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Hermione Pelis Opositores El Palomitrón

Tomar la decisión de presentarse a unas oposiciones no es una tarea fácil, es algo así como tener que llevar el anillo único hasta Mordor. Si decides estudiar ocho horas al día durante meses y meses sabiendo (lo más probable) que no vas a aprobar a la primera, es porque el final del camino tiene el premio de un puesto fijo y un sueldo que ni los del café soluble para toda la vida.

Os admiramos por la determinación, la paciencia y el valor de estudiar ese temario interminable, y por eso queremos animaros con una lista de diez películas que os harán este tramo final de estudio un poco más ameno. Desde jefes insoportables a soluciones para ganar dinero un tanto desesperadas, las opciones son múltiples, ya que la pérdida de trabajo o la búsqueda de este siempre han sido un tema recurrente en el cine.

Aquí os dejamos con nuestra selección de diez películas (y consejos)  para opositores que os animarán a no desfallecer en el estudio.

Requisitos para ser una persona normal (Leticia Dolera, 2015)

La ópera prima de Leticia Dolera (Verónica) planteaba algunas reflexiones que la generación de la crisis tantas veces se ha hecho. María (Leticia Dolera) es una joven treintañera que ha de enfrentarse a preguntas muy incómodas en las frecuentes y tediosas entrevistas laborales a las que se presenta. Al final, la vida se le hace una bola porque parece que la normalidad y el éxito reside en tener un trabajo estable, casarse y tener hijos; todo un cliché de felicidad que al final todos sabemos que no es verdad, aunque lo del trabajo fijo siempre es una preocupación que agradeceríamos quitarnos de encima.

Por eso, si lo que queréis es estabilidad y no veros abrumados por demasiadas preguntas existencialistas, os animamos a seguir con el estudio de esa oposición.

El diablo viste de Prada (David Frankel, 2006)

Andy (Anne Hathaway) empieza a trabajar en una revista de moda, Runway (cualquier parecido con Vogue y con Anna Wintour es una mera coincidencia, o eso dicen), un ámbito del que no tiene ni idea, pero supone para ella una gran oportunidad en su carrera periodística, que acaba de comenzar. El gran pero no reside en sus nulos conocimientos de moda o estética, sino en una jefa despiadada, inhumana y con un carácter inaguantable que hará de ella la santa de la paciencia. Porque, queridos opositores, nadie mejor que vosotros sabe de prácticas no remuneradas, jefes explotadores y de cumplir funciones que no se contemplan en el contrato/convenio.

Para evitar caer en las garras de una Miranda Priestly (Meryl Streep), mejor ser funcionario del Estado, que, aunque a veces es fiero, al menos no pide que le llevéis el cappuccino a la mesa.

Cómo acabar con tu jefe (Seth Gordon, 2011)

Para jefes desagradables, molestos e inaguantables los de esta película, entre ellos Kevin Spacey, del cual hoy quiere deshacerse (de manera metafórica) todo el mundo. Nick, Kurt y Dale (Jason Bateman, Jason Sudeikis y Charlie Day, respectivamente) quieren acabar con sus respectivos jefes porque su vida sin ellos será un lugar más agradable, o al menos eso creen. Pero la tarea de deshacerse de ellos no acaba por ser algo tan simple como parecía al plantearlo verbalmente; todo acaba por convertirse en un tour de force lleno de catastróficas desdichas.

Verlo en la pantalla es gracioso, pero recordad que si os pillan tendréis antecedentes y ya no podréis presentaros a un cargo público, así que seguid estudiando y dejad lo de liquidar a los jefes para Hollywood.

Dos días, una noche (Jean-Pierre y Luc Dardenne, 2014)

La pérdida de trabajo es algo dramático, y prueba de ello es el personaje que Marion Cotillard (Cosas de la edad) defiende en esta película. Sandra (Cotillard) perderá su trabajo si sus compañeros no renuncian a la paga extra, por lo que decide visitarlos de uno en uno y rogarles que no la dejen en el paro. ¿Puede uno apelar a la solidaridad en un mundo donde el dinero es tan importante? En esta pregunta radica la labor de Sandra y su necesidad de no perder su trabajo. Porque, nos guste o no, el trabajo es una de las bases del mundo en el que vivimos y, sin él, no solo nos enfrentamos a las consecuencias económicas evidentes, sino también a la exclusión de la sociedad capitalista que hemos creado.

Cuando aprobéis la oposición no tendréis que pensar más en las colas del INEM.

Los lunes al sol (Fernando León de Aranoa, 2002)

Cinco Goyas y la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián son algunos de los premios que la película de Fernando León de Aranoa (Loving Pablo) obtuvo por retratar de manera cruda y realista los sinsabores de unos parados inspirados en los que sufrieron la reconversión industrial en Vigo. Fue el primer Goya para Luis Tosar (La sombra de la ley), además de pieza magistral de interpretaciones dignas de ser premiadas.

Ahora que los ERE nos resultan desgraciadamente familiares, el trabajo de funcionario parece lo único estable en el futuro próximo, así que ¡a estudiar!

Hermosa juventud (Jaime Rosales, 2014)

Uno de los ejemplos más dramáticos que refleja la juventud española actual. Dos jóvenes (Ingrid García Jonsson y Carlos Rodríguez) desesperados ante la falta de recursos económicos encuentran en el porno amateur una salida económica rápida, aunque nada fácil. Esta película muestra una situación drástica y dramática que no reflejaba a todos los jóvenes del momento, pero que sí mostraba una de las alternativas desesperadas a los que algunos se vieron sometidos ante la falta de dinero.

La película de Jaime Rosales (La soledad) nos invita a la reflexión, y si eres un opositor con ganas de claudicar, quizás te ayude a seguir por el camino que en su día, cuando estudiaste, decidiste tomar.

AzulOscuroCasiNegro (Daniel Sánchez Arévalo, 2006)

Otra ópera prima, en este caso la de Daniel Sánchez Arévalo (La gran familia española), que nos descubrió su talento y nos presentó (al gran público) al ya indispensable Quim Gutiérrez (Abracadabra). Jorge (Gutiérrez) tiene un trabajo que no le gusta, pero que ha sido toda una oportunidad si pensamos en la situación tan delicada de salud por la que atraviesa su padre (Héctor Colomé). Ve a su alrededor cómo sus amigos construyen una vida mejor, mientras él continúa en el barrio de siempre, en el trabajo de siempre y con los anhelos de siempre cada vez más lejos de su alcance. Su amigo Sean (Raúl Arévalo) es lo único positivo de toda su historia, y hablamos de un chico que tiene un pez como mascota, algo que no suena a vida idílica, ¿no?

Aprobar la oposición implicaría una preocupación menos en una vida un tanto problemática ya de por sí.

Full Monty (Peter Cattaneo, 1997)

Todos tenemos en nuestra mente la escena del baile en la cola del INEM. Suena Hot Stuff, de Donna Summer, y los nuevos amigos de Gaz (Robert Carlyle) se mueven al ritmo de los pasos ensayados para su striptease. Si has estado en el INEM seguro que no ha sido ni la mitad de divertido que esta escena, pero nos deja entrever el tono al que se tienen que enfrentar Gaz, Dave, Gerald (Carlyle, Mark Addy y Tom Wilkinson) y el resto para sacar unas libras y ayudar a sus familias. Complejos, apuros económicos, mentiras, custodias y salidas del armario incluidas, Full Monty se atrevió a desnudar no solo los cuerpos de sus protagonistas, sino también las mentalidades de aquellos que miraban a los parados como insectos, cuando perder el trabajo era solo cosa de unos pocos.

¿Te ves encima de una escenario con tus amigos y sacándote la camisa delante de las amigas de tu abuela? Si la respuesta es no, vuelve a los apuntes.

El método (Marcelo Piñeyro, 2005)

Algunas entrevistas de trabajo son peores que un interrogatorio de la CIA, y si no que se lo digan a los protagonistas de El método, historia convertida en película después del éxito teatral de El método Grönholm, de Jordi Galceran. La competitividad es el motor que los mueve a despellejarse unos a otros, mientras se plantean hasta dónde son capaces de llegar por un puesto de trabajo. El límite del ser humano se mide mejor en una entrevista de trabajo que una situación de emergencia, o eso parece al ver a este grupo de personas encerradas en una misma sala.

La oposición es un examen duro y exigente, pero que te evita tener que presentarte a esta especie de “juegos del hambre”.

Señora Doubtfire, papá de por vida (Chris Columbus, 1994)

Es posible que si nos preguntan por el argumento de esta película todos explicaríamos de manera breve que se trata de “un padre que se disfraza de señora para cuidar de sus hijos”. No es que esto no sea verdad, pero todo este periplo con medias por el que pasa Robin Williams (Noche en el museo) se debe a su despido en la televisión. Esa inestabilidad laboral lo lleva a perder la custodia de sus hijos, por lo que decide solucionar ambos problemas con el mismo personaje: la señora Doubtfire. Seguro que nuestros queridos opositores están de acuerdo en que levantarse unas tres horas antes cada mañana para ponerse semejante atuendo es algo más latoso que las ocho horas diarias de estudio (bueno, quizás es más duro el estudio, pero menos engorroso sí es).

Sabemos que es complicado, tedioso y, a veces, hasta desesperante, pero aquí tenéis diez muestras de lo que supone la incesante búsqueda de trabajo. Crisis existenciales, falta de dinero, rupturas familiares e incluso la pérdida de los valores éticos están en juego si carecemos de trabajo, ese bien tan preciado sin el que no podemos vivir pero que no puede ni debe ser el centro de nuestras vidas. Complejo, ¿verdad? Pues desde aquí os animamos a que toméis con ganas este último tramo de estudio y, con un poquito de suerte, consigáis ahorraros todos estos nada agradables tragos. Y recordad: siempre podéis descansar un poco para ver alguna de estas películas.

Lorena Rodríguez

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