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Póster El gruñón El Palomitrón

El conflicto intergeneracional es un tema recurrente en el cine, pero El gruñón, dirigida por Dome Karukoski y basada en el libro de Tuomas Kyrö, le da una vuelta de tuerca a esta idea presentando a un abuelo bastante desquiciante que vive anclado en la dura época de la posguerra de la Segunda Guerra Mundial y las disputas con la ya desaparecida Unión Soviética. Una entretenida cinta que fue estrenada en 2014 en el Toronto International Film Festival y que por fin llega a nuestras pantallas.

¿Qué piensan nuestros abuelos de nuestra forma de vivir? Quizá no entiendan el afán por el consumo innecesario, la dependencia de los móviles y demás aparatos, la vida creada en las redes sociales… Nosotros tampoco les entendemos demasiado a ellos y, por si fuera poco, ni unos ni otros hacemos esfuerzos por entendernos. Nos consideramos casos perdidos, no queremos ceder y eso enroca el conflicto.

El gruñón campestre El Palomitrón

El gruñón (interpretado magistralmente por Antti Litja) cae mal desde su primera aparición en pantalla. Sus ideas tajantes, su comportamiento con su hijo, sus comentarios machistas y racistas, su tacañería… Y este sentimiento va aumentando a medida que la película avanza, ya que presentimos los problemas en los que va a meter a los miembros de su familia por su cabezonería. Pero hay un momento en el que comprendemos que tiene corazón, aunque muy escondido bajo varias capas de ropa.

Una película costumbrista que intenta enseñarnos la intimidad de cualquier familia finlandesa, esas que pensamos que son muy modernas, que siempre están bien avenidas y cuyo conjunto forma una sociedad cosmopolita y avanzada a la que las demás solo podemos aspirar. Pero lo cierto es que en ella existen los mismos males endémicos que en el resto: xenofobia, machismo, dificultades para conciliar la vida familiar y la profesional… Vamos, que no todo es tan bonito como lo pintan, y el gruñón esta ahí para recordarlo.

El gruñón y su nuera El Palomitrón

En tono de comedia, la acción está intercalada por los soliloquios del protagonista, con voz en off y con flashbacks que nos explican algunos detalles de su pasado (algo que enriquece la narración). El problema llega cuando el espectador se da cuenta de que la premisa inicial se ha alargado innecesariamente y de que lo que tenía de interesante ya se lo han contado y el resto es de relleno. Por no hablar de lo poco explotada que está la relación con su esposa y el alzhéimer que la tiene postrada en la cama de una residencia. Todo esto pasa de largo porque se centra en las pifias del gruñón y, al igual que para los antagonistas de la película, llega el hartazgo ante el comportamiento intransigente del abuelo. Pero, como comentábamos antes, la gran actuación de Antti Litja, que por este papel ganó el Premio Jussi a Mejor actor (premios de cine finlandés), hacen que terminemos aceptándole como si fuese nuestro propio pariente. Es ese tío o ese abuelo protestón y malhumorado al que todo le parece mal y no deja de criticar a la sociedad y a los suyos; sin embargo, y a pesar de todo, termina haciéndose querer.

El gruñón y su mujer El Palomitrón

El gruñón es una película entretenida que reivindica la necesidad de abrirse a las otras generaciones, de intentar comprenderlas antes de tacharlas de imposibles, de recordar que nuestros mayores también han sufrido, han amado, han ganado y han perdido, como nosotros. Y es que los jóvenes siempre creerán que están un paso por delante, sin recordar que, tarde o temprano, viajarán en el furgón de cola.

LO MEJOR:

  • Su actor protagonista.
  • Incidir en la brecha generacional.

LO PEOR:

  • Está innecesariamente alargada.
  • Los chistes son un poco repetitivos.
  • Guion previsible.

 

Rocío Alarcos

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