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Festival de San Sebastian El Palomitron

Ante el reto de cubrir por primera vez un festival de cine clase A como el de San Sebastián, uno siente alegría, pero también miedo. Miedo de encontrarse en un lugar desconocido, con su propia idiosincrasia, perdido en tierra lejana, y con la responsabilidad de transmitir casi a tiempo real las propias impresiones sobre una pequeña parte del cine proyectado. Pero, con el primer vistazo a la ciudad, el miedo se evaporó: a veces uno llega a un sitio que no conocía, pero se da cuenta de que siempre ha pertenecido a él. Con esta sensación de sentirse como en casa, acompañado de gente con las mismas inquietudes y situado en un emplazamiento precioso, Donostia te tiene, como dijo Renée Zellweger en Jerry Maguire, “desde el primer hola”. Se puede ver en San Sebastián la monumentalidad de las ciudades europeas, llena de vida, bares, y con una imponente y rica gastronomía propia. Pero, sobre todo, uno se encuentra con una ciudad volcada en el cine, deseosa de ver pasear por sus calles a la flor y nata del panorama cinematográfico (nacional e internacional por igual), esos seres hermosos que para muchos son solo ilusiones proyectadas en una tela blanca, pero que en San Sebastián se pueden ver, tocar y oler.

La doctora de Brest El Palomitron

La inauguración del festival, en el imponente Kursaal, fue La doctora de Brest, basada en la historia real de la doctora Irène Frachon, una neumóloga bretona que descubrió una conexión directa entre una serie de cardiomiopatías y el medicamento Mediator, aprobado por el gobierno francés. Esta lucha contra las farmacéuticas por la prohibición de dicho medicamento nos lleva por una cadena de eventos fácilmente previsible con un pequeño aire a telefilme, pero nos deja un buen sabor de boca gracias a las grandes actuaciones de Sidse Babett Knudsen y Benoît Magimel, y a las pocas pretensiones de su directora, Emmanuelle Bercot.

Asediados por la lluvia en nuestro trayecto desde el Kursaal al pequeño Cine Trueba, nos resguardamos en un pequeño bar buscando mantener la bella tradición del vermú. Engullendo un pintxo de pulpo marinado y apurando la cerveza, el dueño del local nos cuenta que lleva viviendo en San Sebastián “concretamente… más de 40 años”, y que la primera vez que vino “llovió durante un mes y medio”, y solo volvió a ver el sol cuando volvió a Navarra. Nos quedamos más tranquilos al comprobar que la ciudad no nos ha recibido hostilmente, sino que no hace distinciones y moja a todos por igual.

Orpheline Adèle Exarchopoulos El Palomitron

Levantando bostezos y silencios de estupefacción tras sus 111 minutos de duración estaba Orpheline, un filme del francés Arnaud des Pallières que sigue el devenir de cuatro momentos en la vida de cuatro personajes femeninos de diferentes edades entrelazados como uno solo. Sus historias, duras, crudas y crueles, son incapaces de capturar al espectador y nunca son verdaderamente emocionantes, pese a las delicadas interpretaciones del elenco femenino. Pertenece a un tipo de cine europeo que presenta una historia rematadamente simple con aires de grandeza, pero completamente vacía de significado.

ALMUERZO: “Ramuntxo Berri”, en la calle Peña y Goñi n.º 12. Una hamburguesa casera con patatas fritas y mostaza de miel. Natillas caseras de postre.

Los siete magníficos Chris Pratt Ethan Hawke Denzel Washington El Palomitron

Sobre nuestra tercera película del día, ya solo con un atisbo del tráiler se podía asegurar que sería un show de tiroteos e intercambio de frases punzantes, con Chris Pratt luciendo carisma como centro de un grupo de forajidos desalmados (o no tanto). En esta renovada versión de Los siete magníficos dirigida por Antoine Fuqua, uno no puede dejar de desear estar viendo la mítica versión de 1956, dirigida por John Sturges. Pese al sano y placentero entretenimiento que nos entrega este filme profundamente palomitero, no puede ser catalogable más que como un estreno absolutamente veraniego que llega ligeramente tarde. Entre la desaforada actuación de Vincent D’Onofrio y el piloto automático de Denzel Washington, solo queda recordar que el mejor remake de Los siete magníficos de Sturges sigue (y seguirá siendo, hasta nuevo aviso) Bichos.

Neruda Gael García Bernal El Palomitron

El Cine Principal de Donostia se abrió ayer por última vez para albergar una obra inusual. Neruda, la nueva película de Pablo Larraín, irrumpió como una marea imparable de buen cine y grandes ideas perfectamente ejecutadas. Sería un error catalogar está película como biopic (véase el relato cinematográfico sobre la vida de un personaje famoso). No: Neruda es, más allá de la aparición del escritor y senador de Chile que da nombre al filme, un relato mágico, casi onírico, de su propia visión de la vida con la escritura de su “Canto General” como hilo conductor. Larraín evoca el caos de la mente del artista desde la más absoluta calma formal, con una narrativa absolutamente envolvente, un uso de la luz natural envidiable, y unas actuaciones inconmensurables, con un Gael García Bernal imparable. Como el propio Neruda, Larraín se siente mucho más cómodo no encerrándose en juicios morales o sobrexplicaciones, sino abriendo interrogantes y dejando espacios en blanco para que el espectador trabaje y crezca junto a una película que concede poco al espectador, pero resulta inimaginablemente gratificante.

CENA: “Bardulia”, en la calle Fermín Calbetón n.º 5. Pintxos variados: jamón y queso de cabra, ensaladilla de cangrejo, tortilla de patatas con pimiento verde y pulpo marinado.

Pol Llongueras

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