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TOKYO FAMILY

Su cartel se encarga de aclarar que UNA FAMILIA DE TOKIO brinda “un homenaje” a CUENTOS DE TOKIO, aquel tesoro cinematográfico del maestro japonés YASUJIRO OZU. Llámenlo homenaje o llámenlo remake (quizás los publicistas han preferido el primer término temerosos por los, en general, desastrosos liftings que de numerosas obras maestras se han intentado perpetrar), la pregunta es si una de las películas más redondas jamás realizadas merecía pasar por el quirófano. Uno vuelve a asistir a la misma melancólica historia de unos ancianos padres que acuden a la ciudad para visitar a sus hijos, y éstos, embuidos en sus ajetreadas vidas personales y sobre todo laborales, no pueden o no quieren prestarles algo de su tiempo. Y uno comprende el porqué de este film, de este remake y, sí, también homenaje.

UNA FAMILIA DE TOKIO está narrada con calidez, cuenta con acertadas interpretaciones y con un correcto guión que actualiza una historia tan triste como necesaria y universal. Consigue hacer aún más grande la obra maestra de OZU ya que muestra que el mensaje, la reivindicación de un film nacido hace más de medio siglo siguen vigentes: un canto a la dignidad de la vejez, a los vínculos generacionales y a la unión de la familia (allí se hablaba incluso de la de una nación casi derruida tras la guerra). En fin, algo universal, da igual la época y el lugar. Y aunque la historia original se maquille con un comprensible optimismo, vuelve a funcionar.

TOKYO FAMILY

Sin acercarse a la perfección formal de su predecesora (tampoco lo pretende), UNA FAMILIA DE TOKIO ofrece un drama familiar convincente, de alma sincera y resultado final entrañable aunque alargado, aderezado con bastantes toques de comedia (de ello se encarga un despistado hijo y un estrambótico cuñado) que liman aquella aspereza y frialdad de la original. El metraje es un tanto desmesurado (146 minutos), pero su candidez es un firme acompañante durante todo el trayecto. Un trayecto que resulta agradable, pero que tiende demasiado a lo lacrimógeno, concediendo en algunos tramos un tono demasiado almibarado. El exceso de azúcar se ve compensado con un par de momentos brillantes que elevan la función (a destacar la escena del bar en la que dos antiguos amigos conversan sobre las decepciones fraternales mientras acecha el fantasma del alcoholismo, y la escena del hotel a lo LOST IN TRANSLATION entre generaciones), y con las comedidas pero sentidas interpretaciones de la anciana pareja ISAO HASHIZUME y ETSUKO ICHIHARA.

LO MEJOR:

  • confirma la vigencia y brillantez de CUENTOS DE TOKIO
  • las interpretaciones del matrimonio mayor
  • las escenas del hotel y del bar

LO PEOR:

  • una duración exagerada
  • confunde en ocasiones la sensibilidad con lo cursi

 

 

José Colmenarejo

 

 

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