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Casi 2,2 millones de espectadores han acudido a los cines en la VII edición de la Fiesta Del Cine. Un nuevo récord para un cita que cada seis meses convoca a los espectadores para arrastrarlos al cine con el gancho que mejor funciona en este y en todos los países: el descuento en las entradas. Y es que si tenemos en cuenta que el precio medio de una entrada oscila entre ls 9-11€, atracarnos de cine por sólo 2,90€ es un canto de sirena al que muy poquitos pueden resistirse. Ahora bien, más allá de unas cifras que confirman el éxito de la propuesta (un 15% más de asistencia que la última edición y un 28% más que la V edición, celebrada hace un año por estas fechas) y de una ejemplar organización que ha evitado que las aglomeraciones de pasadas ediciones se repita gracias a una buena planificación y un uso inteligente de las nuevas teconologías y el potencial de los dispositivos móviles, sería bueno que todas las partes implicadas se hiciesen de nuevo esas preguntas que parece que cuestan demasiado, de cara a frenar esta ilusión que cada seis meses empuja en romería a los espectadores, llena de felicitaciones y celebraciones los time lines de las principales redes sociales y genera noticias cargadas de datos estadísticos (cada vez mejores) que pueden confundir a más de uno.

Y es que parece que estas convocatorias son pan para hoy y hambre para mañana, si tenemos en cuenta que nada ha mejorado en los últimos años y que los cines siguen perdiendo público de manera alarmante. Lógicamente, siempre es buena noticia que el público masifique las salas, pero queda claro que el principal reclamo de esta asistencia en masa a las salas no es la calidad de las películas, ni la recuperación de ese ritual de ir al cine, hoy ya parte de un pasado nostálgico para cinéfilos e industria. Con cada edición de la Fiesta del Cine lo que queda claro es que el precio hiper reducido al que se sitúan las entradas funciona como el principal aliciente de estas jornadas. ¿Sirve de algo? Pues la verdad es que parece que el éxito registrado en anteriores ediciones no ha servido de mucho, ya que el espectador sigue sin comulgar con los precios de las entradas en días normales y es casi seguro que así seguirá. Vaya por delante que se aplaude la iniciativa y que el regreso del público a las salas cope las parrillas informativas es una noticia excelente, pero es inevitable sentir cierto desazón cuando se observa que ninguna de las partes toma nota de este toque de atención por parte de los ciudadanos.

 

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Fuente: lavanguardia.com

 

Sería interesante analizar las motivaciones que mueven a tanto cinéfilo puntual a visitar las salas cada seis meses. Y nos da la sensación de que aquí lo que importa, en muchos casos, es el precio de la entrada. Así nos asalta la eterna duda de si estas mismas personas que han abarrotado los cines estos días también harían lo propio si una banda musical de moda rebajase un 70% las entradas para sus conciertos, o una firma de moda anunciase grandes rebajas Esto no significaría que esas mismas personas siguieran pagando sus entradas en futuros conciertos a los precios habituales, o que se convertirían en clientes fidelizados de la firma de moda. Es muy probable que para futuros conciertos o eventos musicales, y futuras compras, estos mismos individuos se lo pensarían dos veces (o ninguna) a la hora de pasar por taquillao por caja. Todo esto son conjeturas, lógicamente, porque echamos en falta un estudio sobre el terreno que sirva para detectar los patrones de conducta del público en la Fiesta del Cine. Mientras no haya herramientas para medir estos valores, difícilmente vamos a saber qué es lo que el público realmente quiere, aunque a estas alturas haya quedado claro que el precio de las entradas es lo primero que hay que revisar, nos guste o no.

Gobierno, órganos competentes, asociaciones y demás partes implicadas deberían, con los datos enla mano, sentarse y hablar. Porque ya ha habido bastante baile de taburetes y ya son muchos los disgustos que esta situación ha generado, a empresarios y trabajadores del sector. El IVA, los porcentajes, la piratería…ya sabemos que todo es mejorable, pero entonces…¿Por qué no actuar? ¿Por qué no agarrar el toro por los cuernos y empezar a trabajar para salvar un sector especialmente castigado estos últimos años por las políticas de unos y otros? 

 

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Fuente: cultura.elpais.com

 

Otra lectura importante de esta acción es su gran utilidad para levantar las taquillas de títulos que o bien no han funcionado como se esperaba o bien pueden levantar algún tipo de recelo en sus previsiones de ingreso, sea por el motivo que sea. LA ISLA MÍNIMA, que el fin de semana anterior era la décima película más vista, ha sido la sexta película más vista durante la Fiesta del Cine, y a RELATOS SALVAJES tampoco le ha sentado nada mal estos tres días de precios reducidos, que además han servido para que el “boca a boca” la empuje a una recaudación total, por ahora, de  500.000€, a la par que REC 4, que prometía mucho más. Quizá tener en cuenta la enorme afluencia de público durante estas convocatorias podría salvar los números de muchas producciones y quizá no sería ninguna tontería para productoras y distribuiodras contemplar estas fechas en sus estrenos, si no lo están haciendo ya.

Así que una vez más, éxito rotundo para la Fiesta del Cine y de nuevo el debate del precio de las entradas encima de la mesa. Pero no nos engañemos porque si no se toman medidas este debate será tan cíclico como la propia Fiesta del Cine. Algo que nos da mucho miedo porque da la sensación de que esto no es más que un espejismo en un desierto de dramas que azotan y asolan desde hace ya demasiado tiempo la industria del cine en nuestro país.

 

 

Alfonso Caro

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Alfonso Caro Sánchez (Mánager) Enamorado del cine y de la comunicación. Devorador de cine y firme defensor de este como vehículo de transmisión cultural, paraíso para la introspección e instrumento inmejorable para evadirse de la realidad. Poniendo un poco de orden en este tinglado.

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