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El Palomitrón

Hay un tópico, bastante extendido entre nuestros congéneres, según el cual el cine español “no luce igual”, “no es lo mismo, ¿sabes?”. Al parecer, montar una película en una sala oscura de Madrid cambia totalmente la percepción respecto a hacerlo en Studio City. La magia de la ubicuidad, ya imaginan. O la de la estupidez humana, vaya usted a saber. Esta semana llega a nuestras carteleras El cuaderno de Sara, una ambiciosa producción de Telecinco Cinema y distribuida por Disney que cuenta con Belén Rueda y Marian Álvarez en su reparto principal.

Al más puro estilo del Beasts of No Nation, de Netflix, y tomando muchos elementos (helicópteros convenientes incluidos) de películas como Lágrimas del sol, El cuaderno de Sara nos cuenta la historia de una empresaria española que busca a su hermana desesperadamente en África. El personaje de Belén Rueda no parará hasta dar con el de Marian Álvarez, al que un reportaje documental vuelve a poner en el mapa tras meses desaparecida. De fondo, la guerra por el coltán y todos los dilemas morales que se puedan imaginar.

El Palomitrón

Decíamos, pues, que hay sujetos que ven en la nacionalidad de una producción un sello de calidad. Válgame Dios. En El cuaderno de Sara cualquier tesis que se parezca a esta salta por los aires. La película, dirigida por el experimentado y televisivo Norberto López Amado y con guion del siempre correcto Jorge Guerricaechevarría (Celda 211, Mi gran noche), es una exhibición de músculo propia de la superproducción más cara allende el Atlántico. Tiros, localizaciones y acción que no escatiman en espectacularidad y, lo que es noticia, en crudeza. El filme reserva un par de escenas de extrema crueldad para apoyar su conflicto contextual, el de las guerras olvidadas. Sea ello a propósito o no.

El Palomitrón

Uno de los problemas de esta espectacularidad y ese ritmo frenético que posee la cinta es el precario ensamblaje con la solemnidad de su discurso y el intimismo que, a ratos, quiere transmitir. Más allá de la búsqueda, que es el hilo conductor de El cuaderno de Sara, Guerricaechevarría teje una historia de reproches entre ambas hermanas, con un padre enfermo como tótem. La película intenta, en su generoso metraje, contar demasiadas cosas para no acabar resolviendo casi ninguna con éxito. Nos encontramos entonces ante un laberinto que tiene salida, sí, pero que la frondosidad contextual no deja ver.

Subtramas complicadas y conveniencias colonialistas e hirientes aparte, la película que pretende recoger el testigo del taquillazo que ha sido Perfectos desconocidos (no en vano repite productora, guionista y protagonista) es la historia de mujeres adecuada en el momento adecuado. Una de sus mayores virtudes es convertir al objeto central de una odisea en un personaje complejo. ¿Alguien se imagina a Indiana Jones llorando frustrado? Pues eso. El cuaderno de Sara, al ampararse en dos figuras femeninas para articularse, se permite dotar de matices más humanos, realistas y reivindicables que el arquetipo de la desaparición. Belén Rueda se convierte en la desesperada Jodie Foster de Plan de vuelo: desaparecida, y la calma en los hombros le da serenidad. También posee a la Julianne Moore de Misteriosa obsesión y le da una bofetada a su paranoia para contarle que en África, y para que podamos monear con el móvil, hay gente muriendo. Día a día.

El Palomitrón

Cuando se apagan las luces y devuelven a uno (no sin un último giro melodramático fácil) a la realidad, el lacrimal bien ha podido ser ejercitado. Pero sin disfrute, como preparándolo para un concurso de halterofilia. No con esa sonrisa del jugón que describía Andrés Montes. No hay una sensación anímica que respalde la potencia de la imagen ni una reflexión moral que nos lleve a buscar en Google qué demonios pasa con el coltán.

El cuaderno de Sara es una demostración de fuerza bruta del buen camino por el que está yendo el cine en nuestro país, aunque se acabe convirtiendo en una oportunidad desaprovechada que pasa por alto el trato intrínseco de un conflicto armado para poner en relieve las peleas egocéntricas y tremebundamente blancas de dos hermanas adineradas. Luce igual que la mejor de las producciones de Hollywood; el problema es que la profundidad de su planteamiento también se parece y se queda en la superficie.

LO MEJOR:

  • La espectacularidad, puro músculo, con la que está dirigida.
  • Belén Rueda, contenida y atrapada.

LO PEOR:

  • La reflexión moral a la que invita es superficial.
  • Intenta abarcar demasiados conflictos para no acabar dando término a ninguno.

Matías G. Rebolledo

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