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Tras el fracaso económico de la muy gore y reivindicable Hostel II, Eli Roth se tomó seis años de descanso en la dirección hasta El infierno verde (la cinta se rodó en 2013). Durante ese tiempo, aprovechó para lucir palmito en películas como Death Proof, Malditos bastardos o Piraña 3D, a la vez producía un montón de títulos de género. El punto de inflexión en su filmografía se produjo tras conocer a Nicolás López (que le dirigió en Aftershock), y desde entonces colaboran en todo lo que hace el otro, en una alianza a lo Quentin Tarantino y Robert Rodriguez, pero de baratillo. Hasta el momento, Roth escribía sus propios guiones, pero tanto en El infierno verde como en Toc toc (vista en Sitges 2015, y directa al mercado doméstico en España) López está acreditado como coguionista. Mala idea.

Con El infierno verde, Roth quiere homenajear a una de sus películas favoritas, la polémica Holocausto caníbal, y utiliza como excusa argumental el plan de un grupo de activistas que viajan al Perú con la intención de impedir la destrucción del territorio de una tribu nativa, pero que se verán atrapados por esta. La casquería no comienza hasta pasados los 45 minutos de metraje, y todo lo anterior es un horrible ejemplo de incoherencia narrativa.

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“Mi padre es abogado de las Naciones Unidas, a lo mejor puede hacer algo para ayudar a erradicar la ablación” comienza diciendo la protagonista de la cinta. Luego decide unirse a un grupo de activistas (¡¡e irse al Perú al día siguiente!!) porque le atrae el líder. El gran cáncer de la cinta es el guion. En este tipo de propuestas no se necesita un libreto complejo o de grandes pretensiones (aunque Somos lo que somos o El caníbal de Rotemburgo sí hacían gala de ello). El aficionado al subgénero caníbal se conforma con un planteamiento sencillo, pero no que le trate como a un idiota. Y en El infierno verde, además de parecer escrita por dos monos desganados, hay momentos que no sabemos si están hechos con la intención de parodiar o realmente son para tomarse en serio (la diarrea, la masturbación, la hierba…).

La película comienza a respirar y se viene arriba con la llegada de la tribu caníbal. Ya desde el primer sacrificio el espectador recuerda que a Roth se le da mucho mejor rodar planos de casquería que intentar que empaticemos con sus personajes. El maníaco que todos llevamos dentro aplaude mientras ve las perrerías que se acometen contra el grupo de estúpidos norteamericanos (atención a la vegana) y un líder que recuerda peligrosamente a Melendi.

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Es por ello por lo que la cinta se disfruta solo durante el metraje gore, cuando el director se deja llevar por la locura caníbal más visceral y olvida las excusas argumentales que le han llevado a semejantes derroteros. Pero este no es el regreso triunfal que esperábamos. No hay ni un minuto en el que uno no sienta que es una cinta desaprovechada, que podría haber estado mucho más explotada, y que se le podrían haber corregido mil y una cosas. Se ha realizado ya un (absurdo) reboot de la ópera prima de Roth, Cabin fever, pero es El infierno verde la que podría sacar mucho, muchísimo más provecho del material si hubiese un director y guionista detrás con las ideas más claras.

En cualquier caso, debemos agradecer la labor de aquellas distribuidoras valientes (en esta ocasión, La Aventura) que permiten que unos pocos disfruten en pantalla grande de un tipo de cine que está desapareciendo de los patios de butacas en favor de películas prefabricadas que ya hemos visto mil veces y que dan mala fama a todo el género (Annabelle, El bosque de los suicidios…). Y por favor, Eli Roth, rompe ya esa alianza que tienes con Nicolás López y que te está matando a ti y a tu cine.

 

LO MEJOR:

  • El acecho caníbal.
  • Lorenza Izzo haciendo lo que puede con el material que tiene.

LO PEOR:

  • La absurda demonización de uno de los personajes principales.
  • Un final poco afortunado.
  • Que no esté narrada desde la perspectiva de la tribu.

 

Jose Cruz

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