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La vida es pura unidireccionalidad. Para la mente humana, un desafío que aceptar. El continuo presente se diluye en nuestro pensamiento a favor de las preocupaciones y anhelos futuros, y los remordimientos y recuerdos pasados. Y de alguna forma, todo encaja, todo condiciona a todo, todo vuelve al punto de origen, al pasado. ¿Esperaríamos lo mismo del inquietante futuro si no fuera por experiencias anteriores ya vividas? ¿Viviríamos como lo hacemos en el presente si no fuera por unas circunstancias ya dadas? Como un arma de doble filo, las heridas se reabren, se recomponen y se reconstruyen. Como el pasado. Como nosotros mismos. Como la propia película, EL PASADO, lo hace.

El cine es arte. EL PASADO, una de sus destacables obras. El iraní ASGHAR FARHADI, tras la magistral NADER Y SIMIN, UNA SEPARACIÓN, se convierte en un maestro al piano del séptimo arte, creando una pieza clave, unísona, melódica y deliciosa en todos los sentidos. Hilador de emociones humanas, sabe dar a cada nota los matices justos, a cada ritmo el toque de drama necesario. A la película, en su totalidad, la condición de indispensable que reside en todo aquel que deja invadirse por ella. Por un complejo drama familiar. Por un matrimonio separado tras 4 años, el de Ahmad y Marie, pero intrincadamente unido. Por una conflictiva relación entre Marie y su hija. Por la nueva relación de Marie. Y por un secreto, enterrado en el pasado, que removerá las turbias aguas de un futuro incierto.

 

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Original y cercana a ese nuevo concepto de la ‘familia’ que la realidad muestra, FARHADI crea una trama que, si bien a primeras podría sonar a argumento de telenovela, plasma con sencillez la complejidad de las relaciones humanas. Y no se puede restar mérito a ello. EL PASADO es un melodrama familiar delicadamente esculpido, frágil como sus cuatro protagonistas, sus historias comunes, como un castillo de naipes que se mantiene pese a vientos contrarios. El final de un matrimonio no es sino el comienzo de algo más. De unas relaciones cuidadosamente diseñadas, de la revelación de profundas verdades humanas y de un análisis innato y subyacente de la propia condición humana. Puro humanismo bajo una ficción cercana a la realidad, y una realidad plasmada en la ficción.

En un continuo viaje hacia la redención y hacia la culpa que busca culpables, topamos con una película de abrumadora sinceridad, sin prejuicios ni arquetipos. Es la vida a 24 fps, la vida a través de los ojos de sus protagonistas. Impecables interpretaciones todas ellas, BÉRÉNICE BEJO vuelve a cautivar tras THE ARTIST y da una continua lección de contención y sensibilidad en todos los matices plasmados de su Marie. La joven PAULINE BURLET desafía a Marie en su papel de hija, pero también a BEJO al mantenerse a la altura y superar toda expectativa preimpuesta. Su juventud nada tiene que ver con el puro talento que esconde y lo que es capaz de plasmar en pantalla. TAHAR RAHIM y ALI MOSAFFA, Samir y Ahmad respectivamente, cierran ese círculo vicioso autoimpuesto de interpretaciones y dan al espectador un aliciente más por el que no perderse esta cinta, nominada en los Globos de Oro a mejor película extranjera y ganadora, entre otros, del premio a Mejor Actriz en el Festival de Cannes (BÉRÉNICE BEJO).

 

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Nada sería de estas interpretaciones sin el mayor descubrimiento de esta obra, el culmen de la sensibilidad que EL PASADO encierra. Buena dirección ya supuesta, FARHADI explora y demuestra todo su talento tras un guión magistral, pura poesía encerrada bajo la prosa y los grandes diálogos con los que sus protagonistas deleitan a lo largo de 130 minutos. Fuera de toda lógica, FARHADI no baja el ritmo de la obra y compone una dialéctica in crescendo, donde sensibilidad es aunada con dureza, polos opuestos atraídos bajo la fuerza magnética de una buena producción. Bajo la fuerza de un final delicado, conmovedor, atrayente, donde la magía concluye, pero la ilusión por la obra se mantiene.

Quizás sea más imperfecta que producciones antecesoras. Quizás más excesiva y obvia en sus intenciones. Pero, de alguna forma, esos quizás se diluyen tras una obra que consigue arañarte el alma y resquebrajar las paredes que todos construimos a nuestro alrededor. Llegar a nuestro pasado, hurgar en él y reabrirlo como las heridas de nuestros protagonistas, en un intento de recomponernos a nosotros mismos. Porque EL PASADO no es ficción. No es realidad. Es medicina, que nos reconcilia con nosotros mismos y nuestras heridas, medicina que cura el alma. A esto no se le puede buscar razón.

 

 

LO MEJOR:

  • El guión. Honestidad pura, que nos invade y que invade a cada uno de los protagonistas de este intrincado argumento. Sin caer en clichés, muestra un dramatismo contenido que se extiende a cada una de las escenas de la obra.
  • Las interpretaciones. Especialmente la de una ya consagrada BÉRÉNICE BEJO y la joven PAULINE BURLET. Ponen a prueba sus dotes interpretativas bajo la dirección de un FARHANDI en forma.

LO PEOR:

  • Su duración. Quizás algo excesiva en metraje, alarga demasiado algunas escenas que de una manera más contenida provocarían mayor emoción en el espectador.

 

 

Lydia Martinez

 

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