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A día de hoy e inevitablemente, la temática social aparece en cada resquicio de un muy elevado número de películas españolas. La necesidad de acercar todavía más una realidad evidente que a todos afecta se basa en la identificación del público con los personajes, ansiado objetivo entre todos aquellos que hacen cine. Ejemplos cinematográficos dentro de nuestras fronteras que concuerdan a la perfección con esta descripción bien podrían ser LOS LUNES AL SOL (2002, FERNANDO LEÓN DE ARANOA), en la que el fantasma del paro castiga fuertemente al grupo protagonista, CINCO METROS CUADRADOS (2011, MAX LEMCKE), donde la especulación inmobiliaria y la crisis de la vivienda son las protagonistas o BARRIO (1998, FERNANDO LEÓN DE ARANOA), película que retrata a personajes que poco pueden hacer para salir de los límites del barrio en el que viven.

Podemos entender que DIOSES Y PERROS, la nueva película dirigida por DAVID MARQUÉS (EN FUERA DE JUEGO, DESHECHOS), quiere llevar al espectador a un terreno ya conocido, en el que la mayoría de nosotros nos movemos y en el que nos sentimos tan cómodos como las circunstancias nos lo permiten. En este caso, el escenario se centra en el barrio madrileño de Vallecas, pero bien podría haberse situado en cualquiera de los barrios comunes de cualquier ciudad del país para contar una historia de personajes con una vida en la que la mala suerte parece jugar un papel importante. Y funciona por varias razones. Si centramos nuestra atención únicamente en la manera de contar los problemas económicos y familiares de un personaje protagonista, la película apenas satisfaría las necesidades del espectador. Sin embargo, va más allá. No sólo es la historia de alguien tan común como cualquiera de nosotros.

 

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Quizá uno de los factores que hacen de DIOSES Y PERROS una película que merezca la pena son sus actores protagonistas. HUGO SILVA (LAS BRUJAS DE ZUGARRAMURDI), con una carrera en el cine que muestra cómo la evolución inteligente en la interpretación existe, encarna al personaje principal de la trama, quien carga con el peso de la realidad que se le ha concedido sin haberla buscado. A diferencia de algunos trabajos anteriores, HUGO SILVA parece diseñado para retratar a este personaje, quizá el más corriente de todos los que ha interpretado. Le acompaña en el metraje MEGAN MONTANER, quien es más conocida por sus papeles en series de televisión como SIN IDENTIDAD que por sus pocas apariciones en la gran pantalla. Sin embargo, su papel en DIOSES Y PERROS bien merece una reflexión aparte. Su estupenda interpretación de Adela, mujer cuyo defecto más grande y más irritante es la necesidad de hablar por los codos hilando temas sin sentido ninguno. Y tan creíble la hace MEGAN MONTANER que como espectador uno puede terminar verdaderamente crispado con tanta verborrea.

Si hablamos de cuestiones narrativas, DIOSES Y PERROS no destaca por un ritmo lento y apaciguado capaz de despistar hasta al espectador más atento. Quizá su corta duración hace del final una conclusión demasiado abrupta y rápida que deja con mal sabor de boca al público. Sin embargo, esta velocidad narrativa al final se ve compensada con el buen desarrollo rítmico de toda la trama, lo que hace de la película un conjunto que funciona.

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Sin tener las pretensiones de una gran película española con un gran presupuesto, DIOSES Y PERROS vence las trabas económicas para mostrar en pantalla y con gran acierto las grandes injusticias sociales de aquellos que deben luchar cada día para conservar todo lo que tienen. Quizá no sea una propuesta del todo original, apenas ofrece una innovación nunca vista, pero compensa estas pequeñas carencias con una historia humana, cercana y bien conocida por todos aquellos que día a día construyen su propio futuro.

 

 

LO MEJOR:

  • Las interpretaciones de HUGO SILVA y MEGAN MONTANER destacan sobre el resto.
  • El retrato social actual.

LO PEOR:

  • Si la película se hubiese alargado unos minutos más el final no habría resultado tan veloz y tan inesperado.

 

 

Sheyla López

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