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SIMIOS40

 

Lo tenía todo para ser uno de los blockbusters más redondos del año, y por eso duele y escuece un poquito más de la cuenta. Y es que EL AMANECER DEL PLANETA DE LOS SIMIOS, pese a  mejorar en todos los apartados técnicos a su predecesora, no ha sido capaz de sorprender como sí lo hizo en 2011 el filme firmado por RUPERT WYATT, una de los mejores “reboots” del cine moderno, y por extensión  también de la historia del cine.

EL AMANECER DEL PLANETA DE LOS SIMIOS, que prometía erigirse como uno de los blockbusters más interesantes del año, y así lo hará si solo prestamos atención a los resultados de taquilla, funciona como una secuela correcta, demasiado correcta. Hollywood y las Majors (en este caso Fox) vuelven a demostrar que en estos tiempos que corren la osadía es cosa del cine independiente o amateur y que cualquier conato de originalidad en las superproducciones es producto de un rarísimo algoritmo de coincidencias y situaciones que por algún motivo dan luz a un producto que de vez en cuando abandona la cadena de montaje, algo que sucedió con EL ORIGEN DEL PLANETA DE LOS SIMIOS. Parece que el inesperado éxito (casi 500 millones en taquilla) y la excelente recepción que tuvo el filme de WYATT por parte de público y crítica dieron luz verde a las dos secuelas programadas (se espera que la tercera parte llegue en 2016), pero esto también supuso una mayor involucración, control o presión (el término que más os guste) por parte del estudio en la gestación de sus dos secuelas. Así, RUPPERT WYATT, que en un principio iba a dirigir la pelicula que nos atañe, acabó abandonando el barco por diferencias con Fox. Básicamente tenía otra visión de la historia y no estaba dispuesto a rodar la versión que el estudio necesitaba para poder cumplir con el objetivo inicial de estrenarla en Mayo de 2014. Lamentablemente la marcha de WYATT parece que se ha notado.

 

EL PLANETA DE LOS SIMIOS. Crítica. Cine y estrenos en El Palomitrón

 

Todo en esta secuela abusa de un conservadurismo extremo. La historia no arriesga y es tan descriptiva como lineal. No es este el momento ni el lugar para destripar el argumento pero sí cabe destacar que el guion en ningún momento abandona los patrones más clásicos, y hablamos de clásicos porque la historia que nos cuenta la película, con otros protagonistas y otras localizaciones,  la hemos visto y vivido hasta la saciedad. Cualquier espectador medio es capaz de presumir con exactitud lo que está a punto de acontecer en el siguiente plano. Pese a que RICK JAFFA y AMANDA SILVER vuelven a firmar el libreto, no hay ni rastro de la brillantez que desprendía EL ORIGEN DEL PLANETA DE LOS SIMIOS. Si en los primeros compases de la cinta, con una presentación de la sociedad simiesca realmente interesante (desde sus cacerías hasta la comunicación, la enseñanza y la educación, así como las relaciónes paterno-filiales como motores de una sociedad en pleno proceso evolutivo), REEVES parece que va a seguir la estela de su antecesor, con la entrada del hombre en el plano todo esto desaparece para dar paso a una trama concebida con piloto automático. A partir de aquí el destello más destacable es esa comparación continuada entre ambas comunidades, que alcanza su punto álgido cuando los simios aprenden el arte de la manipulación y la política, aspecto que termina de igualar su sociedad con la nuestra de manera definitiva. El resto del conjunto adolece de bajones de ritmo y algún que otro guiño cinéfilo que lejos de aportar eleva aún más sus fuentes (ojo al momento BLADE RUNNER). Si despojamos a la narración de las acertadas (y muy limitadas) florituras que puede insertar MATT REEVES en la cinta, que opta tímidamente por asomarse al viaje vital que experimente el hijo de César, muy paralelo y similar a la adolescencia humana, nos queda una historia simplona, una excusa argumental para poder deleitarnos con los verdaderos protagonistas de la película: los logradísimos, y aquí sí hay matrícula de honor, efectos especiales.

 

EL PLANETA DE LOS SIMIOS. Crítica. Cine y estrenos en El Palomitrón

 

Porque el verdadero tour de force de esta secuela son los impresionante efectos especiales que sí son capaces de secuestrar toda nuestra atención. Los simios son tan reales que a los pocos minutos dejamos de pensar en ellos como recreacciones digitales. Asombrosos los territorios hasta los que está llegando la animación digital. La extremada humanización de estas creacciones, tanto en movimiento como en el abanico de gestos (esos ojos…) terminan por eclipsar y desplazar el muy correcto trabajo de JASON CLARKE, KERY RUSSELL o GARY OLDMAN (cómo nos recuerda al teniente Gordon con ese megáfono…) a un segundo plano. No tienen rival. Los verdaderos protagonistas de EL AMANECER DEL PLANETA DE LOS  SIMIOS son ellos.

Una cinta que está recibiendo unas críticas realmente buenas, por lo que os recomendamos su obligado visionado en una sala de cine (las localizaciones y sus efectos especiales así lo requieren) para que podáis emitir vuestro propio juicio y poder así aportar vuestras opiniones, porque esta vez toca debate del bueno.

 

 

LO MEJOR:

  • Los efectos especiales. Tremendos. Sólo admirar en pantalla grande las cuotas de realismo que consiguen los simios compensa de sobra el dinero invertido en la entrada.
  • El liderazo de César. Incontestable.
  • El atentado (golpe de estado) que confirma la evolución de los simios hacía terrenos exclusivamente humanos (ambición, traición, codicia, sed de poder, odio)
  • Pese a que GARY OLDMAN no convence en un principio como a mejor opción, goza de un par de secuencias que confirman su solvencia, le pongan donde le pongan.

LO PEOR:

  • La simpleza de la historia. Menos mal que tenemos a los simios para estar entretenidos en la sala en los momentos más bajos de la cinta.
  • Esa sensación que nos invade cuando vemos venir las cosas con mucha claridad y parece mentira que nadie se de cuenta (hablamos de los personajes y sus reacciones frente a los compañeros que representan un obtáculo frente a sus objetivos).
  • Todo lo que nos sorprendió en la primera entrega ha desaparecido.

 

 

 

Alfonso Caro

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