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Viajar es muy útil, hace trabajar la imaginación. El resto no son sino decepciones y fatigas. Nuestro viaje es por entero imaginario. A eso debe su fuerza.

Va de la vida a la muerte. Hombres, animales, ciudades y cosas, todo es imaginado. Es una novela, una simple historia ficticia. Lo dice Littré, que nunca se equivoca.

Y, además, que todo el mundo puede hacer igual. Basta con cerrar los ojos.

Está del otro lado de la vida.

Louis Ferdinand Céline

“Viaje al fin de la noche”

 

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Con las primeras frases de la obra de Céline,  “Viaje al fin de la noche”, comienza la última película del director italiano PAOLO SORRENTINO (L’UOMO IN PIÙ, IL DIVO, UN LUGAR DONDE QUEDARSE). Con un complejísimo guión realizado en colaboración con UMBERTO CONTARELLO, con quien también ha colaborado en cintas como IL DIVO y UN LUGAR DONDE QUEDARSE, LA GRAN BELLEZA nos sumerge en multitud de referentes, simbolismos y espectaculares imágenes a cargo del insustituible LUCA BIGAZZI, que según palabras del propio SORRENTINO, sabe darle lo que quiere antes que él mismo lo sepa. Pero a pesar de esa carga de referencias LA GRAN BELLEZA es una obra personal, fruto de un camino que se sabe transitado con anterioridad infinitas veces y que lo será en un futuro. Conduce a una espiral reflexiva que no puede ser vista del mismo modo por cada uno de los espectadores que se acerquen al film; y ésa es, en gran medida, parte de su riqueza y lo que convertirá esta obra en otro referente en sí mismo y en un clásico del más genuino cine italiano.

Dos son los protagonistas de LA GRAN BELLEZA, Jep Gambardella, interpretado por un siempre soberbio TONI SERVILLO (IL DIVO, GOMORRAH), y la ciudad de Roma. Ambos conectan en una decadencia autocomplaciente. Roma, inalcanzable en belleza, con un glorioso pasado, es la ciudad eterna de FELLINI pero su misma eternidad la inmoviliza en un vacío subyugante. En palabras de otro de los referentes de la película, MARCO SOLDATI, “Roma es la que mejor comunica el sentido de la eternidad, el sentido de la nada”. 

 

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Ese es el vacío en el que se haya el protagonista. Cuando el tiempo acucia porque la vida empieza a ver su final, “ya no tengo tiempo para hacer lo que no quiero hacer”, todo ha perdido el verdadero sentido, se ha convertido en una pantomima  que se desmorona ante la conciencia de su vacuidad. El cinismo y la aceptación son sus armas de supervivencia y le permiten disfrutar de esa Roma esperpéntica, de fiestas lujosas y vida nocturna, en la que desfilan multitud de personajes (ricos de profesión, aristócratas decadentes, trepas sin escrúpulos, jerarcas de la Iglesia, santos en potencia…) que irán provocando en Gambardella muy diferentes reflexiones pero que, inconscientemente, desde su posición de observador, cambiarán la visión de su propia realidad. Porque a su pesar Gambardella busca algo, o quizá teme haberse perdido algo que ya no tiene tiempo de encontrar. Algo perdido en el pasado y que sólo ahora puede valorar o algo oculto más allá de la superficialidad de las piedras que siempre ha estado ahí. “Es sólo un truco” le responde un amigo mago ante la admiración de un Gambardella impresionado por la belleza que aparece y desaparece ante sus ojos. ¿Es la vida un truco? ¿Es un viaje de la imaginación y sólo hay que cerrar los ojos, como dice Céline? Sin embargo hay momentos en que él entrevé un sentido diferente, una belleza escondida que traspasa su superficialidad; es el recuerdo de un amor perdido que dejó una huella imborrable; volver a sentir amor por una mujer; llorar por la absoluta soledad de un muerto al que todos creían loco; el paso del tiempo reflejado en una serie de fotografías de cada uno de los días de la vida de un excéntrico aristócrata; la experiencia mística de una monja que le obliga a mirar en sus raíces, en la parte más oculta de su ser donde se encuentra la razón de todo, enmascarada por una vida irreal; la Gran Belleza.

 

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La música acompaña a Gambardella en estas dos Romas que conviven. La de los monumentos, la religión, la belleza eterna que fascina hasta la extenuación bajo  notas de sacra solemnidad y la Roma de las fiestas y la discoteca que recuerdan los clásicos populares de la música italiana (inevitable Raffaella Carrà). Esa segunda Roma ofrece los personajes más grotescos y desbordados, extremos a los que conduce el agotamiento del vacío. Pero a su vez nos revela momentos luminosos de descubrimientos personales, conversaciones que consiguen trascender la superficialidad, preguntas que no pueden ser contestadas desde el cinismo. La capacidad de ver está limitada por la perspectiva desde la que se mira (como el vecino impasible al que Gambardella observa desde su balcón que puede esconder las pasiones más inesperadas). Toda esta riqueza hace de LA GRAN BELLEZA una película que requiere ser vista varias veces porque nuestra perspectiva será diferente a la anterior y a la siguiente, nada es lo que parece porque con cada observación dejamos de ser los mismos.

LA GRAN BELLEZA se proyectó en la clausura del 6º Festival de Cine Italiano de Madrid tras el éxito obtenido en Cannes. En España ha sido estrenada el 5 de diciembre gracias a Wanda Vision y recientemente ha sido la gran triunfadora de los EFA consiguiendo los premios a Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actor y Mejor Montaje.

LO MEJOR:

  • La riqueza de un guión desbordante en personajes y conversaciones de una riqueza y complejidad que apabullan
  • La fotografía que retrata una Roma en todo el esplendor de su belleza acompañada de una música que la exalta (imprescindible quedarse a los títulos de crédito del final)
  • Las magníficas interpretaciones de un reparto impecable

LO PEOR:

  • No es suficiente ver la película una sola vez, debería incluir dos visionados en la entrada por el precio de uno

Marina Calvo

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