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Si existe un motivo interesante para llevar al cine la historia de un grupo de adolescentes nacidos y alimentados de la frivolidad, ese motivo debería ser la crítica comprensiva, el análisis social que permita desentrañar qué actitudes han dado lugar a semejantes productos. Sin embargo, en THE BLING RING, SOFÍA COPPOLA (LOST IN TRANSLATION, SOMEWHERE) parece dejarse deslumbrar y se regodea en ese mundo de lujo desmesurado y despreocupación. Por la película desfilan, haciendo ostentación y lucimiento, las marcas más caras y glamurosas, que por supuesto mejor sería que no fueran ni nombradas, como drogas de exquisitez que satisfacen egos insaciables. Es la cultura de la superficialidad que permite identificar un estilo, un bolso y unos zapatos como únicos elementos de clasificación de las personas.

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La exposición de las personalidades vacías de los adolescentes, aliñadas con toques de humor, deberían ser mucho más trágicas de lo que se presentan. Sin embargo en la película parecen ser aceptadas como un modo válido de ser. Es evidente que la clave de todo este problema se encuentra en el entorno familiar, en la educación y en el distanciamiento de la realidad al que son sometidos los jóvenes en una sociedad que no puedes dedicarles demasiado tiempo y que únicamente se dirige a ellos como consumidores (o futuros consumidores). Pero nada de esto aparece en la película o lo hace con demasiada superficialidad. Así que, llegados a este punto cabría preguntarse si se deja arrastrar por el deslumbramiento para caer en cierta admiración hacia lo que pretendía criticar o si su único objetivo es exponer, de forma más o menos benévola, una forma de vida que luce bien en la pantalla. Prueba de ello el cameo de un personaje (que tampoco es importante nombrar) que parece encajar a la perfección con el espíritu de la película.

 

La historia se basa en un caso real (otra vez) ocurrido en Los Ángeles, en el que un grupo de adolescentes apodados “The Bling Ring” se dedicaban a entrar en las casas de sus ídolos para robar esos objetos de deseo que exhibían en las revistas. Robos motivados por la obsesión por la moda más exclusiva, por los personajes famosos y por la necesidad de poseer. En este caso, la carencia de los principios más básicos no es debido a un proceso de necesidad o de degradación, es que jamás los han tenido porque nadie se los ha enseñado. Su educación y sus valores los han adquirido en las páginas de internet y en las revistas y sus ideales son los que estos medios les han querido vender. Este aspecto se encuentra bien reflejado en su obsesión por retratar cada momento para subirlo a la red imitando poses y estilos que les permiten vivir una realidad inventada.

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A pesar de algunos personajes que aparecen excesivamente parodiados, como el interpretado  por EMMA WATSON (HARRY POTTER) o su imposible madre representada por LESLIE MANN (DIECISIETE OTRA VEZ, SI FUERA FÁCIL) y otros con una ridícula y patética pretendida profundidad, como el de ISRAEL BROUSSARD (FLIPPED), las interpretaciones no tienen mayor dificultad ni trascendencia. Únicamente destaca el personaje de Rebeca (KATIE CHANG) que va más allá de la mera frivolidad y consigue transmitir cierto hastío y vacío en sus actos; una ausencia de disfrute a la vez  que una necesidad de ir siempre a más.

 

Es por tanto una oportunidad desperdiciada de adentrarse en un fenómeno social que en mayor o menor medida afecta a toda la sociedad (por lo menos a la llamada sociedad occidental) que produce cerebros vacíos, deseos permanentemente insatisfechos y autodestructivos y vidas que se viven a través de redes y revistas, máximo exponente del éxito social en el mundo de la frivolidad.

LO MEJOR:

  • La narrativa es muy visual, rápida, amena y con sentido del humor.
  • El reparto y la temática hacen que se trate de una película jovial y ligera de gran efecto visual.
  • La interpretación de KATIE CHANG consigue un personaje con mayores registros.

LO PEOR:

  • La oportunidad desperdiciada de adentrarse en el análisis causal de un preocupante fenómeno social que se expone pero en el que no se profundiza.
  • Una exposición en lo que critica que denota admiración, exhibición y hasta justificación.

 

 

Marina Calvo

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