor ha funcionado. Saber que el público australiano la ha acogido bien significa que la historia que tratamos es universal. La gente la ha encontrado entrañable. Espero poder decir lo mismo del público español.

La sombra de su padre, Jean-Paul Rappeneau, parece rondar sobre su carrera. ¿Cómo ha influido haberse criado en una familia de cineastas para decidir dedicarse al cine? ¿Conseguirá que no se le asocie a su padre y tener un estilo independiente, personal y propio?

J. R.: Nací en una familia de artistas, así que me he bañado en conversaciones de cine con mi padre desde pequeño. Él me ha alimentado esa pasión de manera inconsciente. Después de varios años empecé a colaborar con él como guionista. Él me dijo: “No hagas cine”, pero después de haber hecho otras cosas durante muchos años volví a las películas. Siempre tuve ganas de dedicarme a ello. Trabajando con mi padre he aprendido muchas cosas: intercambiábamos impresiones, veía su manera de trabajar y me influía con sus ideas. Sin embargo, a la hora de crear mi propia película, lo he hecho en mi rinconcito y buscando mi propio estilo. La carrera de mi padre ha sido brillante y creo que durante mucho tiempo esto me ha impedido dar el salto a hacer una película por mi cuenta, pero un buen día me dije que prefería correr el riesgo de equivocarme en vez de vivir con el arrepentimiento de no haberlo intentado.

¿Qué proceso han seguido a la hora de construir los personajes?

A. I.: Julien organizó lecturas antes del rodaje junto al resto de miembros del reparto. Luego se hizo una tercera lectura junto a las actrices que interpretan a las amigas de Aude. Durante estas reuniones pudimos intercambiar ideas sobre las relaciones que existen entre todos, pero tampoco quisimos agotar los textos. El ensayo no fue excesivo. Julien nos eligió por nuestras cualidades como actores y ha confiado en nosotros (y nosotros en él) para hacer en el plató muchas cosas de manera instintiva.

Curiosamente Elle, en la que aparece como personaje secundario, se ha estrenado antes en España, a pesar de ser una producción más reciente. Ambas han tenido un gran éxito. ¿Cómo ha cambiado su carrera con estos últimos proyectos?

A. I.: Estoy muy contenta con el éxito de ambas películas y con los premios que hemos recibido. De todos modos tampoco quiero comparar el éxito de una y otra: no tienen nada que ver. Además, rodé Elle y Rosalie Blum casi al mismo tiempo. El rodaje de Rosalie no había terminado cuando empecé con Elle. Cuando Julien me dijo que íbamos a hacer la película el rodaje se hizo ocho meses después, mientras que lo de Elle lo supe un mes antes de iniciar la grabación.

Como conclusión nos gustaría preguntar algo muy personal. Habitualmente algunos expertos en cine dicen que el cine está decayendo, que está al borde de la muerte; otros, por el contrario, y entre los que nos incluimos, defienden que hay que adaptarse a las circunstancias y salir adelante. ¿Cómo se posiciona?

J. R.: No tengo la sensación de que el cine haya muerto. Cada año se producen películas impresionantes. En Francia, por ejemplo, las salas suelen estar llenas. En líneas generales no soy de los que dicen que lo de antes era mejor, sino todo lo contrario.

 

David Maciejewski

*Fotos: Surtsey Films

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