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El paso del tiempo y los finales trágicos tienden a idealizar la realidad de las situaciones. Lo desapercibido se convierte en esencial y lo meramente bueno resulta terminar siendo algo singular. Y es que cuando el tristemente fallecido PHILIP SEYMOUR HOFFMAN fue declarado como tal, no faltaron voces que coronaran al actor como el mejor en su profesión. Categorismos y discrepancias personales aparte, aún hoy reniego de esa afirmación. Pero hay algo de lo que no puedo renegar: si hay algo que PHILIP SEYMOUR HOFFMAN hizo bien y en ello fue el mejor, fue en elegir en EL HOMBRE MÁS BUSCADO su particular despedida y su trabajo final.

Tras una historia que aúna el espionaje en la era post 11/09, la guerra fría y los entresijos de la investigación antiterrorista, se esconde un homenaje al mencionado actor, en un film que se eleva al centrarse en su interpretación soberbiamente sutil de un viejo espía inteligente, sombrío y autodidacta. Es él el que, junto a homónimos en profesión de diversas naciones centrados en la lucha antiterrorista como ROBIN WRIGHT o DANIEL BRUHL, están convencidos de andar tras la pista de un importante terrorista islámico. A su vez, un joven ruso, sin papeles, musulmán devoto y con signos de haber sido torturado, llega a la ciudad donde la historia transcurre, Hamburgo, reclamando una extraordinaria cantidad de dinero y con un pasado sospechoso bajo su espalda. Una abogada idealista (RACHEL MCADAMS) y un poderoso banquero (WILLEM DAFOE) serán los únicos que conozcan la verdadera identidad del joven y que, de alguna forma, entrelacen los vínculos entre una y otra historia.

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Paseándose entre el género del thriller y las clásicas tramas de espionaje a la antigua usanza, EL HOMBRE MÁS BUSCADO encuentra en la lentitud y precisión sus señas de identidad, convirtiendo la dirección artística en una de las variables que juegan a su favor y que restan importancia a otras que a priori deberían contar más. Quizá de ello tengan culpa los orígenes de ANTON CORBIJN, director de la cinta y fotógrafo de profesión, que según avanza el film parece más interesado en el enfoque y la profundidad fotográfica que en la progresión de una historia en ocasiones ausente de tensión y siempre sobrante de chispa sexual e historias amorosas.

Sombría, sin terminar de justificar su inconsistencia, EL HOMBRE MÁS BUSCADO lanza en sus 122 minutos de duración una cínica mirada a las actuaciones geopolíticas y a las altas esferas de organismos gubernamentales, amparada en una tenue adaptación de la obra que firmara JOHN LE CARRE. Inteligente siempre, absorbente en ocasiones, se ve enriquecida con la participación de actores como WILLEM DAFOE o ROBIN WRIGHT, más robaescenas que secundaria, que demuestra una vez más que su actuación en LA PRINCESA PROMETIDA no fue simple e irónicamente eso, una promesa.

 

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Poco importa el guión aquí. Un breve prólogo introductorio en materia y un final acertado, honesto y sombrío prueban que la trama sólo es una excusa para explotar y explorar el lado oscuro de los servicios de inteligencia y sus complicadas labores de actuación contra el terrorismo actual. Traiciones e improvisadas alianzas componen el tapiz en el que CORBIJN, ayudado de LE CARRE y destacado por SEYMOUR HOFFMAN, termina pintando una historia perdida en su intento de excesivo realismo, mirada a un presente modernista y anclada en unas raíces del pasado. Hacer del mundo un lugar mejor es un objetivo tan irrealista para un grupo de inteligencia como cambiar el panorama del cine actual para esta película. Pero que un film sea capaz de aunar presente con pasado y solidificar las bases del thriller de espionaje es tan acertado como que un organismo gubernamental tenga por prioridad la captura de un terrorista islamista. Toda gran acción, tiene un pequeño principio.

 

 

LO MEJOR:

  • PHILIP SEYMOUR HOFFMAN en uno de los mejores trabajos de su carrera.
  • El cinismo con el que trata las acciones de los organismos gubernamentales y los servicios de inteligencia.

LO PEOR:

  • La tensión sexual y fallida historia de amor que CORBIJN trata de imponer a la fuerza.
  • La excesiva lentitud y en ocasiones ausencia de tensión que sufre la película.

 

 

Lydia Martínez

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