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Hace tan solo una semana llegaba a nuestras carteleras La belle saison (torpemente titulada Un amor de verano en nuestro país), filme francés que relata un amor prohibido entre dos mujeres jóvenes en el politizado París de los 70. Hoy, recibimos el estreno de la lituana El verano de Sangaile (Sangailé), y, pese a las semejanzas existentes entre ambos filmes, tanto en sus títulos como en sus sinopsis, se trata de dos propuestas diferentes, compatibles y ambas disfrutables.

Porque El verano de Sangaile es, en esencia, un cuento. Un cuento que trata de descubrir “qué pasaría si una fuerza imparable chocara contra un objeto inamovible”. El relato de una esquiva adolescente, la Sangaile que da título al filme, que vive su vida de forma melancólica bajo una constante negación; no tiene motivos para ser infeliz pero se autocastiga, sueña con ser piloto de aeroplanos pero su vértigo le impide subirse a un avión. Es precisamente en una exhibición aeronáutica (recurso temático y visual que nos remite inevitablemente al Studio Ghibli) donde conoce a la bellísima y sensual Auste, una chica de su edad, aficionada a la moda y la fotografía, con la que comparte un verano de complicidad y experimentación sexual. Las prometedoras Julija Steponaityte y Aiste Dirziute interpretan con mucha credibilidad a Sangaile y Auste, respectivamente, y la química entre ellas dota de credibilidad al conjunto de la obra.

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Escribe y dirige la cinta la lituana Alanté Kavaïté, galardonada por su labor en esta película con el premio a Mejor directora de drama en la sección “World Cinema” del Festival de Sundance y guionista de la reciente Evolution. Kavaïté, de la mano de Dominique Colin, su muy experimentado director de fotografía, sabe dotar de encanto a la cinta en un compendio de preciosistas escenas semioníricas: hipnóticas tomas de aviones de acrobacias, planos aéreos (mediante uso de drones) o una apastelada paleta de colores, ejemplos de un estilo de realización muy marcado que conforma una representación poética y sensual de la existencia.

Poco se puede añadir sobre el guion de este íntimo relato, lo suficientemente bien escrito para no hacer caer en la banalidad a la apuesta escénica de la película, con personajes y diálogos bien construidos y que en ningún momento pretende generar conflicto con la relación entre las jóvenes. Todo sucede sin secretismos ni ningún novio celoso y vengativo (deja esos temas a otros filmes), dando un paso más hacia la normalización de la homosexualidad en el cine.

sangaileEl verano de Sangaile es una pequeña película de la también pequeña cinematografía lituana, sin nombres reconocibles para el gran público más allá del de Sharunas Bartas. Capaz de generar interés por conocer el origen del tormento invisible de una adolescente misteriosa, cuyo rostro se oculta constantemente de nuestros ojos, oscurecido o directamente fuera de plano. Es posible también entender el interés de su amiga y amante por resolver su misterio, por querer cambiarla. La cinta es un cuento sobre sentimientos inexplorados y quizá inexplorables, sobre lados oscuros, una oda al despertar sexual y artístico que se encuentra alejada de otras cintas de temática lésbica recientes como Carol o la ya mencionada Un amor de verano y más cerca, por sus debates existencialistas, de Sputnik, mi amor, la muy recomendable novela de Haruki Murakami. Una propuesta diferente y un buen motivo para acercarse estos días a una sala de cine, todo un oasis en pleno mes de julio.

 

LO MEJOR:

  • Su estética, en todos los campos: fotografía, dirección artística, realización…
  • Que Kavaïté sepa contar UNA historia.
  • La química entre la pareja protagonista.

LO PEOR:

  • Verla con las expectativas erróneas; no es ni el relato pizpireto de un amor adolescente ni un reivindicativo drama lésbico.

 

Tomás Ruibal

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