Compartir

 

ALABAMA0

 

Pienso en Alabama, y las palabras se convierten en notas y este documento en el pentagrama que las da forma. Dulce arte musical. Ese que permite dar forma a nuestra alma, el que con acordes nos evoca sonidos nostálgicos y tiempos mejores. El que permite a una chica cualquiera en una ciudad sin importancia abrirse camino en un sendero nuevo, viviendo una historia que merece la pena contar y ser contada. Porque eso es Alabama. Porque eso es el “bluegrass”. Porque esa es la cruelmente dulce historia de Elise, Edier y las caprichosas circunstancias de la vida.

Pasado, presente y futuro aunados a ritmo de este género que conforma el “bluegrass”, ALABAMA MONROE muestra sin tapujos y con dolorosa empatía, la historia de cómo los caminos de dos personas, una joven tatuadora, y un cantante de “bluegrass”, pueden llegar a cruzarse, entrelazarse y separarse a lo largo del tiempo, debido a los motivos que la vida en ocasiones presenta. Una montaña rusa de sentimientos culminada en un destartalado desorden de saltos lineales, con cierto encanto y confusión para el espectador bajo todo el dolor que sólo un drama de estas características puede provocar.

 

ALABAMA_MONROE_030

 

Con cierta base de telefilm siestero, ALABAMA MONROE profundiza y sortea firme cualquier obstáculo que pudiera ser previsto, resultando un melodrama bien estructurado, una historia de amor, desamor y, ante todo, de vida, entre dos personas enlazadas por tinta, música, amor y una lucha para la que nunca se está preparado. Un canto frustrado a la esperanza, a la conciencia religiosa y a esas vueltas que no debería de dar la vida.

ALABAMA MONROE duele. Y duele porque, en su dramática brillantez, tiene que hacerlo. Bajo su incomodidad se esconden unas interpretaciones impecables y una química que traspasa la pantalla, al nivel de su nominación al Oscar como Mejor Película Extranjera, sin olvidar una fotografía que, cual pieza perdida, completa el destacable puzzle que la producción resulta ser y que, de alguna forma, nos ayuda a entender el sentido de esta película.

Y es que ALABAMA MONROE es una película de sentir, y no de analizar; de vivir, y no de estudiar. Porque como en cualquier canción, bajo su tono desenfadado se esconde la historia de unas personas tan desorientadas como determinadas a dar sentido a sus actos y a lo que se escapa de su comprensión, tan perdidas ante las circunstancias que la vida impone como encontradas en sí mismos. Porque quizás, algunas cosas no necesitan de tinta y piel para no ser olvidadas.

 

 

LO MEJOR

  • Los protagonistas y su química latente. Puros neutrones, electrones y protones generan una pareja que desde el primer minuto de metraje es capaz de conquistar la pantalla y de conquistarse el uno al otro.
  • La banda sonora. Pura delicia para los oídos de cualquier espectador –preferencias musicales aparte- con un mínimo de sensibilidad. Impecable.

LO PEOR

  • Su incomodidad. Y es que, como es natural, de un drama de estas características una no puede esperar algo cómodo y en el que verdaderamente quiera sumergirse. Y esto afecta a la taquilla y al público objetivo que esta cinta belga pueda generar.
  • La capacidad de generar drama superficial, recurriendo a recursos ya manidos en algunos casos.

 

 

Lydia Martínez

No hay comentarios

Dejar una respuesta