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Olli Mäki - Primera imagen - El PalomitrónOlli Mäki tiene actualmente 80 años, pero la película de Juho Kuosmanen nos sitúa en 1962, cuando se preparaba para luchar en Helsinki por el título de campeón del mundo de boxeo en peso pluma. El director finlandés nos trae un Olli Mäki (Jarkko Lahti) en blanco y negro que no busca la fama mundial, sino disfrutar del combate y vivir una vida tranquila, más cuando hace poco que Raija (Oona Airola) ha irrumpido en esta.

Ellis Ask (Eero Milonoff), exboxeador, entrenará a Olli Mäki para que consiga ganar el campeonato. Este último, por su parte, deberá además conseguir perder peso para adecuarse a las reglas de su categoría. Una meta difícil teniendo en cuenta lo poco que queda para el combate. Sin duda, una historia mucho más comedida que la de otros biopics sobre boxeo, como puedan ser The Fighter o Ali.

Olli Mäki - Recibimiento contrincante - El Palomitrón

Lo primero que nos llama la atención de la película es que se haya decidido proyectar en blanco y negro. Con ello pueden querer conseguirse dos cosas: hacer evidente que la historia real tiene más de 50 años y, algo mucho más interesante, que consigamos evadirnos de la acción que rodea a las semanas previas al combate, como el mismo Olli intenta conseguir. De esta manera, las fotos constantes que le toman, el documental en su honor que están grabando, las entrevistas… todo nos parece mucho más lejano como espectadores que la interioridad del mismo protagonista. Como si estuviéramos sentados a su lado, vemos como, para el púgil, quien empieza a sentir un fuerte amor por Raija, el día del combate es lo de menos.

En esas semanas que vivimos junto a Olli descubriremos a un boxeador más frágil por dentro que por fuera, alguien que puede aguantar bien los golpes físicos, pero más difícilmente los emocionales. De esa misma manera, a nosotros nos intentan conquistar más por la interioridad del mensaje que por los hechos ocurridos y, si bien es cierto que nos provoca una bonita sensación de tranquilidad, el ritmo es exageradamente lento. El mensaje acaba por no conquistar la profundidad a la que aspira (puede que incluso nos llegue a aburrir). Un cine contemplativo al que quizá le falten cosas que contemplar.

Olli Mäki - Jugando - El Palomitrón

La fotografía, que como decíamos es en blanco y negro, parece tratada con cariño, y es visualmente muy atrayente (uno de los puntos fuertes de la película). También cautivan las actuaciones, con un Olli (Jarkko Lahti) que comunica mucho pese a hablar poco. Y cuando lo hace, sus palabras parecen tener mucho más peso que las del resto (a excepción de Raija, quien también dice más con la mirada que con los labios). Sin duda, son una pareja excepcional, como personajes e intérpretes. Una actuación muy distinta es la de Eero Milonoff, quien, como entrenador y mánager de Olli, representa mucho mejor al personaje prototípico del mundo del boxeo, preocupado por el tiempo antes del combate, la forma física de su luchador y, sobre todo, el dinero.

Olli Mäki - Raija - El Palomitrón

En conclusión, estamos ante un filme de corte no comercial que aspira a salir de Finlandia pero sin aspiraciones de grandeza. Una película que ganó el premio Un Certain Regard en el Festival de Cannes y que cuenta con un actor principal, Jarkko Lahti, muy conocido en Finlandia, pero no fuera del país. Un artista que, en palabras del director, se implica mucho en sus proyectos. Y, sin duda, en este parece haberlo hecho, pues podemos apreciar como a medida que se acerca el combate, va perdiendo peso de manera evidente. La película llega ahora a España, la primera del director en pisar nuestras tierras. En manos del espectador quedará decidir si Juho Kuosmanen gana el combate con una película visualmente bonita o, en cambio, cae noqueado ante un público que buscaba más acción y un argumento más interesante.

LO MEJOR:

  • Las actuaciones de Jarkko Lahti y Oona Airola, capaces de hablarnos con una mirada.
  • Un blanco y negro que pierde el color, pero nos gana a nosotros.

LO PEOR:

  • La historia, argumentalmente limitada.

Eloy Rojano

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