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Jessica Chastain en El caso Sloane - El Palomitrón

Que el Senado estadounidense es, desde hace mucho tiempo, un estamento político dominado por los lobbies no solo lo cuenta la lengua popular, sino que lo atestiguan las cifras. Se dice que el término fue acuñado en el seno de Washington, en un hotel a escasos metros de la Casa Blanca que frecuentaba Ulysses S. Grant tras ser nombrado presidente. En la entrada de ese hotel (el Willard, para más señas), lobby en inglés, se servía un maravilloso brandy y se permitía fumar cigarros, con lo que Grant pasaba gran parte de su tiempo entre reunión y reunión descargando el peso de la presidencia en el fondo de una copa balón. La leyenda cuenta que, cansado de que el pueblo se le acercara a invitarle a bebidas para pedirle trabajo o un favor legislativo, etiquetó a los que lo hacían como “lobistas”. Al margen de que en realidad el concepto nació siglos antes en los pasillos del Parlamento británico, la leyenda ayuda a enaltecer el aura poderosa de Washington, pero no del Washington político, ese que recorrió Aaron Sorkin en El ala oeste de la Casa Blanca, sino del Washington-podrido-de-dinero (y, por consiguiente, de poder) que ansía arreglar sus tratos y aumentar sus ganancias con presiones insistentes (y a veces poco éticas) al político.

Escena espejo - El caso Sloane - El Palomitrón

El caso Sloane nos acerca parte de esta mecánica política de los Estados Unidos, resultando en un thriller político tenso, entretenido y maravillosamente escrito. Pero esto es solo la máscara para disfrazar el auténtico fin de su guionista, un estudio del personaje principal de la película, Elizabeth Sloane. Así, El caso Sloane (en su título original, más explícito sobre su dirección temática, Miss Sloane) reposa todo su peso en los hombros de Jessica Chastain, vilipendiada en temporada de premios pese a una actuación que a buen seguro se convertirá en una de las firmas de su carrera. La actriz compone un personaje digno heredero de Hedda Gabler: casi terrorífico, sin filtros, indomable, desprovisto a sabiendas de una explicación del porqué de sus actos que la sitúa en el preciado terreno de la ambigüedad moral, ese al que todo antihéroe que se precie pertenece, y aun así con fisuras emocionales que se manifiestan como gotas en el océano de la narrativa. Y además la actuación de Chastain también incrementa el nivel de las de sus compañeros, un gran elenco de secundarios de entre los que destacan el eterno Michael Stuhlbarg (La llegada, Un tipo serio), un decente Mark Strong (Kingsman: Servicio secreto), los ya habituados al diálogo al estilo Sorkin Sam Waterston y Alison Pill (The Newsroom) y una excelente Gugu Mbatha-Raw (Los hombres libres de Jones).

El caso Sloane en El Palomitrón

La mención a Sorkin en el primer párrafo tampoco es casual. La película (por desgracia, no basada en hechos reales) se plantea como una partida de ajedrez entre Moby Dick y el capitán Ahab, entre las dos partes opuestas en el eterno debate estadounidense sobre la Segunda Enmienda de su Constitución, y se mueve hacia adelante con esa energía tan típica del guionista de La red social, esos personajes hartos de vivir en la esfera en la que viven, pero que también se aprovechan de ella con la lucidez agria de aquel que ha decidido que en la vida solo se ha venido a sufrir. No es un trabajo perfecto, a Jonathan Perera le falta algo de la perspicacia y la masacre total de la ética con la que Sorkin baña a sus personajes, pero el joven de 30 y pocos años tiene aún mucho camino por delante, tras una promesa como el libreto de El caso Sloane, que John Madden (Shakespeare in love) ha convertido en una notable película, entretenida y con cierto valor crítico hacia el sistema de lobbies estadounidense. Un pequeño diamante que pasó bajo el radar de la temporada de premios y que seguro gustará a todos los amantes de esos thrillers a medio camino entre la política y el espionaje.

LO MEJOR:

  • Las actuaciones, en especial la de Jessica Chastain.
  • El guion de Jonathan Perera, con reminiscencias de Aaron Sorkin.
  • La banda sonora de Max Richter.

LO PEOR:

  • A veces puede resultar un poco difícil de seguir si no se está más o menos familiarizado con el sistema político estadounidense.

Pol Llongueras

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