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Pocos minutos después de empezar su visionado, queda patente que Dos buenos tipos es una película de Shane Black: en la dupla formada por Russell Crowe y Ryan Gosling se encuentra el mismo espíritu que convirtió en culto ese hito audiovisual de los ochenta protagonizado por Mel Gibson y Danny Glover. Black revisita con tino los lugares comunes que le hicieron convertirse en uno de los guionistas mejor pagados del momento en la década de los noventa: el derroche de comedia negra, esa relación de química creciente entre dos personajes opuestos pero condenados a entenderse, los diálogos rápidos y la charla trivial, la voz en off de carácter posmoderno, los tiroteos obligados, las explosiones eventuales. Hay un dicho popular que reza que “un director hace la misma película durante toda su carrera”, y por sensacionalista y tendencioso que pueda sonar, hay ocasiones en las que esto se cumple, y el cine de Shane Black es una muestra de ello: al final, sus películas tratan de la búsqueda de redención de sus protagonistas, antihéroes simpáticos, hombres modernos con desprecio por las reglas.

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Así pues, con el vibe de sus éxitos más sonados, Dos buenos tipos se nos presenta como una veneración de la atmósfera de glamour cutre y el resplandeciente rubor nocturno del Los Ángeles pos-Nixon con la a veces inspirada fotografía de Philippe Rousselot, con una evocadora selección musical y un cierto compromiso con el contexto social y económico del momento, aunque solo de modo superficial: el nuevo filme del director de Iron Man 3 es un divertido ejercicio neonoir envuelto de un halo de maravillosa ligereza. El gag físico adquiere una presencia superior al diálogo vertiginoso, con Gosling floreciendo como un auténtico maestro del mismo (resulta hilarante verle conversar con Crowe mientras yace en la taza del váter intentando mantener la puerta abierta, apuntar con el arma y aguantar una revista sobre sus genitales), y su narrativa consigue una satisfactoria cantidad de risas con una trama detectivesca que consigue relacionar la industria del porno angelino de finales de los setenta con un complot de las grandes empresas de automóviles para prescindir del catalizador en sus coches.

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La guinda del pastel encima de esta buddy movie la pone la joven Angourie Rice, hija de Gosling en la ficción, que acaba funcionando como tercera contraparte del dúo protagonista en una dinámica de grupo que termina por ser totalmente deudora de la serie de animación de los ochenta Inspector Gadget. En ella reside el corazón emocional de la película, gracias a ella la trama se mueve, y gracias a ella el clímax de la película resulta mínimamente tenso. Su actuación destaca de entre los personajes secundarios bastante por encima de una testimonial Kim Basinger y un correcto Matt Bomer.

Dos buenos tipos es exactamente la película que uno espera: cínica y con un punto cutre, pero con unos personajes bien definidos y unos diálogos a la altura del cine de su director, que parece tener bajo absoluto control los vicios y las temáticas repetidas en todas sus obras. Los gags funcionan a la perfección, la acción es entretenida y hasta cierto punto incluso tensa, y sus digresiones hacia el gran espectáculo de los setenta una fuente de inagotable nostalgia y comicidad. Con el verano de estrenos que ahora empieza, este podría ser uno de los más memorables: ¡que no les pase por alto!

 

LO MEJOR:

  • La inesperada facilidad de Ryan Gosling para la comedia física.
  • La joven Angourie Rice.
  • Ver a Shane Black volver a la senda de las buddy movies.

 

LO PEOR:

  • Lo desperdiciados que están los personajes de Kim Basinger y Matt Bomer.

 

Pol Llongueras

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