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Dulce nostalgia por los años veinte. Tan dulce como la miel, como la versatilidad indomable de los que eran artistas más que actores, de los que poseían sensibilidad innata más que aprendida. Hablo de tiempos pasados para una temática moderna, donde las restricciones y los prejuicios sociales no eran compañeros de viaje. Y en definitiva, hablo de un camaleónico arte a 24 fotogramas, de un brillante pasado del que sólo quedan ciertos ejemplos que nos traen nostalgia por lo que ni siquiera muchos hemos vivido.

VALERIA GOLINO es uno de esos ejemplos, un recuerdo con nombre propio anclado en el presente. Actriz consolidada, con títulos a su espalda como LEAVING LAS VEGAS, FOUR ROOMS o FRIDA, debuta en su faceta como directora en el largo, tras un par de cortometrajes, con MIEL, su alabada y multipremiada ópera prima. Y es que algunas personas no entienden de zonas de control y confort, de ser una simple pieza de ese gran juego de ajedrez que es el cine actual y conformarse con ello. No. Algunos deciden ir más allá, sorprender al espectador y ante todo, a si mismos, exponer ya no su apariencia, sino su alma, tras un libreto o una cámara, y arriesgarse a ganar una partida que ya tenían dominada. Y qué maravilla que aún exista gente que lo hace (y que lo hace bien). El irrefrenable impulso de GOLINO por pasar al otro lado de la cámara y cambiar de perspectiva frente a una misma realidad tiene su merecido premio en MIEL, o ‘cuando los únicos límites son los impuestos por la libertad del alma’.

 

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Humanismo y filosofía al alcance de cualquiera, MIEL es una reflexión sobre la conciencia humana, sobre el despertar ante una realidad cruel y cercana, y sobre los límites de la dignidad del ser humano. Es vida y muerte, pero ante todo, es alma. Y ese alma es JASMINE TRINCA. Emotiva y reflexiva, da vida a Irene, una mujer tan normal como cualquier otra, pero que dedica su vida a asistir y aliviar el sufrimiento extremo de personas con enfermedades terminales.  El límite de sus valores y el replanteamiento de su conducta se topan con el señor Grimaldi (CARLO CECCHI) y su enfermedad invisible, en un vertiginoso viaje lleno de implicaciones emotivas que expondrá a ambos como pocas veces se puede observar en una producción. Lejos de superficialidades, VALERIA GOLINO nos muestra en sus principales caracteres el desnudo emocional de quien ya no tiene nada que perder, el propio ejercicio del alma lejos de condicionamientos sociales, prejuicios o restricciones, en un entorno de crisis contra la deshumanización del que se llama humano. Valiente hay que ser para realizar algo así.

 

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Y valiente se es cuando se decide tratar el debatido, delicado y politizado tema de la eutanasia y el suicidio asistido. Lejos de polémicas, MIEL lo aborda con la delicadeza de quien no cae en clichés y la emotividad de quien se mantiene lejos de recurrentes dramatismos. Con la inteligencia y la madurez de quien sabe qué quiere contar y cómo, y con la honestidad del que narra una realidad, y no un simple guión de ficción al margen de la crisis de valores social. Las complejas relaciones humanas y el aislamiento bajo un guión impecable y una fotografía fugaz tan lograda en el rodaje como malograda durante el montaje.

La cámara queda hipnotizada por la naturalidad de JASMINE TRINCA y la maestría de CARLO CECCHI, en una conexión que trae a debate la amistad intergeneracional. Y es que la calidad y determinación de una producción que sabe lo que ofrece y cómo lo ofrece no puede quedar en el olvido. Cannes, Venecia y ahora una servidora se rinden a ese paso más allá que da GOLINO en el cine actual, y que quizás abra la puerta a erradicar los aún existentes miedos a tratar ciertos temas que padece la sociedad. Si bien de ritmo decayente tras su primera mitad, si bien algo extensa, si bien no para todos los públicos, MIEL ofrece algo que no siempre se puede ver: el profundo canto a la vida. GOLINO, nunca dejes de cantar.

 

 

LO MEJOR

  • JASMINE TRINCA y CARLO CECCHI. Química pura en una combinación perfecta entre juventud y veteranía, que dan consistencia y veracidad a una obra que se caracteriza por ello. Indispensables.
  • La forma de tratar el delicado tema de la eutanasia y el suicidio asistido. Lejos de valoraciones personales, GOLINO muestra una realidad sin caer en clichés o dramatismos, para que sea el propio espectador quien pueda juzgar y formarse una opinión.
  • El guión. SAMANTHA NATALUCCI firma un libreto donde la honestidad es la pieza clave, y consigue transmitirlo a todas y cada una de las secuencias de la producción.

LO PEOR

  • Su ritmo. Pese a sus 98 minutos de metraje, puede llegar a ser un poco densa y su ritmo decae notablemente hacia el final.
  • Su recorrido en salas. MIEL ofrece algo que no siempre se puede ver, pero que muchos sectores de espectadores aprecian. Visto el panorama de la industria, es una lástima que una película reconocida por su calidad y determinación no llegue a ser vista por todo el que quizás pueda sentir interés por ella.
  • Las tramas secundarias. La producción gana cuando se centra en su temática principal y en la relación de Irene con el Sr. Grimaldi, pero pierde en las ocasionales historias sentimentales que la protagonista mantiene con otros personajes, y que poco terminan aportando a la película.

 

 

Lydia Martínez

 

 

 

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