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ssCon el séptimo día, nos acercamos a los estertores finales del festival de San Sebastián, la Sección Oficial de este año (que ha encumbrado al cine patrio y vilipendiado un poco al internacional) avisa de su inminente desenlace con los últimos primeros pases. La campana suena y las luces de la sala se apagan para dar paso a la proyección de la película: lejos del silencio, los críticos tosen, carraspean y desean el fin de un festival alegre, mágico y divertido (pero profundamente agotador) que ha dejado a más de uno al borde del catarro.

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La primera sesión del día, en el precioso Teatro Victoria Eugenia, es La reconquista, constatación de que en España el apellido es más importante que el talento. Recogiendo la cita de una pareja de treintañeros que con quince años se prometió un amor eterno (de esos de película, de los que nunca duran más allá del recreo) a través de cartas que chocan drásticamente con el sistema educativo de nuestro país, pues parecen escritas por artistas hipsters antes que por hijos de la LOGSE, la nueva película de Jonás Trueba restringe las palabras en la primera parte de la película y las fuerza en la segunda, en un ejercicio cercano al onanismo y evidenciando su pedantería. Rueda un guion subdesarrollado, con secuencias mal dialogadas, y unos últimos cuarenta minutos que son el epítome de lo anticinematográfico (dos quinceañeros leyéndose cartas de amor). Viendo la primera parte de la película, parece que Trueba disfrutó de la trilogía Antes, de Linklater, y decidió que era fácil. Y no lo era. Para la segunda parte, con esos quinceañeros que huyen de las hormonas y parecen ganadores del Pulitzer, buscó imitar el modelo verborrágico y en contra de la regla platino del cine (“mostrar antes que explicar”) de Louis Malle, Wallace Shawn y André Gregory en Mi cena con André. Le salió mal. Porque estos dos no entablan conversación. Solo escriben y leen. Y eso, señoras y señores, no es bonito: es enervante.

ALMUERZO: “Ramuntxo Berri”, calle Peña y Goñi n.º 9. Ensalada de tomate y bonito, pechuga de pollo asado.

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Hirokazu Koreeda
repitió su presencia en el festival con su nueva película Después de la tormenta. Como siempre, sus reflexiones melancólicas sobre la condición social humana desvelan la belleza de las complejas insignificancias de la vida cotidiana con la sensibilidad propia de un hombre entristecido por el paso de los años, llegando a la terrible conclusión de que lo hecho, hecho está, y que más vale aceptar el pasado para poder vivir en comunión con tu presente. Quizás el realizador japonés empieza a pecar de cierta repetición temática en sus películas, y uno no puede dejar de pensar que la inmejorable situación dramática de poder encerrar a varios personajes en un mismo y reducido espacio llega algo tarde y, en cierta manera, se desaprovecha. Pero, aun así, la historia de este escritor divorciado, padre de un hijo, jugador y detective, florece de forma sutil y se desenvuelve en una serie de conversaciones cara a cara, bellamente interpretadas, con todos los miembros de su familia. Ante tal sensibilidad, uno solo puede levantarse y aplaudir.

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La jornada se cerró con American Pastoral, la adaptación de la novela de Philip Roth del mismo título, ganadora de un premio Pulitzer, ópera prima del escocés Ewan McGregor. Y el desastre es mayúsculo. Es evidente que McGregor intenta explicarnos una historia, pero no consigue meter a los espectadores dentro de ella por culpa de unos personajes que parecen de cartón, y un arco narrativo que elude la repercusión de los conflictos raciales de los Estados Unidos de los años sesenta. Parece que la historia le queda grande al director novel, que no consigue buenas actuaciones de ningún miembro del reparto ni un tono unificado. En algunos momentos la película se vuelve delirante; en otros, el drama se exagera, y en todo momento las decisiones tomadas por los personajes se sienten arbitrarias. Si esta era una crítica a la sociedad media-alta norteamericana, nosotros no la hemos entendido.

CENA: “Tagliatella”, calle Peña y Goñi nº 5. Pizza di foie.

Pol Llongueras

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