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Hollywood se ha acostumbrado a no pensar demasiado, a jugar sobre seguro recapitulando ante las fórmulas de éxito testado. Por suerte para el espectador, existe un mundo paralelo, el de la literatura, que sí apuesta por la originalidad y funciona como un inmensa despensa de la que el cine, especialmente el americano y especialmente en estos últimos tiempos, abusa especialmente para suplir sus carencias creativas y su falta de valentía para apostar por nuevas fórmulas. En el caso del cine juvenil los estudios siguen buscando el santo grial escudriñando el mercado editorial en busca de sagas longevas que no sólo reporten beneficios en taquilla, sino también tranquilidad y seguridad durante unos cuantos años. EL CORREDOR DEL LABERINTO adapta la novela homónima de James Dashner (la primera de una trilogía que veremos en pantalla grande si esta primera entrega cumple números) y supone la nueva apuesta de Hollywood, que no la última, para arrastrar al público adolescente a las salas y generar un nuevo fenómeno Fandom.

El corredor del laberinto en El PalomitrónCumpliendo una de las máximas de este tipo de sagas, EL CORREDOR DEL LABERINTO presenta una premisa distópica que funciona como un tablero de juego para que nuestros jóvenes protagonistas asuman el protagonismo absoluto de la historia. Sus relaciones, sus sentimientos, y su capacidad para adaptarse a un entorno no elegido vuelven a ser los motores de la acción, sí, pero esta vez encontramos un elemento novedoso que funciona de maravilla: la falta de información. El despertar del joven Thomas en un ascensor que le transporta a un claro donde vive (o sobrevive) una misteriosa comunidad de jóvenes es el punto de partida de este relato que se sirve de la amnesia de nuestro protagonista para servir casi una primera hora de presentación, logrando la atención del espectador, tan perdido y necesitado de respuestas como el propio Thomas. Si a todo esto le sumamos la enigmática presencia de un enorme laberinto que cambian de posición todas las noches y que rodea el claro aislando a sus pobladores, condenados a buscar una salida entre sus paredes, nos encontramos con un punto de partida muy atractivo.

Un punto de partida que es desaprovechado por WES BALL, cineasta curtido en el mundo de la animación, que no es capaz de jugar con inteligencia las fortalezas de la historia y se limita a firmar una última hora muy flojita, desaprovechando elementos claves de la historia que los espectadores que sí hayan leído la novela echarán de menos (podéis recuperar aquí nuestro comparativo Libro-película), y recurriendo a flash backs desde el inicio que dan pistas de qué es lo que realmente está pasando, eliminando así y tirando por los suelos el factor sorpresa de la película a cualquier espectador que lleve a sus espaldas el visionado de unos cuantos títulos de género. Esta torpeza unida a una pobre dirección que hace aguas en las escenas de acción, filmadas con el baile de san vito, conocido (y molesto) recurso al que se aferran los directores que adolecen de graves problemas en la planificación de las escenas, lastran un filme que podía haber sido mucho más en manos de un cineasta más versado y preparado para encargarse de una saga de blockbusters en potencia. Sólo comparando el trabajo de WES BALL con el de FRANCIS LAWRENCE en la saga sinsajo puede el espectador hacerse una idea de lo que estamos hablando. Da la sensación de que el director anda muy perdido más allá de los planos panorámicos o descriptivos.

EL CORREDOR DEL LABERINTO. Crítica. Cine comercial. cine y estrenos en El Palomitrón

Pese a todos esto, el filme aguanta, y aguanta durante sus casi dos horas de metraje gracias no sólo a la refrescante premisa, sino también al trabajo del elenco de actores juveniles, todos ellos definidos con mucho acierto, a excepción del personaje que interpreta KAYA SCODELARIO, una chica (la única que veréis en el claro) tan vital en la novela como insustancial en la película. El resto del reparto, en cambio, sí se beneficia de un tratamiento mucho más cuidado, destacando la labor de DYLAN O´BRIAN, nuestro amnésico protagonista, AML AMEEN, el líder del claro, y WILL POULTER (le hemos visto bordándolo también en SOMOS LOS MILLER) en su papel de Gally, el miembro del claro que ve en la aparición de Thomas una amenaza evidente y peligrosa para toda la comunidad. Sobre todos ellos, destaca especialmente THOMAS BRODIE-SANGSTER, un rostro que os sonará a muchos gracias a su presencia en JUEGO DE TRONOS, que sin mucha dificultad se adueña de todos los planos que protagoniza su personaje, Newt, desplazando al resto.

Duele especialmente que una idea con tanto potencial reciba un tratamiento tan superficial y anodino, especialmente en los últimos compases de la cinta. Fox debería de plantearse el cambio urgente de director, principal escoyo de la película, para poder reconducir la saga a cotas bastante más interesantes y atractivas, y así optar a esa reválida que se antoja necesaria y justa en las dos próximas entregas.

 

LO MEJOR:

  • La primera hora, en la que prima la exposición de la premisa y la curiosidad y atención del espectador están garantizadas.
  • El trabajo del reparto, que destila solvencia (a excepción de la pobre KAYA SCODELARIO, que poco o nada puede hacer con su personaje).
  • La película gustará mucho más a todos los espectadores que no hayan descubierto el libro.

LO PEOR:

  • La película puede resultar muy decepcionante a todos los espectadores que sí hayan leído el libro previamente.
  • El desaprovechamiento de multitud de elementos, en especial el laberinto como un personaje más.
  • La dirección de WES BALL, que cae en picado en cuanto entra la acción en juego y se estrella con una secuencia final sonrojante.

 

Alfonso Caro

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