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Una película sobre un individuo con una biografía tan fascinante como la de Jesse Owens promete. Si además la cinta se propone recrear los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, promete aún mucho más. Pero como reza el refrán, prometer y no cumplir, mil veces lo vi. Esto es El héroe de Berlín. Preparados, listos, ¡ya!

Después de esta dramática introducción, es bueno aclarar y matizar unos cuantos aspectos relacionados con este filme no fallido, pero que tampoco cumple con las expectativas. Su narrativa, aunque convencional, fluye de maravilla. Ya desde la primera escena el montaje marca un ritmo muy ágil caracterizado por escenas rápidas donde se nos sitúa a los personajes, tanto desde el guion como visualmente (véase la presentación del entrenador), y narra hábilmente las relaciones entre ellos. Las únicas escenas que rompen el esquema son las que contienen elementos dramáticos, y se encuentran justo antes de los grandes eventos para generar tensión y contraste.

Respecto a los momentos dramáticos, no siempre funcionan adecuadamente (véase la escena en la cama matrimonial, justo antes del viaje a Berlín). Ahora bien, hay unas cuantas situaciones que erizan la piel. La primera es la declaración del padre (un as en la manga del guionista, puesto que, hasta este momento, el personaje no había pronunciado prácticamente ni una palabra) a favor de ceder a su hijo la decisión de ir a los juegos. Otra situación que podemos destacar es el diálogo que mantienen el entrenador y Jesse sobre su presencia en Berlín: el primero le manifiesta que no vale la pena anteponer un asunto racial (no ir a Berlín para solidarizarse con los oprimidos por el régimen nazi) a uno de profesional (ir a Berlín para demostrar su talento deportivo); el corredor le responde, muy agudamente, que piensa eso porque no es negro.

El tema racial, plasmado de una forma muy sugerente, propone un enfoque bastante subversivo. El guion traza una ácida comparación entre la política racial de Estados Unidos (véase el epílogo, no puede ser más contundente) y la de la Alemania nazi. La única salida posible a toda esta discriminación y odio es la empatía y la solidaridad entre humanos, tal y como nos muestra muy bellamente la secuencia en la que un atleta alemán ayuda a Owens, anteponiendo su fascinación por la capacidad de autosuperación del ser humano (Owens haciendo el récord mundial en el salto de longitud) al ideal nazi. Sin embargo, unas escenas después vemos como levanta el brazo, en segundo plano, al escuchar el himno, forma muy sutil de mostrarnos la infinita ambigüedad y complejidad de las personas, como abogaba Marlon Brando.

Pese a que los conflictos de Leni Riefenstahl (directora de cine célebre por sus producciones propagandísticas del régimen de la Alemania nazi) se prestan a una interesante comparación con los que vive el atleta alemán (la cineasta también antepone la superación profesional, innovación técnica y narrativa, a los ideales fascistas hasta tal punto que se enfrenta a Goebbels), a su composición le falta tridimensionalidad y contradicciones internas, resultado del entorno en el que habita, y le sobra romanticismo.

No es muy habitual en este tipo de biopics tan académicos, pero en lo que menos destaca El héroe de Berlín es en el trabajo de los actores y actrices, probablemente por culpa de una dirección de actores sin garra. Stephan James (Owens) no da la talla en algunas escenas dramáticas y Jason Sudeikis se conforma con una interpretación muy superficial basada en el uso de tics (en su defensa diremos que el personaje ya no funcionaba en el guion, debido a que es una parodia del entrenador borracho y “fracasado” presente en todos los filmes de deportes). Carice van Houten, Jeremy Irons (un personaje muy atractivo por sus disputas internas) y William Hurt aportan buen hacer y calidad a las subtramas que complementan la narración central.

LO MEJOR:

  • La escena del salto de longitud y el epílogo.
  • La entrada al estadio y el retrato del atleta en la pista.
  • La presentación de los personajes.
  • Su crudo retrato racial.

LO PEOR:

  • Jason Sudeikis.
  • Subtrama romántica, demasiado tópica.

 

Pau Jané

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