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Probablemente no hay un día que suscite más odios que los lunes. La vuelta a la rutina y al trabajo, y la nostalgia del fin de semana, que parece más lejano que nunca, hacen que solo queramos cerrar los ojos y adelantar el reloj.

En esta edición del SEFF, sin embargo, los organizadores se han propuesto evitarlo. Y es que las apuestas más esperadas del año se han estrenado en lunes, con una acogida de público brutal, que había acabado con las entradas el día anterior de Solo el fin del mundo de Xavier Dolan, incluso en su sesión de las 17:30, y de La muerte de Luis XIV, de Albert Serra.

También era el día en el que la prensa podía ver por primera vez Staying Vertical, la última película de Alain Guiraudie, ganador en 2014 del máximo galardón del Festival, el Giraldillo de Oro, por El desconocido del lago.

Solo el fin del mundo

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(Por Fon López)

Xavier Dolan parece haber encontrado en los conflictos familiares (y en las relaciones materno-filiales en especial) una fuente inagotable de inspiración para sus películas. Si en Yo maté a mi madre y Mommy asistimos en vivo a las dificultades de convivencia y relación de amor/odio entre madre e hijo, en Solo el fin del mundo la historia nos sitúa 12 años después, cuando Louis (Gaspard Ulliel) regresa a su pueblo natal tras haberse ido de casa por motivos desconocidos.

Louis es un escritor de éxito que se está muriendo. Por eso decide regresar tanto tiempo después a ver a su familia, que ya no vive en la misma casa que antes y en la que las vidas de sus miembros quedaron marcadas para siempre por la ausencia del protagonista. Su hermana menor (Léa Seydoux, La vida de Adèle) era una niña cuando se marchó, y su hermano mayor (Vincent Cassel), ya casado y con hijos, ha adoptado una actitud pasivo-agresiva ante la vida que se acentúa con la visita de Louis.

La película ahonda en los distintos subconflictos que se han generado en la familia a lo largo de los años, inevitables tanto por la normal convivencia como por la ausencia de dos de los miembros (Louis y su padre), que se presentan todos de golpe ante el hijo pródigo en un solo día.

Ni la actitud positiva de su madre (Nathalie Baye) ni la de su cuñada (una fantástica Marion Cotillard) son suficientes para evitar las trifulcas domésticas, narradas con el particular estilo de Dolan, quien, a sus solo 27 años, puede presumir de tener un marcado carácter cinematográfico y una obra maestra (o dos) a sus espaldas.

Como es habitual en su cine, no faltan los videoclips, la música pop, las estridencias (de nuevo y sobre todo en el papel de la madre) y la catarsis. El director parece contar sistemáticamente su vida película a película, pero, de momento, su exceso de ego nos sigue reportando cosas muy positivas.

Staying Vertical

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(Por Pablo Herrera)

Staying Vertical, la última película de Alain Guiraudie, es el filme menos convencional que podemos ver este año en la Sección Oficial de Sevilla. A veces excesiva, incómoda y hasta bizarra, ha causado todo tipo de reacciones, desde el asco y el estupor hasta la más grata admiración por presentar algo valiente y diferente. Una propuesta más propia de Resistencias o Las Nuevas Olas que de la competición oficial.

Con la tranquilidad de presentarse en un lugar que premió en 2014 la capacidad de incomodar y romper tabúes de Guiraudie por delante de otras obras maestras de nuestro cine reciente como La gran belleza, Mantenerse firme, su traducción literal, no tiene miedo a nada y, además, se regodea en la incomodidad del espectador.

La película, en apenas hora y media de duración, acompaña a un magnífico Damien Bonnard en lo que parece ser un viaje de autodescubrimiento; un viaje que se va transformando por los azares del camino hasta terminar siendo algo totalmente diferente.

Es, probablemente, un reflejo puro de la propia vida, grabada con un hiperrealismo que no consigue más que hacer más bizarras ciertas escenas sexuales o un parto en el que toda la mierda y la sangre se muestran junto al milagro de la vida como pocos cineastas se han atrevido a reflejar hasta el momento. En la sala, el asombro y la estupefacción acompañaban a las escenas que se sucedían cuando menos se esperaban.

Una película que es difícil de explicar sin caer en los spoilers, llena de giros de guion, sorpresas y un titular de periódico que nos hará darnos cuenta de lo que verdaderamente estamos viendo. Algo que no tendría cabida jamás en un multisalas de un centro comercial si no fuera por ocasiones como esta.

Staying Vertical es también una oda a la verdadera masculinidad. Una masculinidad frágil, diversa, sorprendente, lejos de la visión tradicional que tenemos del género. Una apuesta antipatriarcal que, sin embargo, no pasa el test de Betchel, con solo dos personajes femeninos, algo habitual en la filmografía del director, como ya pudimos ver en El desconocido del lago.

Con una fluidez sexual que no se corresponde con el lenguaje de sus protagonistas, la película utiliza la subversión para mostrar las diferencias entre lo que los hombres son o pueden llegar a ser y lo que tienen que aparentar, entre sus necesidades reales y su búsqueda del sentido de la vida en la conformación de sus complejas identidades.

Ante las adversidades de la vida, ante la necesidad de mostrar una identidad que no tiene por qué ser la nuestra, el director nos muestra lo que parece la única opción en un final poético y redondo: seguir hacia delante, mantenerse firme, permanecer erguidos.

It’s Not the Time of My Life

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(Por Fon López)

It’s Not the Time of My Life es la crisis de los 40 hecha película. Con un título revelador, el director, guionista y protagonista Szabolcs Hajdu parece, al igual que Xavier Dolan, habernos presentado una historia sobre su propia existencia. La diferencia entre el director canadiense y el húngaro es que la película del segundo, pese a ser más realista y verosímil, cinematográficamente resulta menos interesante que la del primero.

Y es que It’s Not the Time of My Life quiere contar muchas cosas, todas las importantes en la vida de los protagonistas, y le pasa factura no centrarse en ninguna de ellas. Un matrimonio con un hijo de cinco años un poco endemoniado recibe la visita inesperada de la hermana de ella junto a su marido e hija, quienes regresan tras intentar en vano ganarse la vida en Escocia durante un año.

La película a veces se centra en los problemas de comportamiento de Bruno, el hijo pequeño del matrimonio anfitrión, delante del cual sus padres discuten siempre sobre cómo educarlo. Con una madre más pendiente de supernannys y otros gurús de la crianza más que de su propio instinto y un padre celoso de la excesiva atención de la mujer hacia su hijo, todo el que pasa por esa casa parece tener una idea distinta de cómo hacer que el niño mejore su conducta.

Las diferencias de mentalidad y actitud ante la vida de ambos matrimonios también son fuente de conflictos. Sin embargo, lo que en cualquier película mediterránea habría desembocado en gritos, aspavientos y violencia verbal e incluso física, aquí se resuelve civilizada y diplomáticamente.

Al finalizar la película se entiende que Hadju quiere reflejar lo difícil que resulta sentir que estás en tu mejor momento en esa época de la vida en la que ni económica, ni familiar ni incluso sexualmente las cosas marchan como antes. Todo en este film respira realismo, pero la realidad es a veces un tanto aburrida. It’s Not the Time of My Life no llega a tanto, pero el hastío que siente su creador traspasa por momentos la pantalla.

I, Olga Hepnarova

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(Por Pablo Herrera)

Petr Kazda y Tomas Weinreb nos trasladan a la Praga de 1973 en esta interesante película basada en hechos reales en la que seguimos el proceso que convertirá a Olga Hepnarová (Michalina Olszanska) en una asesina en serie.

Olga es, además, la última mujer en ser condenada a muerte en la antigua Checoslovaquia, y una de las últimas en sufrir un ahorcamiento de caída corta, lo que no se muestra en la película.

Sí vemos, con detalle, el proceso que le llevó a pasar de víctima a verdugo. La propia Olga mandó una carta a varios periódicos explicando por qué había cometido la masacre. Hepnarová culpaba a su familia y a la sociedad de los abusos que había sufrido a lo largo de su vida, mientras trataba de vivir la misma.

Lesbiana y con una conducta fuertemente antisocial, se convirtió en la víctima perfecta en trabajos, hospitales psiquiátricos y en su día a día, mientras su hastío y ganas de venganza crecían.

Como contaba en su última carta, no solo se trataba de venganza: también era una llamada de atención a aquellos que sufrían bullying y dudaban, como ella, entre suicidarse o buscar la revancha. Olga pensaba que tenía derecho a tomarse la justicia por su mano y la película nos muestra, poco a poco y sin estridencias, el proceso que le llevó a ello.

Encuadrada dentro de Las Nuevas Olas, esta propuesta sorprende por la elección del blanco y negro y la universalidad de su mensaje. Cada día, cualquiera de nosotros podemos estamos creando víctimas que, más tarde, pueden ser nuestros verdugos.

La cuarta jornada del SEFF, que de antemano parecía un paseo para algunas de las cintas favoritas, ha terminado siendo un reflejo de las diferentes formas de entender el cine. La disparidad de las críticas entre profesionales y público, especialmente en el caso de Dolan y Guiraudie, las puede alejar del palmarés o acercarlas peligrosamente, porque las películas que se aman o se odian son también aquellas que permanecen más en el recuerdo.

Pablo Herrera y Fon López

 

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