Compartir

Enemy en El PalomitránLa confusión del ser humano hacia su propia identidad siempre ha existido. ¿Quién soy? ¿Qué hago aquí? ¿Realmente actúo como yo mismo o como otra persona? son sólo algunas de las preguntas que desde el principio han preocupado (e incomodado) a todo aquel que se parara a reflexionar en ese misterioso arte que supone la existencia. Y es que si lo pensamos, ¿realmente estas preguntas, la propia vida, tienen respuesta? ¿Realmente queremos darle respuesta? Lejos de pretenciosidades, y llevando el ‘la vida es cine’ por bandera, la industria cinematográfica siempre ha paseado de puntillas por esas turbulentas aguas de lo desconocido, donde es fácil la confusión entre lo real y lo ficticio, y la tentación por inquietar al espectador es más fuerte que lo puramente científico. Y es que pienso en ENEMY y me viene a la mente la palabra ‘inquietud’. Inquietud en su total significado, en sus distintos grados de aceptación y en su absoluto rechazo. Inquietud fuera de clichés melodramáticos, llevada al extremo, antecesora de lo perturbador y guía hacia lo conocido. Inquietud de Adam (JAKE GYLLENHAAL) por averiguar lo que realmente no quiere saber, el impulso de dar respuesta y solución a algo fuera de límites y de su conocimiento. La monotonía de una vida que sólo consigue ser destruida por Anthony (JAKE GYLLENHAAL), germen de la duda y resquebraje en la conciencia del protagonista.

La secuencia de apertura ya nos deja entrever lo que ENEMY nos ofrece. Oscura. Absorbente. Perturbadora. Calmada intensidad que predomina en este thriller psicológico con tintes tarantinianos y que ligeramente puede recordar a ORIGEN. Una vuelta de tuerca más en la conciencia humana cortesía de un DENIS VILLENEUVE que tras PRISIONEROS, y en sus mejores horas,  hila con fragilidad y sensibilidad una historia que en un principio sólo debería provocar repulsión. Y es que es fácil olvidar que, al fin y al cabo, ENEMY es solamente una historia. Una (no tan) simple historia. La de un hombre cualquiera, con un trabajo cualquiera y la monotonía como forma de vida, que descubre tras ver una película a un actor idéntico a él. La de la búsqueda por encontrar respuestas y por encontrarle, y las consecuencias inesperadas que eso traerá. La historia de la perturbación, de la adaptación de la novela ‘El Hombre Duplicado’ de Saramago, del orden y el caos, y de cómo, de alguna forma y sin dar respuestas, todo consigue dar sentido a este complejo rompecabezas.

Enemy en El PalomitrónSi Kafka levantara la cabeza, estaría orgulloso. Y ante todo, dejaría atraparse por la tela de araña que ENEMY teje de principio a fin. Somos presas de un suspense que engancha, de la rareza de una historia pausada, pero ligera en ritmo, acompasada a sus actores y director, y de una atmósfera de la que no podemos (ni queremos) salir. Una banda sonora fundamental para enfatizar la sensación de suspense y angustia, e hilo de transmisión de dudas, inquietudes, anhelos y temores. Somos presas de lo que no conocemos, y de que VILLENEUVE nos conozca tan bien.

Lo mejor y lo peor de VILLENEUVE se aúna en ENEMY. Lo sobrecogedor y conmovedor de  ‘Incendies’ se atisba en una obra que gana cuando se aleja de lo onírico, lo dramático en exceso (como pasaba en ciertas escenas de PRISIONEROS) y lo expresamente creado para confundir. El tono kafkiano de la historia gana fuerza al centrarse en la rareza de las situaciones cotidianas, y se va diluyendo hasta sucumbir en un final polémico, superfluo y desacompasado, que enganchará a unos, despertará del trance a otros, y dejará en shock a todos.

Enemy en El PalomitrónFuera de toda polémica esta JAKE GYLLENHAAL, y su trabajo a lo largo de la película. Su carrera profesional, lejos de toda duda pero marcándose un ‘McConaughey’, alcanza uno de sus momentos cumbre con la perfecta doble interpretación que hace de Adam y Anthony, fuera de todo cliché, contenido, y siempre sabiendo el espectador a qué personaje está viendo en pantalla, con la dificultad que eso entraña. La doble identidad de dos personas unidas pero opuestas en caracteres, que demuestra una vez más que VILLENEUVE es capaz de sacar lo mejor de él. Acompañan a este angustioso dúo la fuerza en pantalla de MÉLANIE LAURENT o ISABELLA ROSSELLINI, que en un papel mucho más secundario, mantienen la atmósfera y complementan a la perfección el trabajo de GYLLENHAAL.

Lo inquietante se convierte en perturbador en ENEMY, el nuevo puzle de VILLENEUVE, donde hay espacio para cualquier duda pero rechazo a todo atisbo de respuesta. La curiosidad humana llevada a un extremo donde lo onírico se mezcla con lo real, y lo real se mezcla con lo ficticio. Y quizás la confusión nos embriague cuando aparezcan los créditos y tratemos de atar cabos. O quizás aún estemos en shock como para empezar a hacerlo. Lo único que es cierto es que para disfrutar de algunas preguntas, no es necesario tener respuestas. El cine es arte, no pura ciencia.

 

 

LO MEJOR:

  • La atmósfera. Pocas veces se puede ver una película de intriga que enganche al espectador de la forma en que ENEMY lo hace, sin realmente conseguir entender mucho a cambio. Escenas acompasadas a una banda sonora que merece todo el mérito por esto.
  • JAKE GYLLENHAAL. A la altura de sus mejores interpretaciones, destaca con su doble actuación en una cinta que hace suya desde el principio. Lejos de caer en convencionalismos, dota a sus personajes de una personalidad diferenciada y que no confunde al espectador.

LO PEOR:

  • El final. Para amar u odiar. O para seguir en shock, si se ha visto recientemente. Uno de los finales más extraños de los últimos años y que, lejos de crear indiferencia, me deja un poco fría y algo de mal sabor de boca. La ruptura de la tela de araña perfectamente hilada.
  • La carga dramática. Lo onírico también. El exceso de melodramatismo o lo extremadamente fantasioso puede sacar al espectador del trance en el que se sumerge una vez empezada la historia.

 

 

Lydia Martínez

No hay comentarios